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EL DE LA CALLE 42

Categoría: LA FELICIDAD

20/08/2007 GMT 1

Los creadores de buena suerte

calle42 @ 23:42

A menudo, en conversaciones con compañeros, amigos o familiares oímos la referencia a un tercero en términos: "¡Fulano de tal sí que tiene buena suerte!". Esta expresión nos lleva a pensar en que la fortuna parece favorecer al sujeto que es objeto de la conversación. Pero si analizamos en detalle los motivos por los que se le atribuye esa buena fortuna, observamos en la mayoría de casos que detrás de ella existe un conjunto de elementos que nos llevan a pensar que no se trata de una cuestión de puro azar, sino que la buena suerte de la persona es más el resultado de su trabajo y de sus actitudes que de los caprichos de lo aleatorio. Por eso conviene diferenciar dos conceptos: suerte, por un lado, y buena suerte, por otro.

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La suerte, entendida como la define el diccionario, tiene que ver con el azar. Se trata de la aparición de circunstancias no controlables ni reproducibles por la voluntad humana y cuyos efectos, favorables o adversos, tienden a ser efímeros. Por otro lado, la buena suerte, dicen quienes consideran tenerla, la crea uno mismo: uno es la causa de su buena suerte. ¿Cuáles son entonces los elementos que definen a las personas que consideran que tienen buena suerte en la vida? A continuación, los más representativos:

Tienen una actitud positiva ante las experiencias, incluso cuando éstas, de entrada, aparecen como un revés, una dificultad o una crisis. Su optimismo se ancla no en la ingenuidad, sino en la lucidez y en el compromiso con su trabajo. Cuando la adversidad se presenta, se cuestionan en qué medida han contribuido a la situación y actúan para resolver la circunstancia que se haya generado.

Se saben responsables de sus actos. Ante el error o la adversidad, no culpan a un tercero, sino que se preguntan en qué medida ellos son, consciente o inconscientemente, causa de lo que les ha ocurrido, y cómo pueden enmendarlo. No viven el error como una mácula en su currículo o algo de lo que avergonzarse, sino que hacen de él una fuente de aprendizaje. Disponen de buenas dosis de asertividad y autoestima. Ello les lleva a mantenerse fieles a su propósito, a perseverar, a trabajar para crear las condiciones que favorezcan la aparición del anhelo que persiguen.

Emplean su imaginación para ver con la mente su anhelo realizado. Funcionan con un "hay que creerlo para verlo", y no con un "hay que verlo para creerlo".

Son perseverantes: no postergan las cuestiones que tienen pendientes de resolver. O lo resuelven de inmediato o lo delegan o lo tiran a la papelera.

Tienden a atribuir un significado constructivo a lo que les sucede. Una misma circunstancia puede ser vivida, según la persona, como un golpe de mala suerte o un regalo de la vida que permite abrir la conciencia a un modo nuevo de percibirse a sí mismo y a los demás, y a actuar de manera diferente. Esta segunda reflexión es habitual de los creadores de buena suerte.

Un cuento. Sobre este punto quisiera extenderme y tomar una metáfora que considero sumamente ilustrativa. Existe un cuento que muestra claramente la actitud esencial de este tipo de personas. Dice así:

Un día, un bellísimo caballo decidió bajar de las montañas y entrar en la aldea en la que vivía un anciano labrador. El caballo se detuvo en el establo del anciano. Los habitantes del pueblo, al ver tan bello ejemplar bebiendo y descansando en el establo del labrador, fueron a avisarle: "¡Ven, vamos a verlo!". El anciano acompañó a todos sus vecinos, que, agitados, le llevaban del brazo hasta su propio establo. Cuando llegaron, la multitud celebraba la fortuna del abuelo: "¡Qué buena suerte has tenido!". A lo que el anciano respondió: "¿Buena suerte?, ¿mala suerte?, ¡quién sabe!".

Al día siguiente, el caballo regresó a las montañas. Los vecinos se dieron cuenta y, cuando avisaron al anciano y lamentaron lo ocurrido, éste les replicó: "¿Mala suerte?, ¿buena suerte?, ¡quién sabe!".

Pasó una semana y el caballo volvió de las montañas con toda su manada y fueron a parar de nuevo al establo del anciano, ya que siempre tenía a punto agua y comida. Al ver el maravilloso espectáculo, los vecinos se agolparon en la puerta de la casa del labrador y le felicitaron, entre entusiasmo, envidia y admiración, por su renovada buena suerte. Éste, con tranquilidad, les respondió: "¿Buena suerte?, ¿mala suerte?, ¡quién sabe!".

