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EL DE LA CALLE 42

Categoría: OTROS

23/09/2007 GMT 1

Carcel de Martutene (San Sebastian)

calle42 @ 09:42

«Aquí hay más droga que en cárceles de 2.000 reclusos. Puede ocurrirte, como le sucedió a un portugués, que entró sin haber probado nunca el caballo, salió enganchado y al poco murió de una sobredosis».

La droga, que está en el origen de la mayoría de las fechorías que penan los reclusos de Martutene, fluye en el mercado negro sin grandes cortapisas: una postura de heroína o cocaína, a veinte euros, el gramo a cien, el doble que fuera de la cárcel. Se consume mucha droga y eso significa que circula también mucho billete, aunque los de curso legal están prohibidos en el interior de la prisión.

Mikel, nombre ficticio de un guipuzcoano de 35 años, salió este verano de la cárcel tras tres años de condena por un delito del que no quiere hablar. Ha conocido otras cárceles, como las de Tánger -«terrible, allí las condiciones eran infrahumanas»-, Villabona, Picassent, Nanclares, Pamplona..., donde enterró otros tres años y medio de su juventud por robos para procurarse caballo y coca.

Ese peregrinaje entre barrotes le proporciona cierta perspectiva para valorar las condiciones de la vida carcelaria en Martutene: lo mejor, la atención médica, lo peor, la gelidez de las celdas sin calefacción en invierno, cuando además de las duchas mana agua fría como de carámbano, y las ratas que se enseñorean de la cocina, aunque otras fuentes rebajan la categoría de los intrusos a la de xagus.

Propias del mundo carcelario son «las injusticias» de algunos funcionarios, así como el trapicheo de droga y móviles, que se venden con sus cargadores por unos 400 euros. «La mayoría de los presos marroquíes y colombianos los tienen». Y los adquieren a sabiendas del riesgo de que «a los dos días un funcionario te lo puede quitar»

A su lado escucha, en un hogar de Donostia, Rita, una africana de 45 años que salió hace dos meses tras dos años y medio por traficar con droga, y ratifica la pincelada sobre las condiciones higiénicas. «Yo he visto nidos de xagus en el horno de la cocina, de verdad. Y ratas en las celdas. Poníamos toallas enrolladas para tapar el hueco del inferior de las puertas, hasta que nos dieron unas cajitas de madera que eran unas trampas con cepo, pero no sirven para nada».

Cinco en un 'chabolo'

El hacinamiento de los presos en las celdas tampoco facilita cierta salubridad. Mikel compartió chabolo con hasta cinco reclusos, cada cual con su tragedia personal, sus fobias, sus desconfianzas... Lo mejor, con diferencia, fue para Mikel la asistencia médica, en un medio en el que el sida y la hepatitis C proliferan. «En otros penales hay presos que están muertos en vida; para ver al médico tienes que hacer una instancia, puede llegar al cabo de seis meses, la medicación no llega, terminas por dejarla... En Martutene ves al médico de infecciosos, estás con las ATS. Esta cárcel es más humana».

También suaviza mucho la convivencia el contacto con los voluntarios. «Es otra de las cosas buenas -prosigue Mikel-, que entra mucha gente de la calle, es una cárcel muy abierta. Está muy bien».

El juicio es, como probablemente no pueda ser de otra forma, muy crítico con los funcionarios, si bien Mikel admite que «aquí hay con ellos más trato que en otras cárceles, donde los funcionarios no salen de sus garitas». El preso, cuya posición puede llegar a ser de extrema vulnerabilidad, lamenta «las injusticias» que vio con impotencia. «La situación hay que vivirla para ser consciente de que tú dependes de ellos, de los funcionarios».

Los tratos de favor, la arbitrariedad y la impunidad del trapicheo también le soliviantan. Rita asegura que en Martutene «el dinero permitido es de cartón, pero luego resulta que circula mucho billete. Allí entran las botellas de whisky, los MP3 con cámara fotográfica, los móviles con sus cargadores....».

La heroína y la cocaína nunca faltan y los que están enganchados se meten a veces en una espiral que acaba indefectiblemente en trifulca: «Es habitual que si te has quedado sin dinero, empeñes alguna cosa de valor, que te entrampes y luego no sepas cómo salir del atolladero». Una postura, «que son cuatro polvos de coca o caballo», cuesta veinte euros, y el gramo, cien.

