cómo será LA PRÓXIMA VERSIÓN DEL HOMO SAPIENS
Seremos más guapos, más altos o más listos? Los científicos tratan de describir cómo será LA PRÓXIMA VERSIÓN DEL HOMO SAPIENS. Esto es lo que sabemos por el momento.
as rubias están en peligro de extinción”, afirmaba un titular de la BBC. “Según un equipo de científicos alemanes de la Universidad de Edimburgo”, seguía explicando el medio británico, “el gen del pelo rubio, recesivo frente al del moreno, podría desaparecer dentro de 200 años”. La explicación a esta teoría es, cuanto menos, sorprendente. Resulta que las rubias “de bote” son más atractivas para el sexo opuesto que las rubias naturales y, por lo tanto, estas tendrán más hijos que las auténticas, cuyo último espécimen, aseguraban, nacerá en Finlandia.
Afortunadamente para las rubias, esta historia no fue más que un bulo originado en una revista femenina alemana y del que después se hicieron eco otros medios de comunicación. Además, el color del pelo lo determinan varios genes, que no actúan con una simple relación de recesión y dominancia.
También popular, aunque parece que con más fundamento científico, se ha hecho la teoría del genetista de la Universidad de Oxford Bryan Skyes, quien en su último ensayo, La maldición de Adán, predice que la degeneración de los genes en el cromosoma Y llevará a su extinción en un plazo de 125.000 años. Teorías más o menos peregrinas aparte, ¿sigue evolucionando el ser humano incluso hoy?
Evolución reciente
Pues, según algunos expertos, no. De hecho, hasta hace poco parecía haber unanimidad en que el avance de la medicina, entre otras cosas, había acabado definitivamente con la acción de la selección natural, es decir, la “ley biológica del más fuerte”. Así, mantienen que ya no hay enfermedades ni condiciones climáticas que hagan que los más sanos prevalezcan sobre los “endebles”. Además, el consenso científico aseguraba que nuestra evolución biológica acabó hace unos 100.000 años.
Sin embargo, últimamente hay evidencias de que la selección natural sigue actuando. El pasado mes de marzo, un equipo de genetistas de la Universidad de Chicago aseguraba haber encontrado más de 700 variantes genéticas que la evolución podría haber favorecido durante los últimos 10.000 años. “Ha habido una gran cantidad de cambios en los últimos tiempos –la llegada de la agricultura, cambios en la dieta, nuevos habitantes, las condiciones climáticas, etc.– cuyos rastros nos indican que se ha producido una adaptación muy reciente”, aseguraba Jonathan Pritchard, director del equipo de investigación de la Universidad de Chicago, en la presentación de su estudio. Para este trabajo se analizó el ADN de 209 individuos –89 asiáticos, 60 europeos y 60 africanos–, y parece que encontraron signos evolutivos en todos los casos.
En concreto, hay evidencias de que hemos sufrido cambios en algunos genes para adaptar nuestro organismo a las nuevas dietas, más ricas en carbohidratos y ácidos grasos. Y también el color de nuestra piel ha palidecido, ya que, cuanto más al norte se movían las nuevas comunidades, menos luz solar había disponible para sintetizar la vitamina D.
Por otra parte, Bruce Lahn, un genetista de la Universidad de Chicago, publicó en la revista Science que había descubierto dos mutaciones recientes que alteraron genes del desarrollo cerebral y que se extendieron con rapidez por toda la especie humana. Se trata de los genes microcephalin y ASPM, tan esenciales para el desarrollo del cerebro que cuando están inactivos se produce microcefalia (un cerebro tan pequeño como el de un chimpancé). La mutación del primero apareció hace 37.000 años, y hoy está presente en el 70% de la población mundial; el segundo data de hace entre 500 y 14.000 años, y lo porta un cuarto de los habitantes del planeta. Entonces, ¿qué nos depara el futuro como especie?
Los genes de la inteligencia
Christopher Wills, Profesor de biología de la Universidad de California (San Diego), argumenta en su libro The runaway brain (El cerebro fugitivo) que ha habido, y todavía hay, una retroalimentación entre nuestra cultura y nuestros genes que conduce a una rápida evolución de la mente humana. "Sin duda, la presión selectiva más importante continúa estando en las funciones cerebrales", dice Wills. Así, el año pasado un grupo de antropólogos de la Universidad de Utah (EEUU) publicó un artículo en el que aseguraba que la selección natural había incrementado la inteligencia de los judios askenazíes en los últimos 1.000 años. Aunque la inteligencia es muy difícil de medir, parece ser que este grupo étnico puntuaba entre 12 y 15 puntos por encima de la media en los tests de CI. Los autores del estudio señalaron que más o menos desde los años 80 al 1700 se les había prohibido trabajar en negocios al uso, para dedicarse a menesteres de más alto nivel intelectual, como las finanzas. Los triunfadores tuvieron más prole, por lo que la selección natural hizo prevalecer la inteligencia.