Los caballos permanecieron en el establo bajo los atentos cuidados del menor de los hijos del anciano. Un día, el muchacho intentó domar a uno de ellos. Pero tal era la fuerza y brío del caballo, que el joven cayó al suelo y se rompió ambas piernas y los brazos. Todo el mundo se enteró del grave accidente y consideró aquello una gran desgracia. No así el labrador, que se limitó a decir: "¿Mala suerte?, ¿buena suerte?, ¡quién sabe!".

Unas semanas más tarde, el ejército de aquella nación entró en el poblado para reclutar a todos los jóvenes. Estaban llamados a ir a una terrible guerra de la que muy pocos regresarían con vida. Cuando vieron al hijo del labrador con las extremidades rotas, le dejaron tranquilo, ya que sería un problema contar con alguien incapacitado. De nuevo, los vecinos fueron a felicitar al labrador, a su hijo y al resto de la familia por esa buena noticia, pero, otra vez, el anciano asomó su cabeza por la puerta y encogiéndose de hombros dijo: "¿Ha sido buena suerte?, ¿mala suerte?, queridos vecinos, ¡quién sabe!".

Y en muchas ocasiones, esta interpretación de los hechos que nos muestra el relato cobra sentido. Lo que a primera vista parece un contratiempo puede ser un disfraz del bien. O al contrario, lo que parece bueno a primera vista puede ser realmente perjudicial. Por ello, quizá lo razonable es despreocuparse de la suerte (mala, buena o inexistente) y avanzar creando las circunstancias que nos lleven a encarnar la calidad en lo humano, en las relaciones, en lo social y en la vida.

03/03/2007 GMT 1

Lo que dura el amor

calle42 @ 00:32

Enamorarse es el primer paso en la formación de pareja en humanos y, recientemente, punto de mira de la investigación neurocientífica

«Las grandes pasiones son enfermedades incurables», decia Goethe. Pérdida de sueño y apetito, hiperactividad, son algunos de los síntomas que sufren los enamorados. La quimica del amor está mediada por una serie de sustancias que nos hacen sucumbir a la pasión amorosa. Sin restar méritos al romanticismo, se han identificado una serie de sustancias químicas -hormonas y neurotransmisores- que están implicadas en la pasión amorosa e, incluso, se puede realizar una matriz con las variadas manifestaciones y etapas del amor y su relación con estas sustancias. Curiosamente, los hombres parecen ser más susceptibles a la acción de esta química; ellos se enamoran más rápida y fácilmente que las mujeres.

La antropóloga Helen Fisher, profesora de investigación de la Rutgers University de New Jersey, identifica en el cerebro humano los tres aspectos del amor: lujuria, atracción y unión. La lujuria -deseo sexual- es producto de la testosterona, que es la causante del impulso inicial que nos hace buscar pareja. Luego viene la atracción, el enamoramiento, que se atribuye en parte a los bajos niveles de serotonina y a la dopamina, un neurotransmisor cerebral que se relaciona con la sensación de bienestar. Cuando el amor se consolida, el vínculo y la atracción que evolucionan hacia una relación calmada, duradera y segura tienen que ver con la oxitocina y la vasopresina.

«Cumbre química»
La antropóloga define el enamoramiento como una «cumbre química» que suele terminar en un año aproximadamente, probablemente porque el cerebro produce menos sustancias o porque los receptores se adormecen. El amor se deteriora y evoluciona y este avance es lo que nos permite establecer distinciones entre varias parejas potenciales o conservar la energía de apareamiento y enfocarla sólo en una pareja. Para el momento en que esta energía ha engendrado un hijo, el cerebro ya ha pasado a la siguiente fase, la unión, un estado caracterizado por sentimientos de seguridad, comodidad y unión espiritual con una pareja estable. La unión es el sentimiento más duradero, mucho más que la lujuria o el enamoramiento, pero también puede menguar o quedar relegado por otros sentimientos.

En uno de sus últimos trabajos, Fisher ha estudiado 58 culturas de todo el mundo, comprobando que en todos los lugares las pautas de las relaciones amorosas eran similares. El estudio constató que las mujeres tendían a tener hijos cada cuatro años y que el momento en que una pareja tiene mayores probabilidades de divorciarse se ubica en el cuarto año de relación que es el plazo más habitual del divorcio, tras el matrimonio. Así elaboró la teoría del ciclo reproductor de 4 años; Fisher cree que este ciclo es el remanente de la temporada de reproducción de nuestros ancestros ya que considera que es el tiempo en que un hombre y una mujer deben permanecer juntos al menos hasta que su hijo camine y se destete y para que pueda ser cuidado por otros.

