Homo Fashion
Ni el frío, ni el pudor son los únicos motivos, nos vestimos y seguimos la moda para aparentar, seducir, dominar y MOSTRAR LA IDENTIDAD. La ropa es nuestro estuche
Un andamio a modo de falda, un palito estrecho y finísimo bajo la planta del pie, un yugo hecho de colgantes pesados agarrado al cuello… Todo eso y muchos otros objetos extraños se ha colocado encima el ser humano, con la admiración y entusiasmo de los demás. Hay expectación por conocer las últimas, originales, sorprendentes y locas ideas del diseñador Galliano y por criticar con qué atuendo nos sorprenderá Madonna en su enésima reinvención. ¿De verdad nos vestimos para protegernos del clima?
Hasta Darwin apuntó la idea de que lo hacemos sobre todo para expresarnos. Hay culturas, antiguas y actuales, en las que no se cubren en sentido estricto, o no se ha encontrado rastro de que lo hicieran, pero no existe ninguna en la que no se hallen adornos. Y cuando los seres humanos no “tenemos qué ponernos”, nos pintamos directamente en la piel. Ahora se llama body painting, pero se practica desde hace muchos siglos por motivos mágicos y religiosos, o bien de ostentanción y muestra de poder y dominio
EL CASO ES PRESUMIR
Recientemente se han encontrado restos de una mina de piedra verde llamada variscita, que servía exclusivamente para hacer cuentas de collar, en una cueva neolítica cerca de Gavà, en la zona catalana del Llobregat. Los humanos nos hemos tomado trabajos ímprobos, como excavar una mina, solo para tener algo de lo que presumir.
Pero la ropa propiamente dicha la usamos desde que no tenemos vello, y el mono desnudo lo está, que sepamos, a partir del Homo erectus. La solución de perder el abrigo es buena cuando marchas por la sabana africana a dos patas y estás harto de pasar calor. Aunque en este striptease hay muchos detalles aún desconocidos. Según Juan Luis Arsuaga, todavía se ignora “por qué los seres humanos tienen cabello, y no pelo, y siempre les está creciendo, cuando los animales tienen pelo, y no cabello, y no les crece”.
DE PRONTO, LLEGÓ El FRÍO
Lo malo de encontrar una buena solución a un problema como el calor es que cuando estás en otro lugar donde hace mucho más frío –por ejemplo, Europa– te las ves y te las deseas para que no te castañeteen los dientes. Entonces, lo más calentito que hay a mano son las pieles de otros animales, justo lo que habías abandonado en el viaje. Los rastros del curtido de la piel se remontan a la cultura Achelense, que en Europa se desarrolló hace unos 600.000 años. Lo más discutible es si desde entonces hay tejidos (véase el recuadro en esta página); científicos como Olga Soffer aseguran que la Venus de Willendorf (24.000 a. de C.) lleva un gorrito en la cabeza.
Los historiadores piensan que los motivos de la aparición del vestido no siempre han sido los mismos en todos los lugares, ni tampoco surgieron simultáneamente. El pudor, otra de las razones, también está plagada de contradicciones: “La hembra se cubre los senos y seguidamente acentúa su forma con un sostén”, dice Desmond Morris.
Que existe el pudor es cierto, pero qué cosas hay que taparse y cuáles se pueden mostrar es un galimatías a lo largo de la Historia. Ha sido indecente enseñar el pie, un escándalo mostrar los brazos, propio de prostitutas salir sin sombrero y hasta en algunas islas del Pacífico podías ir desnudo, pero nunca en una bicicleta que hiciera ruido.
En el uso de la ropa hay igualmente elementos mágicos, religiosos y rituales, como apuntó el antropólogo Wilhelm Wundt. En Egipto están descritas las Fiestas de Jubileo de los faraones (celebración de su ascención al poder), en las que el rey portaba la túnica ritual y se ponía la falsa barba, cosa que hizo hasta la mujer faraón Hatsepsut.
De igual modo, los modernos ritos de ascensión al poder, como la ceremonia de los Oscar, el matrimonio y las fiestas de entrada en la adolescencia (las comuniones) son ocasiones especiales que se afrontan con un atuendo excepcional, inútil (es imprescindible) y a poder ser ostentoso.