Más allá de los genes
Nos hemos puesto en contacto con Francisco J. Ayala, profesor de Ciencias Biológicas de la Universidad de California y autor del superventas La teoría de la evolución, para intentar arrojar luz sobre esta cuestión: "La Humanidad sigue evolucionando biológicamente porque se dan las dos condiciones necesarias para ello: en primer lugar, la variabilidad genética, que sabemos que es muy abundante en nuestra especie, y en segundo, los cambios del entorno (climático, biológico y cultural), que impactan en la supervivencia y reproducción de individuos y que obviamente también se dan actualmente." Por tanto, parece que Ayala no tiene dudas. Nuestra especie evoluciona, pero ¿hacia dónde? Para la ciencia ficción, el ser humano que vendrá sufrirá un cambio muy grande en nuestra anatomía, caracterizado, sobre todo, por enormes cerebros dentro de cabezas con el tamaño suficiente como para albergarlos, la pérdida de dedos que no usamos y el desarrollo de otros que usamos demasiado. De hecho, con la llegada de la informática a nuestras vidas, se hicieron muchas predicciones que hablaban de pequeños humanos encorvados que nacerían casi con ratón y teclado incorporado.
Pero esto no deja de ser ciencia ficción. Cuando se habla de cómo evolucionará la especie humana en el futuro, los científicos aluden a que se ha detectado, por ejemplo, que la forma del cuerpo humano moderno está alargándose, como resultado de una evolución que comenzó hace millones de años. También parece cierta la creencia de que hemos desarrollado funciones cerebrales antes "atrofiadas".
Por el momento, los únicos datos fiables y contrastables sobre el linaje humano de que disponemos son de hace seis millones de años, y muchos estudios demuestran que nuestras diferencias con los chimpancés vinieron dadas por una presión selectiva muy fuerte; sobre todo, en el cerebro humano.
Sin embargo, parece que la posibilidad de descifrar la información contenida en nuestro ADN nos está permitiendo dar pasos de gigante en el conocimiento de cómo hemos llegado a ser quienes somos y hacia dónde va el Homo sapiens sapiens. Hasta ahora, nuestra especie ha evolucionado principalmente gracias a la selección natural, como describió Darwin en su teoría, y en menor medida, a la selección sexual. Pues de ahora en adelante, la selección sexual será la que más influirá en cómo será el aspecto del ser humano del futuro. ¿Por qué?
Persona a la carta
El mayor defensor de esta idea es Geoffrey Miller, de la Universidad de Nuevo México, Alburquerque, y autor de The mating mind (La mente apareadora). Para él, se está produciendo una aceleración en el ritmo de evolución humana provocada por la selección de los rasgos deseables sexualmente. "Nuestro alto índice de migración, la exogamia y el mestizaje están recombinando nuestros genes a un ritmo sin precedentes. Es más, la existencia de una vasta población humana quiere decir que nuestro patrimonio genético está adquiriendo más mutaciones y a gran velocidad. La gente tiene más posibilidades de engendrar hijos con alguien que se parezca a lo que ellos consideran bueno. La elección cuidadosa, y a veces muy estudiada, de quién pondrá el otro 50% de genes a nuestros hijos hace que ciertos rasgos, principalmente los más deseables (guapo, alto, inteligente…), se refuercen".
Y es que el espectro de relaciones sexuales se ha ampliado hasta el infinito gracias a las nuevas tecnologías, lo que hace que haya más posibilidades de que estas "mutaciones ventajosas" queden fijadas en la población. El "apareamiento selectivo", como lo llama Miller, se ve reforzado también por los anticonceptivos y avances médicos; entre otros, los nuevos métodos de reproducción. Pero ¿hasta qué punto?
Futuro in vitro
Para el biólogo Francisco J. Ayala: “La medicina hace posible que personas que no habrían sobrevivido ni dejado descendientes por ser portadores de genes que les impactan negativamente sean curadas y tengan hijos. Estos genes, que habrían sido eliminados sin tratamientos médicos, son, en consecuencia, transmitidos a la descendencia. Pero el efecto en la Humanidad como tal es extremadamente lento. Por ejemplo: las enfermedades causadas por haber heredado un gen deficiente tanto del padre como de la madre tienen una frecuencia en la Humanidad de uno de cada diez mil nacimientos. Si se curara a todos los individuos en el mundo que nacen con la enfermedad, de manera que todos sobrevivieran y tuvieran hijos, se necesitarían cien generaciones (unos 3.000 años) para que la incidencia de la enfermedad afectara a uno de cada dos mil quinientos nacimientos. Dada la rapidez con que avanza la Genética, seguro que, a lo sumo en una década, los científicos serán capaces de corregir directamente el gen defectuoso y cambiarlo a un gen normal, lo que eliminará la enfermedad.”
Algo con lo que Miller está completamente de acuerdo: “Dentro de unas generaciones, el mercado genético sustituirá a la selección sexual, y los padres podrán eliminar los rasgos no deseables para sus hijos. Aunque es imposible determinar cómo afectará esto al patrimonio genético humano”. Hay quien asegura, incluso, que nos convertiremos en ciborgs y la evolución genética estará en desuso.