La testosterona se comporta de una forma que puede parecer contradictoria durante el enamoramiento, mientras que en las mujeres aumenta, en los hombres enamorados se reduceEl índice de divorcios crece mucho, según la mujer es más independiente económicamente, pero ese patrón no cambia. El animal humano quizá fue creado para tener una serie de relaciones sucesivas, aunque no todos se separan. Parece que tenemos muchos modelos reproductivos diferentes. El cerebro es un órgano muy flexible, y diferentes personas manejan esos sistemas cerebrales de forma distinta; unas forman un matrimonio para siempre y otras sienten gran cariño por su pareja, pero al tiempo pueden enamorarse de otro. El amor, probablemente la emoción más deseada y a la que han prestado más atención poetas y cantantes, quizás no sea sólo cuestión de física y química como creía Severo Ochoa...Es difícil saber hasta que punto nuestras hormonas y neurotransmisores son los responsables de esta emoción.

Placer y recompensa
Uno de los estudios que demuestra el papel de la dopamina en el enamoramiento también fue efectuado por Fisher. Con la esperanza de descubrir por qué la gente se enamora, estudiaron los cerebros de neoyorquinos que estaban locamente enamorados. Más de 800 voluntarios de varias edades y condiciones fueron estudiados mediante resonancia magnética para tratar de analizar cuáles son las zonas y sustancias cerebrales implicadas en el amor romántico. El trabajo revela que hay dos regiones muy activas: el núcleo caudado, una primitiva región en forma de C relacionada con el sistema del placer, la excitación sexual y la motivación para lograr recompensas. La otra es el área tegmental ventral, la veta madre de las células que producen dopamina, neurotransmisor que se asocia con la sensación de bienestar, implicado también en los mecanismos de placer y recompensa.

Otros neurotransmisores involucrados son la norepinefrina, que produce euforia, hiperactividad y pérdida del apetito y el bajo nivel de serotonina responsable de la pérdida de sueño y del pensamiento intensivo, el «no puedo dejar de pensar en ti» de muchas canciones de amor. La feniletilamina también se ha vinvulado con el amor. Donald F. Klein y Michael Lebowitz, del Instituto Psiquiátrico de Nueva York, sugirieron que el cerebro de una persona enamorada contenía grandes cantidades de esta sustancia, que sería responsable algunas de las sensaciones y modificaciones fisiológicas que experimentamos cuando nos enamoramos. La feniletilamina podría ser también responsable de los efectos antidepresivos del ejercicio físico, como también de la liberación de endorfinas.

Curiosamente no todas las sustancias implicadas en la química del amor actúan de la misma forma en ambos sexos. La testosterona, relacionada con el impulso sexual, se comporta de una forma que puede parecer contradictoria ya que, mientras que en las mujeres aumenta el nivel, en los hombres enamorados se reduce. En un trabajo realizado por el departamento de psiquiatría y neurobiología de la Universidad de Pisa, publicado en Psychoneuroendocrinology, se midieron los niveles hormonales en un grupo de 24 personas de ambos sexos que se habían enamorado recientemente (en los últimos seis meses) y se compararon con otros 24 que no tenían pareja o que tenían una relación de hace tiempo. Se midieron los niveles de varias hormonas encontrándose menores niveles de FSH (hormona del sistema reproductor) y testosterona en los hombres enamorados, mientras que las mujeres enamoradas tenían niveles más altos que aquellas que no lo estaban. Se repitieron los estudios entre los 12 y 24 meses, sin que se hallaran entonces diferencias.

OXITOCINA, AMOR PARA SIEMPRE
La oxitocina es la hormona responsable de que la atracción inicial de paso a un vínculo de amor duradero. Según Gareth Leng, de la Universidad de Edimburgo, la hormona ayuda a forjar lazos permanentes entre amantes tras la primera oleada de emoción. La oxitocina está involucrada en muchos aspectos del amor, desde el maternal hasta el hecho de que algunos logren permanecer felices por décadas con la misma pareja, o que otros sean incapaces de forjar una relación duradera. Varias investigaciones han descubierto que la hormona, que es producida en grandes cantidades por el cerebro durante el parto, la lactancia y cuando hay actividad sexual, es importante para incitar el comportamiento maternal en los animales.
Se ha demostrado que las neuronas oxitocinérgicas no sólo secretan este péptido al torrente sanguíneo, sino que también lo contienen y liberan en las terminales sinápticas de las neuronas, lo que significaba que, además de funcionar como una hormona, lo hace también como un neurotransmisor. Partiendo del razonamiento de que durante el parto se produce una liberación masiva de oxitocina, Kurt Pedersen, de la Universidad de Carolina del Norte (EEUU), propuso que esta hormona, además de liberarse en el torrente sanguíneo, pudiera también secretarse dentro del cerebro y postuló que probablemente se relacionaba con el inicio de la conducta maternal.

Experimentos hechos con ratas de laboratorio confirmaron su teoría. Cuando las ratas no están embarazadas ni lactando, rechazan a las crías, tanto que incluso se las comen. La hembra tiene que pasar por el período de gestación para que esta conducta cambie, de tal manera que antes del parto, si se le acercan crías, puede llegar a aceptarlos. La oxitocina provocó el mismo efecto en sólo una hora después de su administración en los ventrículos cerebrales de ratas vírgenes. Las ratas que una hora antes eran caníbales, se transformaron en madres amorosas por la acción de la hormona.

