Cuando era funcionario, Santi Eraso insistía en que su tiempo pertenecía los ciudadanos. Ahora que ha abandonado su puesto al frente de Arteleku sigue pensando en el bien común, y convencido de que el arte es la herramienta "perfecta" para cohesionar la sociedad
¿Qué factores desencadenaron su decisión de abandonar Arteleku?
Muchos. Primero, hay un ciclo largo de trabajo, la conveniencia de cambiar y también el modo en que se va a modificar el mapa cultural en la ciudad; no me apetece demasiado estar inscrito en esa modificación. El paso del tiempo, la edad... Un montón de razones, unas más importantes que otras, pero todas forman un conjunto. El nacimiento de mi hija ha sido el desencadenante.
¿Deja a Arteleku huérfano?
No, porque creo que ahora hay gente estupenda trabajando en Arteleku y las personas que vengan aportarán renovación desde la evolución: se incorporarán nuevos criterios, nuevas ideas, nuevos programas... Será positivo. Eso espero.
Pero Arteleku y Eraso han sido dos realidades indisolubles en las dos últimas décadas.
La verdad es que ha sido mi manera de entender el trabajo: muy pasional, donde el arte, la vida y la cultura se dan la mano. He intentado que eso haya sido siempre así y por eso se piensa que es un proyecto indisoluble o asociado absolutamente a Santi Eraso. Pero no. Arteleku son muchas cosas y muchas personas, que nos han permitido adaptarnos permanentemente a los tiempos. El primer valor de Arteleku son las personas que pasan por él: los artistas, los creadores, los profesionales de la cultura. Desde luego, no es Santi Eraso. En todo caso, es al revés. Lo que es Santi Eraso ahora, no tanto Arteleku, se lo debe a esa plataforma que ha sido Arteleku, un lugar de paso y de encuentro, de socialización, de sedimentación de saberes, experiencias, amistades, afectos. Si me voy orgulloso es porque creo que he hecho un buen trabajo que debo a toda la gente que he pasado por ahí. Formamos una comunidad que no se puede asir, es como la espuma, que está ahí pero si intentas cogerla, se rompe. Nadie puede apropiarse de esa experiencia, de esa memoria. Nadie puede decir que es suya, sino que es una parte.
Tomarse una excedencia ¿es reservarse la posibilidad de regresar?
No. En principio, la excedencia es porque, después de haber pasado por dos oposiciones en 20 años para responder ante las instituciones públicas de mis saberes, no quiero renunciar a un derecho que me corresponde. Me acojo a este derecho, pero no está en mi cabeza volver. Volvería si hubiera una hecatombe en mi vida, un accidente, un incidente grave que ni espero ni por supuesto deseo ni para mí ni para nadie que esté en Arteleku. Mi idea no es volver. La excedencia es una herramienta jurídica que utilizo para salir. Eso no quiere decir que no vaya a seguir trabajando. Ahora me voy a tomar un tiempo largo de descanso, pero volveré a trabajar.
¿Se ha conseguido explicar Arteleku a la gente de a pie?
El lugar en el que se instala Arteleku en relación al público es un tema recurrente. No trabajamos con ese concepto de público genérico, sino que tratamos de encontrar públicos específicos. Pensamos que el mundo está constituido de múltiples minorías. Preferimos trabajar con minorías que tienen mucho interés en cosas específicas que con mayorías que en principio quieren saber un poco de todo pero no tienen interés en nada en concreto. Hemos hecho un esfuerzo muy especial por trabajar con este tipo de minorías, que son muchas minorías que forman un conjunto amplio. En cualquier caso, Arteleku ha estado abierto a todo el mundo. Siempre hay actividades relacionadas con la especificidad, pero también conferencias y actos públicos de carácter genérico para quien quiera acercarse a cualquier tema.
¿Ha existido falta de comprensión hacia Arteleku?