EL HÁBITO SÍ HACE AL MONJE
Así que la única razón universal que nos queda realmente es comunicar a los demás quiénes somos: “Nos vestimos para crear nuestra propia identidad”, dice la conservadora del Museo del Traje Amalia Descalzo. “Usamos trajes para ser iguales y ser diferentes”, escribe la profesora británica Alison Lurie. La ropa es un estuche que representa su contenido. Los semiólogos Umberto Eco y Roland Barthes lo han estudiado y concluyen que se trata de un auténtico lenguaje. Este “idioma” resulta complicado, porque tiene abundante polisemia; cada prenda no tiene un solo significado y todo depende de las circunstancias. Eco ha llegado a vestirse prendas ajustadas y otras holgadas para ver qué se siente, y escribe que, así como las primeras muestran tu identidad física, las segundas la ocultan: no hablan de lo que tú eres (lo esconden), sino de lo que piensas.
En el proceso de vestirte defines de dónde vienes, física (tu lugar de nacimiento) y espiritualmente (tu ideología). “En el traje popular, además, se ve tu edad”, dice Irene Seco, conservadora del Museo del Traje, “por los colores del ciclo vital. Hasta en Japón los kimonos claros y brillantes solo se los ponen las jóvenes”. Las ancianas, en España sobre todo, van de negro; pero según Seco, esto no significa que renuncien a la distinción, por eso nacieron las joyas de azabache (piedra negra). También se colgaban monedas romanas y “piedras del rayo”, hachas prehistóricas que servían de talismán porque los campesinos creían que caían del cielo cuando se producía un rayo y en el mismo lugar no pueden caer dos.
Las ideas de la época son otras de las circunstancias humanas que afloran atravesando el atuendo. Alison Lurie interpreta los cambios sociales del siglo XX por la altura del dobladillo: tras la Primera Guerra Mundial, las faldas fueron subiendo lentamente, lo que facilitó el trabajo fuera del hogar de muchas mujeres. En los treinta, la crisis económica oscureció las telas, y a los niños se les disfrazaba de adultos; las faldas bajaron. Hasta los 60 y 70, en que, coincidiendo con el optimismo económico y el baby boom, se inventó la minifalda y las jóvenes se volvieron niñas.
Nada más definitivo para saber qué significa la ropa que la seducción. El color rojo, enseñar más carne de lo habitual y las prendas ceñidas son signos universalmente reconocidos, pero los psicoanalistas señalan, por ejemplo, la forma del bolso como otro indicador. Con cierres y cremalleras: férreo control; con forma de cesta: abierto a propuestas… Parece demasiado fácil, pero no hay duda de que no hace falta quitar el envoltorio para ver lo que hay dentro.
La ropa que te cuida
Tejidos que se endurecen al caerte y camisetas que vigilan tu corazón. Así es la moda inteligente que llevarás.
La tecnología de consumo del futuro será de la talla 44. Los vestidos de noche tendrán GPS e identificadores de radiofrecuencia (RFID), por lo que las pasarelas se parecerán más a Misión imposible que al escaparate de un gran diseñador. “La rápida simbiosis que se está produciendo entre moda y tecnología apunta a que la alta costura dependerá más de Cysco System que de Chanel”, afirmaba la revista Forbes en su especial sobre el futuro del mundo de la moda. Y desde luego, parece que así es. Camisetas con reproductor de MP3 incorporado, guantes para esquiar con mando a distancia y camisetas con LED camuflados cuyo estampado puedes cambiar a diario solo con enviar un SMS. Y alguno de estos productos, denominados smart clothing (ropa inteligente) están ya a la venta gracias a empresas punteras en este campo, como Scottevest, O’Neill y France Telecom.
Gadgets para llevar (puestos)
Que la tecnología formará parte de la moda en los próximos años lo demuestran los laboratorios de wearable computing (ordenadores para llevar), financiados tanto por instituciones científicas como el MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts) como por los departamentos de I+D de empresas de tecnología de consumo e industria textil.
Así, nuevos expertos en esta disciplina presentan cada año sus mejores propuestas en Siggraph, una muestra de tecnología y diseño de vanguardia que en 2006 se celebró en Boston y cuyo Fashion Show (Pasarela de Moda) se ha convertido en el mejor escaparate mundial. Allí hemos podido ver propuestas tan interesantes como los Brinco, unas botas tipo chiruca especialmente diseñadas para “espaldas mojadas”, es decir, los millones de mexicanos que cruzan la frontera estadounidense a hurtadillas en busca de una vida mejor.
Para ello, llevan incorporados brújula, linterna, un mapa de la zona en una plantilla desmontable y hasta un compartimento para analgésicos. También se presentaron complementos como el Electric Bag, un bolso que se ilumina, por fuera, cuando alguien nos llama al móvil que guardamos en su interior, y por dentro, para encontrar las llaves, por ejemplo. Y es que si algo aporta la tecnología a la moda, es precisamente su mejor activo: la utilidad.