12/12/2006 GMT 1

ENTREVISTA AL EXPERTO EN RESILIENCIA BORIS CYRULNIK: LA FELICIDAD

calle42 @ 00:37

CONFERENCIAS ENTREVISTA AL EXPERTO EN RESILIENCIA BORIS CYRULNIK:

¿De qué está hecha la felicidad?

BORIS CYRULNK.- "No le importa mezclar disciplinas para estudiar los caminos para ayudar a remontar a otros los golpes y adversidades de la existencia".

Invitado a Chile a dictar una conferencia, el investigador francés, éxito de ventas en Europa y portada de revistas como "Le Nouvel Observateur" y "L'Express", ha dedicado su vida a estudiar el trauma y el logro de la felicidad en la sociedad actual. Para ello ha desarrollado un trabajo multidisciplinario.

Por :

MARISA MOREL MONTES

y CECILIA MOREL MONTES

Boris Cyrulnik es uno de los principales expertos en resiliencia del mundo, apodado "el psiquiatra de la esperanza" entre los franceses. Viene a Chile a participar en el Ciclo de Conferencias "De qué está hecha la felicidad", organizado por la Corporación Cultural de Las Condes, con el patrocinio de la Embajada de Francia y el auspicio de Lan Chile y el Servicio Médico de la Cámara Chilena de la Construcción. Neuropsiquiatra psicoanalista y etólogo, vive en la Seyne sur Mer, al sur de Francia, desde donde se mueve como un electrón libre por el mundo, visitando los sitios donde el sufrimiento se ha ensañado con las personas.

Actualmente divide su apretada agenda entre escribir y visitar universidades y centros de estudio que reclaman su presencia y sus investigaciones sobre resiliencia, esa capacidad de sobreponerse a los traumatismos psicológicos y las heridas emocionales más graves, como el duelo, violación, tortura, deportación, o la guerra, tanto como a las violencias psíquicas y morales a las cuales están expuestos millones de seres humanos en el mundo de hoy.

"Poco le importa mezclar disciplinas como la etología, el psicoanálisis y la neuropsiquiatría, a la hora de estudiar los caminos para ayudar a remontar a otros los golpes y adversidades de la existencia, puesto que se resiste a optar entre el cuerpo y el espíritu, la palabra o la molécula, el hombre y el animal". En este sentido, se ha transformado en un blasfemo dentro de la comunidad científica donde la etiqueta es un deporte popular. Para él, "no hay herida que no sea recuperable. Al final de la vida, uno de cada dos adultos habrá vivido un traumatismo, una violencia que lo habrá empujado al borde de la muerte. Pero aunque haya sido abandonado, martirizado, inválido o víctima del genocidio, el ser humano es capaz de tejer, desde los primeros días de su vida, su resiliencia, que lo ayudará a superar los shocks inhumanos. La resiliencia es el hecho de arrancar placer, a pesar de todo, de volverse incluso hermoso" ("L'Express").

El autor afirma en una entrevista reciente en el "Nouvel Observateur" que la felicidad existe únicamente en la representación mental, por tanto es siempre fruto de la elaboración. Es algo a trabajar. Y ella se construye en el encuentro con el otro.

Invitado a dictar dos conferencias el 26 y 27 de junio a las 19:00 Cyrulnik conversó para Artes y Letras.

- Usted habla de la adversidad, las pruebas de la vida y el traumatismo psíquico. ¿Qué diferencias hay entre ellos?

"Hay que distinguir entre trauma y prueba. Para hablar de trauma, es necesario haber muerto. No crean que es una imagen, es real. La gente traumatizada dice: 'No estoy segura de estar viva. He regresado del infierno y vuelto a la vida'. Algunos incluso dicen: 'La salida de los campos de la muerte no es el retorno a la vida. No soy un sobreviviente sino un retornado, un fantasma', lo que implica el curioso pensamiento de 'mientras más envejezco, más me alejo de la muerte'".

"Mucha gente sufre traumas y todo el mundo debe soportar pruebas. Pero en la prueba seguimos siendo nosotros mismos. No estamos muertos ni desgarrados. Frente a una prueba, pienso: 'He perdido mi trabajo. ¿Qué voy a hacer?'; 'Ella me abandonó. Siento una profunda pena, pero pienso que ella es una loca por haber dejado ir a un hombre como yo. Peor para ella'. Nos defendemos como podemos y seguimos siendo nosotros mismos".

- ¿Por qué hay personas que teniéndolo todo, no obstante dicen no ser felices? ¿A su juicio de qué está hecha la felicidad?