Rita explica que «en la cárcel sin drogas estás mucho mejor, pero hay gente enganchada que está completamente ida porque se está tratando con metadona, se mete coca, toma medicamentos. Van zombis».

La vida cotidiana de las mujeres en el centro es si cabe más difícil que la de los hombres, porque están más hacinadas. Rita asegura que el módulo de mujeres «tiene un patio tan pequeño que es una vergüenza. No hay sitio para nada, hemos llegado a estar hasta seis-siete mujeres en una celda».

Tiritando de frío

Recuerda el intenso frío que pasaba en las duchas: «Durante el verano, aún, pero es que el agua estaba helada, aquello es un frigorífico. Tienes que ducharte pero te arriesgas a pillar una neumonía. Hay cuatro duchas pero cuando una se abre con agua caliente, del resto sale fría, porque la caldera se acaba enseguida. Es una vergüenza». Durante el último invierno el frío en las celdas a algunas les hacia tiritar durante toda la noche. «Para conseguir que nos dejaran una estufa, había que conseguir un justificante médico. Un día, harta, saqué un radiador de una galería y lo llevé a nuestra celda, y me abrieron un sumario. Joder, pasábamos tanto frío».

Mikel y Rita también denuncian, -querrían contar mas cosas, pero callan porque se siguen sintiendo vulnerables- que la vía establecida para el envío de cartas al exterior, el «curso legal», no funciona como debiera y que las cartas a los jueces para presentar quejas las sacan de la prisión a través de los visitantes. «Por el curso legal no llegan y además toman medidas contra ti».

12/01/2007 GMT 1

Esta es la forma de la última generación de cuerpos.

calle42 @ 21:30

Hemos crecido, pero tenemos más barriga y perdemos progresivamente volumen muscular. Esta es la forma de la última generación de cuerpos.

Nuestro cuerpo ya no es lo que era, ni de altura, ni de peso, ni de forma, ni de la idea que tenemos de él. Nuestras abuelitas se asombran al mirar a sus nietos, mucho más altos de lo que ellas soñaron en su juventud. Un estudio, publicado este año, del equipo de Antonio Carrascosa, Jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Vall d’Hebron, ha puesto los datos a lo que las abuelitas suponían: los jóvenes españoles han pegado un fabuloso estirón; y eso, a pesar de que somos del sur de Europa, donde viven los más bajitos del continente. Los jóvenes han crecido 3,5 cm en los últimos 15 años. Entre 1969 y 1987 subió la talla masculina juvenil 5,4 centímetros, y las chicas crecieron una media de 7,2 cm. Pero, a pesar de nuestro aumento de talla, son otros los favoritos para Primos de Zumosol. Los europeos de los Países Bajos son los humanos más altos del mundo, su talla no ha cesado de aumentar desde 1850; en 1997 se calculó una media de 1,84 m para los hombres, y las mujeres alcanzaban 1,71 m.

La comida no lo es todo

¡Lo que es no pasar hambre! dirían las abuelitas recordando la guerra. Aunque la comida no lo es todo, resulta que lo que realmente importa es la velocidad con que crezcas durante los dos primeros años. Son los huesos largos de las piernas y su longitud general lo que determina la altura. La salud es otro factor: hasta la llegada de los antibióticos y las vacunas, las infecciones perjudicaban mucho el crecimiento de los bebés.

¿Por qué somos gradualmente más altos, en lugar de crecer todo lo “crecible” en una sola generación? Tim Cole, del Instituto de Salud Infantil de Londres, cree que un crecimiento demasiado rápido en la infancia puede acarrear enfermedades en el futuro, y que tal vez exista un mecanismo de límite. Otra parte de la respuesta es que tu altura depende de la de tus padres; o mejor dicho, de su falta de altura. Si ellos (o tus abuelos) no llegaron a la media, es casi seguro que tú tampoco.