Según la consultora internacional IDC, en 2008 contaremos con 1,39 millones de productos de ropa inteligente en el mercado. Ya no se trata de crear solo bonitos diseños que nos adornen, sino que ahora deben servir, además, para algo útil.
Defensa no ornamental
Es el caso de Intimate Partner Violence (IPV) Clothing System, una chaqueta pensada para intervenir en situaciones de violencia doméstica. ¿Cómo? Pues resulta que está dotada de varios sensores de presión que miden la intensidad de un impacto y envían un mensaje a la asociación o a las Autoridades pertinentes. En esta línea está otra chaqueta, llamada No-contact, que produce descargas eléctricas a quien golpee con fuerza al que la lleva puesta. ¿Que alguien intenta atracarte? Pues solo tienes que inducirle a que te toque y caerá fulminado al instante.
Los sensores camuflados en la ropa también están siendo especialmente útiles para el desarrollo de ropa vigía de nuestro entorno. Entre ellos destaca MyHeart, un proyecto europeo en el que participan empresas punteras como Philips y Nokia, que pretenden controlar el estado de nuestro corazón para evitar los problemas cardíacos, tan abundantes en el mundo moderno. Para ello, han desarrollado una línea de camisetas y ropa interior femenina con sensores incorporados que envían datos sobre nuestras constantes vitales a un servidor central. Además, podemos sincronizarlos con una PDA, un teléfono móvil o nuestro ordenador, para que nos “dé un toque” en caso de que nos pasemos con el colesterol, el ritmo cardíaco o el sedentarismo. De un modo muy parecido funciona la también camiseta inteligente LifeShirt System de Vivometrics.
Esta ya está en el mercado, y ha tenido mucho éxito entre profesionales de riesgo, como los bomberos, a quienes avisa del límite de su cuerpo en situación de riesgo. Y Clothing+, una compañía finlandesa experta en producción de prendas inteligentes, ha fabricado también ropa interior para niños dotada de un termómetro que permite a los padres controlar su temperatura corporal a diario, para vigilar su salud y saber si tienen frío o calor. Muy útil, ¿no? Pero además de los sensores, el uso de nuevos tejidos como materia prima para fabricar ropa está dotando a las prendas de “superpoderes” hasta hora impensables, excepto en el terreno de la ciencia ficción.
Tecnología ‘fashion’
En las pasadas Olimpiadas de Invierno, los equipos de Canadá y Estados Unidos apararecieron pertrechados con unos trajes al más puro estilo Spiderman. No en balde, el creador de estos monos tan curiosos era el fabricante de ropa deportiva Spider, que aseguró que los monos de los esquiadores estaban fabricados con un tejido revolucionario llamado d30.
¿Sus ventajas? Pues que en caso de caída, la tela se endurecería y protegería el cuerpo del esquiador. Otro tejido, el desarrollado por la empresa italiana Grado Zero, protege a los mecánicos de McLaren –el equipo de Fórmula 1– y al motociclista español Sete Gibernau. Su nombre es Safe&Cool, y fue desarrollado para trajes espaciales. Se trata de una tela que lleva incorporado un sistema de refrigeración que protegerá a quien lo porte de las altas temperaturas y posibles incendios. También Jaqui Valdman, un recién licenciado de la Universidad RMIT de Melbourne (Australia) sorprendía con la creación de un tejido fabricado con nanopolímeros luminosos que integró en el maillot de un ciclista. “No será necesario utilizar colores fluorescentes como medida de seguridad en la carretera, pues el propio tejido luce cuando lo necesitemos”, aseguraba Valdman en su presentación.
La idea es que este tipo de tejidos pueda llegar, en no demasiado tiempo, al armario de cualquiera de nosotros.
De hecho, algunas empresas de nanotecnología responsables de estas telas prodigiosas ya están trabajando con los fabricantes de moda al uso. Hay ropa con protección solar incorporada, y la empresa cosmética nipona Kanebo ha desarrollado recientemente una camiseta que surte de vitamina E a la mujer que se la ponga. ¡Vamos, una camiseta antiarrugas!
También Nano-Tex, uno de los pioneros en trasladar la nanotecnología a la industria textil, es el proveedor de los tejidos antimanchas, antisudor y antiarrugas que utiliza Gap (el Zara estadounidense) en su colección de este año. Y ExOfficio, una especie de Coronel Tapiocca, ya vende una línea de ropa denominada Buzz Off, con repelentes para insectos insertados en su tejido, y que ha sido todo un éxito.
Otra gran corriente de ropa inteligente, seguramente la más divertida, es aquella que permite al usuario comunicarse con otros por medio de su vestimenta o los accesorios que la adornan.