"Emmy Werner era psicóloga. Tuvo que ocuparse de 701 niños en Hawai. Niños sin familia, sin estudios, que dentro de una cultura fracasada no tenían ninguna oportunidad de salir adelante. Sin embargo, cuando volvió a ver a 204 de ellos, treinta años después, un 80% había aprendido a leer y a escribir por su cuenta, había aprendido un oficio y fundado una familia. Aparentemente, de alguna manera se habían desarrollado, a pesar de todos los riesgos que los rodeaban".

"Por el contrario, Georges Vaillant en Harvard estudió en 1938 a 224 niños con todo tipo de privilegios, con buena salud, un ambiente normal y estudios. Sus alumnos comenzaron a publicar el ciclo de vida completo de estos privilegiados: un 23 por ciento tuvo una vida de continuo sufrimiento. Por lo tanto, no se puede explicar una felicidad o un sufrimiento por una causa única: un 28 por ciento de todos modos fueron felices dentro de un medio adverso. Y dentro de un medio en el que por lógica todo tendría que haberles procurado la felicidad, un 23 por ciento no dejó de sufrir. Hay otras causas que intervienen. Estas causas son menos visibles y se necesitan métodos experimentales para notarlo".

"Entonces la felicidad no es fatal, como tampoco lo es la desgracia. Se puede aprender a modificar estos sentimientos".

Bienestar y felicidad

- ¿Cuál es la distinción entre bienestar y felicidad y cómo pasar de un estado al otro?

"El bienestar es físico. Uno se siente bien cuando todas sus necesidades están cubiertas. Se trata de una sensación inmediata. La felicidad, en cambio, es el resultado de una representación, de una esperanza, de un proyecto de existencia. Para ilustrar esta diferencia, siempre cuento la historia de los picapedreros: paseo por un camino y veo a un hombre que está picando piedras. Hace muecas y sufre. Me explica que su oficio es idiota y que el trabajo muscular le hace mal. Más allá, un segundo picapedrero parece más apacible. Golpea tranquilamente la piedra y me dice que es un oficio al aire libre y que le basta para ganarse la vida. Un poco más allá, un tercer hombre pica piedras en éxtasis. Está radiante y sonríe. Me explica que el hecho de picar piedras lo hace muy feliz porque piensa que está construyendo una catedral. Aquellos que tienen una catedral en su cabeza son felices, aquellos que se contentan con lo inmediato sienten bienestar y aquellos que se desesperan por no tener otro oficio son desdichados. El gesto es igual en los tres casos pero es el significado del gesto lo que los vuelve felices o desdichados".

"Los drogadictos confunden la felicidad con el bienestar momentáneo. El 'flash' de la droga les da una sensación de bienestar que se apaga de inmediato y los desespera, en tanto los que tienen un proyecto trascienden la realidad".

- Usted afirma que son las pruebas las que van a identificarnos, las que van a mostrarnos quiénes somos de verdad. Sin embargo, los padres de familia van por la vida protegiendo a sus hijos del sufrimiento.

"Si uno está sobreprotegido, si los padres hacen todo en lugar del hijo, el niño no puede descubrir lo que realmente vale, lo que quiere, ni su verdadera identidad. Sólo puede descubrirse a sí mismo sometiéndose a alguna prueba (lo que no quiere decir que se deba someter a un trauma). El niño frente a esta prueba debe estar acompañado para sentirse apegado a la persona y a la cultura que le ha enseñado a salir adelante en esta prueba. Un niño sobreprotegido no siente la sensación de victoria. Se siente solo porque los demás lo hacen todo en lugar suyo y si se siente mal, los demás son los responsables".

"Muchos adolescentes que han sido niños sobreprotegidos descubren su identidad poniéndose ellos mismos a prueba. En los países ricos, se advierte una cultura de buscar el peligro entre los adolescentes. Los ritos de paso propuestos por las mismas culturas hacen que el adolescente se sienta orgulloso de sí mismo y cuando los adolescentes están solos, lejos de los adultos, se imponen a menudo riesgos excesivos o incluso estúpidos".

- ¿En qué se basa usted para afirmar que no hay sufrimiento que no pueda ser superado?

"Uno puede pasarse la vida sufriendo si no hace nada por salir de ello, si nuestra familia, nuestros amigos y nuestra cultura nos abandonan. Pero si uno encuentra a alguien o alguna situación que nos permita tener esperanzas, siempre es posible volver a desarrollarse y crecer. Pienso en una señora de 63 años que sufrió toda su vida de problemas respiratorios. De hecho, se trataba de angustias que le oprimían el pecho porque había sido una niña abandonada, porque su marido la agredía y porque su trabajo la aburría. Su marido muere y ella debe cambiarse de casa. Entonces, a los 63 años, encuentra un trabajo de comparsa en el cine. Todos la tratan con amabilidad, descubre un nuevo ambiente y se sorprende de no seguir teniendo 'problemas respiratorios'. Por primera vez en la vida, se siente bien".