Últimos modelos

Nuevas medidas: 60, 90, 60

Si de largo hemos aumentado, no digamos de ancho. Al calcular el índice de masa corporal de los occidentales medios, podemos concluir que tendemos a ser una sociedad francamente gorda. Ya se sabe que en Estados Unidos, donde casi un tercio de la población es obesa y dos tercios tienen sobrepeso, es una trágica epidemia. Pero incluso en España, el estudio antes citado del Hospital Vall d’Hebron nos lo revela: el aumento de altura de los chicos jóvenes españoles podría admitir un incremento de peso de dos o tres kilos, pero los varones pesan ahora unos ocho kilos más que en 1987. Las chicas han controlado mejor su peso, y no sólo no han engordado, sino que han adelgazado. Es por la presión de la imagen y la moda sobre ellas, y tiene su contrapartida en los trastornos alimentarios.

Más altos y mucho más gordos, así somos los occidentales actuales. De hecho, están estudiando un plan en las compañías aéreas para hacer pagar a los viajeros según los kilos que pesan, y en los catálogos de las funerarias se incluyen ya ataúdes XXL, porque también ha variado la forma corporal. Ahora, la mayoría tiene grasa en la cintura, y lo peor es que perjudica más a la salud ser un “barriguitas” que un “culogordo”. Los médicos no saben muy bien por qué, pero cuando alguien acumula grasa en el estómago, también lo hace en los órganos internos. Las personas barrigudas tienen más probabilidades de padecer diabetes tipo 2 y dolencias cardiovasculares. Según Ike Okoson, de la Universidad Mercer en Georgia (EEUU), una cintura superior a 88 cm en las mujeres y 102 cm en los hombres empieza a ser preocupante. En Inglaterra, la media de la cintura femenina ha aumentado de los 70 cm de 1951 a los 86 cm actuales.

Los investigadores que estudian la complexión aseguran que, a medida que vamos teniendo el cuerpo más forrado de grasa, perdemos más y más musculatura. Lo malo es que la tendencia se refleja sobre todo en los niños: aunque no aumenten de peso, sí están más gruesos. Dos o tres agujeros del cinturón es lo que ha variado la ropa femenina juvenil. Con la moda de enseñar el ombligo, las chicas exhiben sin pudor un michelín que no tenían sus abuelas. Esta pérdida de masa muscular significa que los niños desarrollan menos músculo cuando crecen; algo muy preocupante, ya que los músculos correctamente desarrollados son esenciales para la formación de huesos fuertes.

Cada vez más lejos del ideal

Los drásticos cambios de altura y forma de nuestro cuerpo durante los últimos 50 años han provocado unos cuantos quebraderos de cabeza a los fabricantes de ropa: la que se hace ya no sienta bien. Para tratar el problema, un grupo de empresarios del Reino Unido encargó una encuesta a 11.000 británicos usando escáneres de 3D. Estos escáneres utilizan haces de láser para capturar la imagen de una persona, vestida sólo con ropa interior, para construir un mapa en 3D del contorno de su cuerpo. Sólo se tardan unos segundos en hacer cada mapa y, como es en 3D, permite hacer mediciones que antes eran prácticamente imposibles. “Lo que se captura es la forma de la gente”, dice Philip Treleaven, director de la encuesta Talla del Reino Unido y catedrático de Ciencias Informáticas del University College de Londres. “Por ejemplo”, añade, “la curvatura del abdomen de una persona puede ser una medida más acertada de la obesidad abdominal que si consideramos aisladamente la medida de la cintura. Al menos, es de esperar que la ropa de las mujeres (que aún se modela sobre el maniquí de la mujer de los años 50) empiece a sentar mejor. Pero lo más probable es que ni el escáner más avanzado evite que tu trasero parezca, en comparación, enorme.

Lo malo es que el ideal de belleza no sólo no se ha adaptado a los nuevos tiempos, sino que ha agudizado nuestra frustración ante el espejo. En las películas de los años 50 se aprecia. Marilyn Monroe, con sus buenas caderas, y un bajito cargado de espaldas llamado Humphrey Bogart serían desechados inmediatamente en cualquier casting actual. Las mujeres son cada vez más gorditas, y las modelos, muchísimo más flacas; los hombres tienen más michelines, y los actores guapos son más musculosos. El psicólogo Richard Leit, de la Universidad Americana de Washington, analizó a los modelos masculinos entre 1973 y 1997, y concluyó que no sólo se están volviendo más delgados (mientras la población engorda) sino que sufren cada día más el “síndrome Schwarzenegger”, el que proclama “el músculo al poder”. La expresión “complejo de Adonis” se acuñó para designar el creciente interés de los hombres por su cuerpo como expresión de masculinidad.
Ni siquiera las muñecas son inmunes a las presiones estéticas de las diversas épocas. En 1995, Kelly Brownell y Melissa Napolitano, de la Universidad de Yale, fueron las autoras de la famosa reconstrucción a escala humana de las medidas de la muñeca Barbie. Para ser como ella, una chica de talla media tendría que medir medio metro más, añadir 13 cm a su busto y perder 15 cm de cintura. En fin, ¡que sería un monstruo! Las figuras de 1978 que representaban a los personajes de Luke Skywalker y Han Solo, de La guerra de las galaxias, recordaban bastante a los cuerpos de los actores Mark Hamill y Harrison Ford, pero en la edición de 1997, los personajes habían adquirido el cuerpo de sendos culturistas, y el contorno de pecho de la princesa Leia se multiplicó, asombrosamente, por tres.