Y aunque Francisco J. Ayala avisa: "No se puede predecir cómo cambiará la Humanidad a largo plazo; la evolución no tiene objetivos, ni sigue una dirección determinada que persista a través del tiempo", yo prefiero quedarme con el optimismo de Miller. "Tras 40 generaciones de vigilancia genética, seremos mucho más bellos, inteligentes y estables psicológicamente…" ¿Mejor, no?
Siete características definen a la gente que sustituirá a la actual
Mestizos
La mezcla de razas traerá consigo importantes cambios en nuestros rasgos físicos a largo plazo. En primer lugar, las enfermedades que sabemos que tienen más influencia en una raza concreta se extenderán al resto de la población. Aunque estos cambios parecen perjudiciales, igual sucederá con los genes que se saben resistentes de otras etnias. De cualquier modo, los grandes movimientos migratorios y las posibilidades de relación con todas las nacionalidades permitirán que nuestra especie tienda a una homogeneización de los rasgos raciales "exclusivos".
Más listos
Según Bruce Lahn, quien ha hallado una evolución reciente en el cerebro humano, el desarrollo cultural está claramente conectado con la genética. Aún es pronto para saber hasta qué punto, pero parece haber indicios de que la cultura ha influido, y sigue haciéndolo, en la evolución de nuestro cerebro, de manera que es posible que nuestro avance cultural geste los seres humanos más inteligentes desde la aparición del Homo sapiens.
Siempre sanos
La fecundación in vitro ha permitido que tengan hijos quienes antes habrían sido “no aptos”. Por otra parte, la ingeniería genética también permitirá en el futuro sustituir un gen defectuoso por otro que no lo sea, y la selección embrionaria permite incluso optar siempre por el embrión sano. Así, los bebés del futuro nacerán sin “defectos” de fábrica, y aquellos que se descubran durante su vida serán subsanados sobre la marcha. Es decir: la medicina solo será preventiva.
Cuerpo más largo
Según algunas investigaciones, la genética del azar ha sido la culpable de cambios genéticos concretos, producidos por mutaciones aparentemente aleatorias que no siguen las leyes de la selección natural. La configuración de la cara y el cráneo de los humanos modernos –en concreto, las diferencias regionales en el ancho del cráneo, la altura de la nariz y la longitud de la mandíbula– han sido debidas al azar. Parece que nuestro cuerpo está alargándose, y es muy posible que tenga la misma causa.
Cráneos redondos
La adaptación a las condiciones climáticas ha tenido efectos visibles en la evolución del Homo sapiens. El antropólogo Charles Roseman, de la Universidad de Stanford (California), publicó en un estudio que la forma craneal de los esquimales de Groenlandia (en la foto) podría deberse a una adaptación al frío con que viven. En teoría, el cambio climático en el que estamos inmersos también podría tener efectos en la evolución de nuestra especie. Tanto los efectos nocivos de este (contaminación, rayos solares, etc.) como las consecuencias estrictamente climatológicas. Si tuviéramos que adaptarnos a una nueva era glacial, nuestro cráneo se redondearía.
Engordaremos
Desde el origen de nuestra especie, lo que comemos nos ha marcado evolutivamente. Con la aparición de las granjas, comenzamos a comer carne mucho más suave, por lo que la mandíbula se relajó. Esto produjo una evolución en la forma de la cara de los homínidos en los últimos 10.000 años, según un antropólogo de la Universidad de Columbus. Recientemente, el incremento de la media de peso observada en muchos países parece estar afianzándose como rasgo del hombre actual. Su causa es directamente la dieta, y no la selección natural.
Más guapos
Los últimos estudios realizados sobre cómo seleccionamos a nuestra pareja siguen apuntando a que optamos por la más bella, entendiendo la belleza como sinónimo de saludable. Y para los científicos, la selección de lo más bello hará que este rasgo permanezca en el futuro. Además, las nuevas tecnologías han ampliado el campo de selección (ahora podemos elegir pareja en casi cualquier lugar del mundo), lo cual prevé un humano futuro más homogéneo, aunque también ha extendido una visión más igualitaria de los cánones de belleza. Por otra parte, también se ha apuntado a menudo que la reproducción futura será asexual; es decir, sin necesidad de otro sexo (hermafrodita). Y es que la ventaja evolutiva de la reproducción sexual tal y como la conocemos ha sido, durante muchos años, uno de los grandes misterios de la Biología. Para Ricardo Azevedo, un profesor asistente del departamento de Biología y Bioquímica de la Universidad de Houston, si el ser humano futuro se reprodujese consigo mismo, se produciría una involución. "La asexualidad parece ser una muerte evolutivamente", dice Azevedo. La razón principal es que la mezcla genética que supone la reproducción entre dos sexos supone una riqueza, que terminaría si recombináramos nuestros propios genes. Por tanto, quizá lo que en principio podría parecer la solución al problema de las enfermedades de transmisión sexual pueda perpeturar otros males más duraderos.

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