- Deduciendo de sus libros y opiniones en la prensa, pareciera ser fácil enfrentar las adversidades y alcanzar la felicidad, ¿entonces por qué no somos más felices?

"Jamás he dicho que la felicidad sea fácil de alcanzar en la adversidad. Sólo he dicho que es posible. Sin duda, el precio es alto, pero aquellos que se niegan a hacer el esfuerzo de resistir, lo pagarán aún más caro. La dimisión es dolorosa, pero la resistencia es cara. Si la herida es demasiado grande, si nadie sopla sobre las brasas de resiliencia que aún quedan en su interior, será una agonía psíquica".

¿Qué es la resiliencia?

- Usted es experto en resiliencia. Podría decirnos qué es la resiliencia, y qué de nuevo aporta a la comprensión de los comportamientos humanos, descritos ya por la psicología y otras ciencias humanas?

"En 1946, Anna Freud y René Spitz describieron la evolución que en ocasiones llegó hasta la muerte, de niños abandonados y privados de afecto. De 123 niños recogidos tras los bombardeos de Londres, 19 murieron por falta de afecto y 23 se convirtieron en personas débiles y delincuentes. Nadie se preguntó por qué ni cómo los restantes 81 niños que sufrieron el mismo tipo de trauma lograron desarrollarse, a pesar del horror impreso en sus memorias y a pesar de las circunstancias adversas. Cuando comprendamos bien cómo hicieron esos niños para convertirse en adultos plenamente desarrollados, probablemente cambiaremos nuestro modo de cuidar y tal vez incluso de educar a nuestros hijos".

- ¿Qué características individuales se requieren para ser resilientes o cualquier persona puede desarrollarla? ¿Hay ciertas etapas en que ésta no se pueda desarrollar?

"Todos pueden hacerse resilientes, pues se trata de volver a unir, dentro de lo posible, las partes de la personalidad que fueron destrozadas por el trauma. Pero la sutura no es nunca perfecta y el destrozo deja rastros. Para volverse resiliente, es necesario encontrar cómo se impregnaron dentro de la memoria los recursos internos, cuál es el significado del trauma para uno, y cómo nuestra familia, nuestros amigos y nuestra cultura colocan alrededor del herido recursos externos que le permitirán retomar un tipo de desarrollo".

"Los recursos internos se componen esencialmente del aprendizaje de un estilo afectivo que se llama 'apego seguro'. Esta confianza en uno mismo proviene del modo en el que uno ha sido amado durante los primeros meses de vida. Este aprendizaje hace que los niños se vuelvan fáciles de amar, lo que los ayuda en su desarrollo, pues los demás los acompañan, los aconsejan o en ocasiones les prohíben algo. Un 65% de nuestros niños, cualquiera sea la cultura o el nivel sociocultural de los padres, aprenden a amar de esta manera agradable. Cuando están estresados, conservan la confianza en sí mismos, a pesar de la agresión, y buscan a algún adulto al que tratarán de agradar. Pero un 35% de nuestros niños han debido aprender un apego inseguro, frío, ambivalente o dentro de una constante angustia. Estos niños han aprendido este estilo de relación porque, en su entorno, la gente ha sufrido: la madre enferma, muerta o deprimida. Estos niños se centran en sí mismos y no irán en busca de un adulto que los proteja. Son ellos los que tendrán dificultades para volverse resilientes. Pero, de todos modos, sigue siendo posible, pues un sustituto de sus padres puede enseñarles más adelante el apego seguro. Es, por lo tanto, una tendencia y no una fatalidad".

- ¿Podría definir lo que usted denomina "tutores de resiliencia"?

"Un tutor de resiliencia es alguien, una persona, un lugar, un acontecimiento, una obra de arte que provoca un renacer del desarrollo psicológico tras el trauma. Casi siempre se trata de un adulto que encuentra al niño y que asume para él el significado de un modelo de identidad, el viraje de su existencia. No se trata necesariamente de un profesional. Un encuentro significativo puede ser suficiente. Conozco a un joven maltratado, a quien echaron a la calle, delincuente, prostituido, jefe de una pandilla que un día se puso a conversar en la terraza de un café con un editor. El joven salió transformado, diciendo: "Es la primera vez que me hablaron como a un hombre". El editor jamás se dio cuenta hasta qué punto había logrado encantar al joven violento y desesperado".

"Muchos niños comienzan a aprender en el colegio una materia porque les agrada el profesor. Pero cuando, veinte años después, uno le pide al profesor que explique la causa del éxito de su alumno, el educador se subestima y no sospecha hasta qué punto fue importante para el niño".