La pérdida de las curvas

Cuantas más curvas, más apetecible era el camino. Eso parecía en la década de los cincuenta. Hoy, las chicas “en línea recta” están más de moda. Se han analizado los pósters centrales de la revista Playboy, y las chicas cada vez tenían menos busto y caderas y cinturas más anchas. Progresivamente, les desaparecieron las curvas y su índice de masa corporal ha ido disminuyendo en relación con el resto de la población. Las fotos de las dos modelos de Playboy a la derecha, una del año 1959 y otra de 2004, hablan por sí solas. El cuerpo de las chicas de a pie se distancia cada vez más del de las modelos que triunfan, lo que genera cada vez más frustraciones.

Esta cicatriz, de la que dijo un poeta que era la firma de nuestras madres, no es el centro del Universo. De hecho, hay más tipos de ombligos de los que creemos: literarios, geográficos, musicales…

El baile más sensual
Brasil. ¿Cual es una de las estampas más típicas del carnaval de Río? Sin duda, la de dos esculturales garottas, contoneando sus caderas y frotándose los ombligos a ritmo de samba.
Este baile nació en Brasil de la simbiosis de varios ritmos tribales, especialmente el lundu y el jengo, que practicaban los esclavos africanos. Y su nombre deriva de la palabra semba, que en quimbundu (la lengua de Angola) quiere decir ombligo. En un primer momento, los portugueses llamaron a este baile umbigada (choque de ombligos), ya que una de sus características principales es que los danzantes llegan a frotar sus panzas. Finalmente, a principios del siglo XIX, fue rebautizado como samba.

Ombligo de Venus: manjar divino
Cuenta la leyenda que un posadero italiano vio desnuda a la diosa Venus. Impresionado por la perfección de su ombligo, quiso recrear aquel detalle perfecto. ¿Pero cómo, si no era ni pintor ni escultor? Lo hizo en la cocina, con la masa de la pasta. La manipuló mil veces hasta lograr la forma deseada. Al resultado lo llamó tortellini, que popularmente son conocidos como “ombligos de Venus”.

Los bíblicos
Los teólogos polemizaron durante siglos sobre sí Adán y Eva tenían o no ombligo. El Génesis no lo aclara, y eso llevó a los pensadores a preguntarse: si no lo tenían, ¿no eran humanos imperfectos?
Y si lo tenían, ¿para que les servía? Miguel Ángel tomó partido por el bando “ombliguista”, y en sus frescos de la Capilla Sixtina, retrató a Adán con ombligo. Por contra, en 1646, el pensador Thomas Brown dijo: “Atribuir a Adán esa tortuosidad o complicada nudosidad que llamamos ombligo es un error espantoso”. Los “ombliguistas” contraatacaron con la siguiente tesis: Dios creó a Adán y Eva con ombligo para probar la fe de los hombres, y que demostraran de ese modo si eran racionalistas o devotos.

Un símbolo de la naturaleza efímera
En 1939, el cirujano y dramaturgo escocés James Bridie pronunció una estremecedora conferencia en Glasgow en la que afirmó: “Los seres humanos rotamos alrededor del ombligo, ya que somos, a la vez, centrípetos y centrífugos”. Y añadió: “Esa cicatriz es lo que resta del tallo que nos unía al tronco materno.
Es un recordatorio de que hemos sido arrancados y de que tarde o temprano moriremos”.