El vestido te abraza
Kukkia es, a simple vista, una flor de tela de esas que adornan la solapa de una chaqueta o un abrigo. Lo que la hace diferente es que si la acaricias, sus pétalos se cierran, y si la dejas, vuelven a abrirse. ¿Su secreto? El hilo con el que está cosida, es ni más ni menos, que de nitinol, una aleación de níquel y titanio que tiene lo que se denomina efecto térmico de memoria. Es decir: con el calor de la caricia se contrae, y después vuelve a su ser.
Algo parecido sucede con un par de vestidos de novios llamados Kiss me! y que son la última creación de CuteCircuit, la empresa de “diseño interactivo” italiano más puntera. En este caso, la plata y el cobre son la materia prima de los bordados que adornan los trajes del novio y de la novia, y cuando se besan generan electricidad real que ilumina un cartel en la espalda con un mensaje de amor. Y es que Francesca Rosella y Ryan Genz son sin duda dos grandes exponentes de la nueva “moda comunicativa”. Sus Huge Shirts son camisetas con puntos de presión que simulan la intensidad de un abrazo y que pueden ser puestos en marcha con solo enviar una orden vía Bluetooth o un SMS. También son los autores de la falda Skirteleon (mezcla entre falda y camaleón), que cambia el color y su estampado dependiendo del estado de ánimo de la persona que la lleva puesta.
Esta es también la filosofía de la obra de Smart Second Skin, un laboratorio de ropa científica británico, según la denominación de su propia creadora, Jenny Tillotson. Sus trajes están compuestos por sensores que miden nuestro estado de ánimo y el de los que nos rodean, y lo cambia a su antojo. ¿Cómo? Pues si detecta necesidad de felicidad y complicidad, emite un olor a bebé recién nacido que nos incita a segregar oxitocina, y si lo que detecta son feromonas en nuestro entorno, nos avisa de que quien las segrega está, cuanto menos, receptivo sexualmente.
En definitiva, de ahora en adelante seguramente no tendremos que preocuparnos por lavar y planchar la ropa, y ni siquiera serán un problema su color ni su diseño. Pero eso sí, cuando se nos rompa, en vez de a la Retoucherie de Manuela habrá que llevarla al servicio técnico especializado.
Vigila tu salud y llama al médico
Uno de los usos más avanzados de la ropa inteligente es el de actuar como guardiana de la salud. Las camisetas interioriores que miden, como esta, nuestro corazón y el sistema respiratorio son las más abundantes, y algunas de ellas, como las de la firma alemana Warmx, ya están a la venta. Además, hay varios programas en este sentido, financiados por la Comisión Europea –My Heart y Wealthy– que pretenden hacer llegar este adelanto tecnológico a todos los que lo necesiten. Aunque muchos de estos sensores de medición de constantes vitales ya estaban a disposición de los fabricantes por su uso en ropa deportiva.
Para completar el “servicio”, estas prendas se comunican de modo inalámbrico con bases de datos y utilizan móviles y PDA como base de datos personales; es decir, para que el usuario tenga control sobre su propia salud.
La feria más importante de avances en ropa tecnológica para la salud es Avantex, que se celebra cada dos años en la ciudad alemana de Frankfurt. En la última edición, el primer premio de innovación se otorgó a un pijama para bebés, obra de un equipo de la Universidad de Tübingen (Alemania), que se encarga de que el recién nacido esté bien en todo momento y avisa a un hospital en caso de emergencia.
Además, sus inventores aseguran que es muy barato de mantener y que pronto podrá comprarlo cualquier padre preocupado.
Cambia de color, de temperatura, de forma y repele los mosquitos
El futuro pasa por el uso de la nanotecnología para crear, de verdad, tejidos inteligentes. Como el d30, con el que el fabricante de ropa deportiva Spider hizo el equipamiento de las selecciones de Canadá y EEUU, y que se endurece con las caídas.
También se están haciendo telas fluorescentes que guardan el calor para el invierno y se enfrían en verano, que no se arrugan y que repelen las manchas y los mosquitos. ¿Que quieres cambiarte de camiseta? Pues aprieta el botón de un bote de spray y ya tienes una. Así funciona Spray-on, una camiseta que viene en un bote y que se “teje” al contacto con el aire. Y si quieres estar a la moda, ¡olvídate de la seda! Ahora lo que se lleva es el bambú.
Hasta el Departamento de Defensa de EEUU dice estar trabajando en un tejido capaz de absorber cualquier sustancia tóxica de nuestro cuerpo a través de los poros y dejarnos limpios. En cuanto a su aspecto, ya se están haciendo telas moldeables, y el fabricante de vaqueros Serfontaine ha creado un modelo que nunca da de sí.

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