- Qué responde a los que dicen que usted hace un elogio del sufrimiento humano? ¿No considera usted violento decirle a una persona que está sufriendo que su dolor puede ser maravilloso?

"Jamás le digo a alguien que sufre que su dolor es maravilloso. Sería ridículo y escandaloso. Pero sí le digo que uno lo puede ayudar a sufrir menos, acompañándolo y reflexionando junto a él en los procesos de la resiliencia. Todos aquellos que han sufrido un trauma comprenden de lo que estoy hablando y actualmente se están redactando muchas tesis al respecto. Numerosas instituciones de investigaciones médicas psicológicas y sociológicas trabajan en este proceso de resiliencia que permite luchar contra el sufrimiento".

- ¿Qué lugar ocupan las huellas del pasado y el inconsciente en el desarrollo de la resiliencia?

"La memoria y la idea que uno tiene de sí mismo son los lugares donde se encuentra la resiliencia. La memoria puede ser biológica, o de imágenes o verbal o social. Un trauma se inscribe dentro de la memoria biológica y deja en ella huellas profundas como una especie de impronta en el cerebro. La memoria de las imágenes existe a partir de los 2 años, antes de que aparezca la palabra. El hecho de hablar de un acontecimiento aviva la memoria y permite modificar la emoción asociada con dicho recuerdo. Finalmente, muchos acontecimientos sociales forman parte de nuestra autobiografía. Todos recuerdan dónde se encontraban para el 11 de septiembre cuando ocurrió el atentado de Nueva York. Nadie recuerda dónde se encontraba el 7 de septiembre: un acontecimiento social que ocurrió a miles de kilómetros se ha convertido en parte de nuestra memoria íntima".

"Por lo tanto, en el proceso de resiliencia, el discurso social juega un papel fundamental. Las personas que no están heridas pueden desarrollar en la persona herida un sentimiento de vergüenza o de orgullo: pueden decir 'lo que le pasó a usted es repugnante. Usted no es más que una pobre víctima' o pueden decir con respecto al mismo trauma 'Usted es un héroe. Lo admiro por haberlo superado'".

Infelicidad adolescente

- En esta época, en que el conocimiento de la psicología ha permitido comprender como nunca antes a los niños y jóvenes, ¿por qué existen tantos jóvenes descontentos y angustiados?

"No existe un progreso sin efecto secundario. Todo progreso se paga. Hemos hecho enormes avances en la comprensión de la infancia pero no lo hemos comprendido todo. Además, nuestras sociedades se vuelven cada día más complejas y es muy difícil integrarse a ellas. Los niños están mejor desarrollados y probablemente sean más inteligentes que antes. Son más precoces física e intelectualmente. Pero como hoy en día hacen falta diplomas para trabajar, cada día se retrasa más su autonomía. Por lo tanto, existe para ellos un largo período en el que comprenden todo, aprenden todo, pero no se integran a la sociedad que ya no los acoge con tanta facilidad como antes".

"Hace dos generaciones, una mujer de 20 años ya tenía 2 hijos y se sentía orgullosa por ocuparse de su hogar. Un hombre de 20 años ya había aprendido un oficio, hacía su servicio militar y estaba orgulloso de trabajar para su familia. Hoy en día ese tipo de conducta social equivaldría a una amputación y los jóvenes se sentirían desdichados. Se observan, por lo tanto, al mismo tiempo, verdaderos avances y verdadero sufrimiento".

- Para erradicar la infelicidad, usted se inclina más por las soluciones afectivas y culturales en vez de los fármacos. ¿Cuáles son las alternativas que usted propone, considerando el tiempo que toma tejer esas relaciones para sostener a una persona en crisis? ¿No significaría un alto riesgo?

"Las drogas mentales siempre han existido. Provocaban modificaciones de la conciencia que eran interpretadas como visitas de Dios. Hoy en día, el efecto psicológico de las drogas tiene ante todo un efecto anti-dolor moral. Provocan euforia y calman la ansiedad pero no resuelven el problema psicológico. Todas las demás culturas han inventado otros medios de controlar la angustia. El apoyo afectivo es un excelente tranquilizante: la demostración es que los niños se calman en los brazos de una persona que les es familiar y los adultos también, durante un duelo, se tranquilizan cuando ven que el muerto tenía muchos amigos".

"Los rituales sociales le dan sentido a los acontecimientos. Se integran dentro de una historia, le dan una función y nos permiten sentirnos unidos dentro de un mismo mundo. Nuestras culturas modernas tecnológicas disminuyen el apoyo afectivo y suprimen los rituales.

Es por ello que la Organización Mundial de la Salud ha pronosticado que el siglo XXI será el siglo de la angustia y la depresión. Es también por esa razón que actualmente se ve el desarrollo en todo el mundo de comunidades y sectas. Los individuos se sienten más acompañados y la comunidad les da un sentido a los hechos. Es por ello que tanta gente ha vuelto a encontrar el placer de las comunidades y las sectas. Desgraciadamente al mismo tiempo, el comunitarismo prepara la guerra, ignorando o despreciando a las demás comunidades, y las sectas explotan a los individuos".