El espíritu que sorbía ombligos
Una leyenda popular de Venezuela cuenta la historia de El Silbón, un espíritu maléfico que ataca a los borrachos que vuelven de parranda, y les chupa el ombligo para sorberles el aguardiente que han bebido. La tradición dice que el espíritu pertenece a un niño mimado y malvado que, empeñado en comer “asadura” (entrañas), asesinó a su padre y le devoró las entrañas. Fue maldecido por su madre, y desde entonces vaga como un alma en pena buscando nuevas víctimas.

¿Alfred Hitchcock tenía uno?
Evidentemente, cuando nació lo tenía como todos los seres humanos. Pero, según cuenta una de las más extrañas leyendas urbanas que circulan por Hollywood, lo perdió en algún momento de su vida. Dicen que los médicos se lo eliminaron al suturarle una incisión tras someterle a una intervención quirúrgica en el vientre.

La pelusa umbilical
En 2002 se entregó el premio IgNobel (que se concede a investigaciones científicas absurdas) a Karl Kruszelnicki, la gran autoridad mundial en pelusa umbilical. Este pedagogo estudió los ombligos de cinco mil voluntarios y halló pelusa en dos tercios de la muestra; un tercio de ella, azul. Kruszelnicki llegó a las siguientes conclusiones: la cantidad de pelusa era proporcional a la de vello umbilical, y su color dependía del color de la ropa que usaba. “El típico productor de pelusa es un varón con sobrepeso y el abdomen piloso”, afirmó.

Reliquias arqueológicas
Los arqueólogos llaman ombligo al centro de un plato o una fuente cuando es redondo y algo hundido. Y los expertos en heráldica utilizan ese nombre para designar una de las divisiones de los escudos nobiliarios, situada debajo del centro, o “corazón”, del emblema.

Tabú en Hollywood
En los años dorados del cine, enseñar el ombligo en la gran pantalla era una provocación sexual, sobre todo si era femenino. Así, se da la paradoja de que Victor Mature pudo mostrarlo sin pudor en Sansón y Dalila (1940), mientras su compañera de reparto, Hedy Lamarr, tuvo que ocultar el suyo tras chales y joyas. Igualmente, años antes, la actriz Carole Landis escondió el suyo bajo un bañador de piel en la versión de 1932 de Hace un millón de años. Por fortuna, en 1964, la moral ya había cambiado, y Raquel Welch (en la foto) no tuvo problemas para lucirlo en el remake de esa epopeya prehistórica.

Todos los ombligos son redondos
Así se titulaba la obra escrita en 1952 por Alvaro de la Iglesia (a la sazón, director de La Codorniz). En ella, el protagonista conoce a una mujer poco agraciada físicamente, pero con una personalidad fascinante. Se casan y en la noche de bodas el marido descubre cómo su esposa se quita una peluca, una prótesis dental… y se transforma en una bella mujer. Ella le confiesa que, harta de que la cortejasen sólo por su belleza, se afeó para encontrar a alguien que la amase por sus virtudes espirituales.

El arte de… mirarse la barriga
La onfaloscopia era una técnica de oración de los monjes hesicastas de Grecia. Consistía en la contemplación del propio ombligo hasta lograr acompañar el ritmo de la respiración con la repetición incesante del nombre de Dios.
Pero en 1857, el británico Fitz Hugh Ludlow publicó un libro, The hasheesh eater, en el que le daba un nuevo significado al término onfalocéntrico, ya que lo acuñó para designar a la persona egocéntrica que se recrea obsesivamente en su propio mundo.

El centro del Universo
El 6 de abril de 1722, festividad de la Pascua de Resurrección, el holandés Jacobo Roggewen arribó a una isla del Océano Pacífico situada a 3.700 km de la costa chilena, que él bautizó como Isla de Pascua. Pero muchísimo antes, alrededor del 400 antes de Cristo, los antiguos polinesios denominaron esta isla con diferentes títulos; entre ellos, Rapa Nui y Te-Pito-0-Te-Henua, que significa “el ombligo del mundo”. Pero no es el único, ya que cada cultura tiene el suyo. Para los incas, lo era la ciudad de Cuzco, cuyo nombre en quechua significa “ombligo”.