Quienes no lo han entendido han estado mirando hacia otro lado. Es uno de los lugares más abiertos que conozco, ni siquiera hay guardas jurado. La gente entra y sale como le da la gana, aquellas personas que conocen Arteleku, quiero decir. No es un lugar cerrado, ni secreto. Aquí han venido las personas que han tenido interés por lo que hemos ofrecido. Es verdad que hemos trabajado con una cultura no basada en el espectáculo ni la representación, ni solamente basada en el consumidor pasivo sino en el agente activo, al ciudadano interesado en cuestiones sociales, políticas y culturales.
¿Se ve en alguna institución de carácter más conservador? En un museo entendido como un depósito, por ejemplo.
No. En todo caso, volvería a dar clases e incorporaría muchos de los conocimientos que he adquirido todos estos años y procuraría que esas clases tuviesen que ver con la conexión con el mundo. No creo que vuelva a trabajar en una institución de estas características. Lo que pasa es que no sé que voy a hacer, algo tendré que hacer para comer. De momento, tiempo para jugar con mi hija, para disfrutar de mi compañera, pensar y escribir. Me apetece mucho escribir. En las horas de silencio y de soledad me refugiaré en la escritura como terapia.
Como observador externo, ¿qué retos culturales cree que debe afrontar Gipuzkoa?
Hay que pensar la cultura no como servicios inscritos en edificios y equipamientos, sino servicios que planteen nuevos modelos de acceso a la cultura. Las herramientas digitales lo permiten. Hasta ahora estaban las bibliotecas, las filmotecas, las salas de exposiciones, los museos, los centros culturales, las salas de conciertos, lugares donde había que ir a gozar de la cultura. La cultura digital permite otros modelos de acceso, que permita llegar a muchos rincones. El proyecto de Gipuzkoa Hiria permitiría por ejemplo hacer un ciclo de Nosferatu en Lazkao o en Sao Paulo. Son modelos culturales que no necesariamente pasan por edificios anclados en un lugar al que hay que acudir, salvando las distancias de que todos esos equipamientos deben existir al lado, en paralelo. Pero un proyecto cultural del siglo XXI debe ir mucho más allá de los edificios y pensar más en las personas, transversalizar los proyectos culturales, producir mucho contenido y hacer que sea accesible en el ámbito local y en el global y que vaya vinculado a una marca, sea Tabacalera o Arteleku. Es el eje sobre el que un gestor cultural debe invertir sus recursos. >ruth pérez de anucita
La experiencia imborrable del magisterio
Santi Eraso empezó su carrera como "bibliotecario de pueblo" en su localidad natal. Al mismo tiempo impartía clases de Historia del Arte Contemporáneo en el Instituto de Tolosa, "hace ya muchísimo tiempo". De ese tiempo conserva excelentes recuerdos. De hecho, a la reciente despedida que organizó un grupo de amigos en Tolosa, también acudieron varios alumnos de aquella época. "Me siento orgulloso de ese tiempo pasado pero a la vez cercano. Han pasado muchos años pero es presente porque algunos de esos alumnos siguen siendo amigos míos", reflexiona. "En el instituto es donde más aprendí, procurando que aquellos que estaban escuchándome entendiesen lo mejor posible aquello que yo podía transmitirles. Aquel esfuerzo fue un aprendizaje muy importante para mí", señala. Tras su paso por la biblioteca y el instituto, trabajó en el Ayuntamiento tolosarra como técnico de Cultura, Educación y Juventud. Después se presentó, hace 20 años, a las primeras oposiciones para director de Arteleku. Obtuvo el puesto, y lo demás es historia.
EL PROTAGONISTA
Nacimiento. Tolosa, 1953.
Familia. Hace un año tuvo una hija en común con su compañera Alicia.
Trayectoria. Licenciado en Filosofía y Letras, ha sido bibliotecario en su localidad natal, profesor de Historia del Arte Contemporáneo en el Instituto de Tolosa, técnico de Cultura, Educación y Juventud del Ayuntamiento tolosarra y finalmente, accedió por oposición al cargo de director de Arteleku, donde ha permanecido los últimos 20 años.