- Cuando usted afirma que la cultura deber proveer a los individuos de soluciones frente al sufrimiento y la adversidad, ¿qué responsabilidad le cabe al individuo mismo en la construcción de su propia felicidad?

"En la resiliencia, las personas lastimadas son coautoras del renacer de su desarrollo, ya que deben usar sus recursos internos y tratar de encontrar tutores de resiliencia. Es difícil encontrar un equilibrio entre lo privado y lo público, lo íntimo y lo social. La búsqueda constante del placer conduce a la falta del mismo. Es una ley del cerebro que demuestra que cuando se estimula demasiado la zona de placer dentro de él, el exceso de estimulación termina por estimular la zona del sufrimiento".

Boris Cyrulnik Profesor y Director de Enseñanza en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de Toulon, es autor de 17 libros, con numerosas traducciones y un notable éxito de ventas, alcanzando en algunos casos a más de 300.000 ejemplares vendidos. Mencionamos aquellos traducidos al español: "La maravilla del dolor", Ediciones Granica, 2001; "Los patitos feos: una infancia infeliz no determina la vida", Ed. Gedisa, marzo 2002; "Los alimentos afectivos", Ediciones Nueva Visión SAIC, 1994, y "El encantamiento del mundo", Gedisa, Barcelona, 2002.

EL MERCURIO, Artes y Letras, 22 de Junio de 2003.

La maravilla del dolor, el sentido de la resiliencia (Ed. Granica, 2001. )

Por Boris Cyrulnik

No se trata de lo que ustedes creen. No hay desgracia maravillosa. Pero cuando sobreviene la adversidad, ¿hay que someterse? Y si combatimos, ¿con qué armas contamos?
Siempre nos han deslumbrado esos niños que saben superar inmensas desgracias y forjarse una vida de hombre, a pesar de todo. Pero esa manera clásica de plantear el problema revela ya la manera como lo interpreta. Nos "deslumbran" porque han superado una inmensa "desgracia". El deslumbramiento y la desgracia ya están relacionados. Y para que el sentimiento de triunfo acuda a la mente del observador, se necesita que el niño lastimado haya tenido tiempo de escribir varios capítulos de su historia y, al volverse así hacia su pasado, pueda advertir que ha triunfado.

Sólo nucho más tarde, al llegar a la "edad de la razón", podemos atribuir significado triunfal al estruendo de la infancia. Y sin embargo, en el instante mismo de la agresión, había ya un sentimiento en que se mezclaban sufrimiento y esperanza. En el momomento de la herida, el niño abatido soñaba: "Un día saldré adelante...un día me vengaré...les demostraré..." Y el placer de soñar, combinándose con el dolor de la realidad, le permita soportarlo. ¿Tal vez el tormento mismo exaltaba la necesidad de imaginar? "los caminos empantanados tornan más deseable el alba espiritual y más tenaz la exigencia de un ideal". (1)

La desgracia nunca es algo puro, tampoco la felicidad. Pero apenas la convertimos en relato, damos un sentido al sufrimiento y comprendemos, mucho tiempo después, cómo pudimos transformar una desgracia en maravilla, ya que todo hombre herido se ve forzado a la metamorfosis: "Aprendí a transformar la desgracia en una prueba. Si una te baja la cabeza, la otra te la levanta", (2) explica Catherine Enjolet.

Dos palabras organizarán la manera de observar y comprender el misterio de los que han salido adelante y una vez adultos vuelven hacia las cicatrices de su pasado. Son dos palabras extrañas, que preparan nuestra mirada: resilencia y oxímoron.

Cuando la palabra resiliency nació en la física (soltura de reacción, elasticidad), designaba la capacidad de un cuerpo para resistir un choque. Pero atribuía demasiada importancia a la sustancia. Cuando pasó a las ciencias sociales, significó "la capacidad para triunfar, para vivir y desarrollarse positivamente, de manera socialmente aceptable, a pesar de la fatiga o de la adversidad, que suelen implicar riesgo grave de desenlace negativo". (3)

¿Cómo volverse humano a pesar de los golpes del destino?

Notas:

1 A. Ferrari, "introduction" en C. Baudelaire, Petits pemes e prose, 1869; Paris, Hachette, 1951.

2 C. Enjolet, En danger de silence, Paris, Robert Laffont, 200,p.9.

3 S. Vanistendael, Cles pour deveir: la resilince, Les Vendredis de Chateauvallon, nov. 1998; BICE; Bureau Internanional Catholique de l'Enfance, Les Cahiers du BICE, 1996, p.9.

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