De nuestros cinco millones de folículos pilosos y con el componente de la queratina surge el pelo, una parte de nuestro cuerpo con muchas historias

¿Cómo llegamos a ser monos desnudos?
La razón no está clara; según algunos, cuando el homínido bípedo abandonó el bosque y se adentró en la sabana bajo un sol abrasador, tuvo que perder pelo para mantenerse fresco. Parece también que a nuestros antepasados les atraía más el Homo pelado que el peludo, y se trasmitieron mejor los genes lampiños. Quizá lo perdimos para que se nos vea más la cara y mejorar la comunicación. La teoría más reciente señala que la ropa, el fuego, vivir en cuevas, etc., permitieron a nuestros antepasados deshacerse del pelo y terminar con los parásitos y, por tanto, también con las enfermedades que estos transmiten.

¿Por qué los monstruos son velludos?
Se conocen tristes historias de personas tratadas como monstruos por padecer hipertricosis (exceso de vello corporal), como el canario Petrus Gonsales, en el siglo XVI. El mito viene desde el poema de Gilgamesh (2500 a. de C.), donde aparece el dios Endiku “cubierto de pelo como el dios de los animales”. Nuestra parte bestial nos emparenta con otros mamíferos con pelo, como los lobos y los osos, cosa que a los humanos no parece agradarnos. Por eso hay mitos como la Bestia, el Hombre Lobo, el Yeti, Big Foot y Cheewaka. La relación entre el pelo y la naturaleza impura del ser humano es evidente según los integristas. Mohammed Atta, principal terrorista del 11-S, anotó entre las tareas de la víspera del ataque: “Afeitarse los excesos de vello corporal”, una purificación necesaria antes
de la inmolación.

¿Todas las mujeres se depilan?
En el estreno de la película Notting Hill, Julia Roberts escandalizó al levantar el brazo y exhibir una gran mata de pelo. Hay culturas y épocas en las que también sucedió: las mujeres blancas de nivel social alto en Centroamérica no se depilaban, para diferenciarse de las lampiñas indígenas. La gran “purga” depilatoria empezó en 1915, cuando se desplegó la “campaña de la axila” y Gillette presentó su primera afeitadora para mujeres. A finales de la II Guerra Mundial, la mayoría de las occidentales se depilaban piernas y axilas. En un estudio de la psicóloga Susan Basow, se pensaba que las mujeres con vello eran menos inteligentes, sociables, felices y decentes. En La mujer desnuda, Desmond Morris dice que depilarse las axilas limita las señales olfativas, para engañar en la selección sexual natural.

¿Por qué hay negros que se lo alisan y blancos que lo rizan?
En el caso de los negros, era un modo de integración en la sociedad blanca. El líder Malcolm X cuenta en su autobiografía la humillación en los años 40 de su primer conk, el proceso para desrizarse el pelo, que procedía del término “congolese”. Con huevos, patatas, jabón, gelatina de petróleo (una especie de pez) y lejía, se untaba el pelo hasta quemarse el cuero cabelludo. Después, ya hubo actores, como Sydney Poitier, y cantantes, como Little Richard, que se dejaron su pelo rizado. En los 60, a raíz de las reivindicaciones de la negritud, surgió el peinado “afro”, que mostraba con orgullo las raíces africanas; pero hoy, muchos siguen alisándose el pelo como opción estética. Por el lado blanco, las alteraciones capilares son constantes en la historia, y se han utilizado rizos y tirabuzones con diversos significados tanto estéticos como antropológicos.

De nuestros cinco millones de folículos pilosos y con el componente de la queratina surge el pelo, una parte de nuestro cuerpo con muchas historias

¿Hay alguna razón para conservar el vello púbico?
Los motivos no están claros: una teoría dice que es una señal fiable de madurez reproductiva, ya que el desarrollo del vello púbico indica disposición al apareamiento. Otra afirma que dirige la atención hacia los órganos reproductivos; en particular, hacia el pene. También se ha planteado su conservación porque sirve de amortiguador de los genitales durante el acto sexual. David Stoddart, de la Universidad de Tasmania (Australia), cree que la clave está en que se localiza en zonas donde tenemos las glándulas odoríferas importantes, y puede intensificar olores y esparcirlos por el aire, para captar posibles parejas. El vello púbico se ha depilado en épocas y culturas. En la actualidad, las mujeres portan bañadores y tangas cada vez más reducidos, y suelen quitarse el vello de las ingles. Está de moda depilarse el pubis con formas diversas, como de corazón, o pintorescas (según una peluquera), como el dibujo del escudo de un club de fútbol.

¿Qué significan las rastas?
Las rastas provienen de una tradición tan antigua como la leyenda de Sansón. Por otro lado, Ras es un título de príncipe que Hailie Selasie reivindicó al proclamarse emperador de Etiopía en 1930. El Ras Tafari iba a ser el nuevo redentor nacido de la casa de David, a la que pertenecía Sansón. En Jamaica se instaló una colonia de Etiopía durante el comercio de esclavos, y en los años 60, antes de la independencia, se reivindicó esta procedencia africana. La religión rastafari prometía su liberación en Etiopía y usaba la marihuana para llegar a la conciencia. Uno de los símbolos de identidad era el pelo enmarañado, tomado de las insurrecciones Mau Mau, africanos que se rebelaron contra la ocupación británica: aparecieron vestidos de soldados rebeldes y con rastas en la prensa internacional. Después las adoptaron los músicos de reggae, como Bob Marley.

¿De verdad el pelo sigue creciendo tras la muerte?
No. Lo que pasa es que los diminutos músculos que provocan la “piel de gallina”, los erector pilii, se contraen con el rígor mortis. Estos músculos son herencia de cuando los pelos de punta indicaban miedo o ira. Al morir, los pelos se ponen de punta por la contracción de estos músculos, lo que, unido al encogimiento de la piel al descomponerse el cadáver, da la impresión de que el cabello crece. Además, la queratina, componente principal del cabello, no es soluble en agua; por eso, los cadáveres conservan el pelo y las uñas más tiempo.

¿Desde cuándo se depilan los hombres?
En los restos de Pompeya se encontró la huella de un hombre que estaba desnudándose, y su vaciado indicó que llevaba el vello púbico afeitado en forma redondeada. Los investigadores concluyeron que lo que se veía en las estatuas y estaba considerado como un convencionalismo escultórico, en realidad era una copia de la realidad: los pompeyanos se depilaban. Pero en la mayoría de las culturas, el vello en los hombres ha sido considerado un símbolo de masculinidad, y de hecho está producido por la testosterona, la hormona masculina. Si bien el cabello largo, por ejemplo en los patriarcas, está normalmente asociado al poder masculino, el antropólogo Pagel cree que en nuestro empeño por desnudarnos de vello, hombres y mujeres usamos la piel como valla publicitaria para atraer posibles parejas. “Es como decir: mira toda esta zona de mi piel que no tiene pelo; fíjate en que tampoco existen ni marcas ni manchas. Además, no tengo parásitos. Por lo tanto, aparéate conmigo.” Eso es lo que explica que tanto a los hombres como a las mujeres no les guste tener vello en la espalda, que es la superficie más grande del cuerpo a la hora de exhibir la desnudez.

Tienes cuerpo de atleta?

Sabemos que tu deporte actual es el ‘tumbing’, pero ¿y si un cazatalentos se hubiera fijado en tu cuerpo? ¿En qué podrías haber sido un ‘crack’?

Correr como un loco, saltar sobre una plancha de metal y lanzarse pendiente abajo de cabeza a lo largo de un recorrido de hielo lleno de curvas a 120 km por hora. Quienquiera que desee competir en la nueva disciplina olímpica llamada skeleton, sin duda necesitará mucho arrojo. Pero hace falta algo más: es imprescindible tener el tipo de cuerpo adecuado. Y es que no por correr varios kilómetros diarios te mereces una medalla. Hace falta que la madre naturaleza te haya dotado de un tipazo apto para que Florentino Pérez se fije en ti. Ni siquiera está claro que todo el mundo tenga la que podríamos llamar “inteligencia deportiva”, que incluye, además, habilidad psicomotriz. Las condiciones físicas concretas para cada modalidad, aunque hay excepciones (véase el recuadro de la derecha), son las que más se parecen a los parámetros medios que tienen los buenos atletas. Para averiguarlas, los especialistas en Biomecánica del Movimiento y Cineantropometría realizan encuestas y mediciones en las que tienen en cuenta: la altura, el peso, la edad, la proporción de los miembros, la disposición de la grasa corporal y la relación entre masa muscular y esqueleto, además de otros aspectos como la forma de moverse. Con todas estas premisas, hacen un estudio matemático y hallan el llamado somatotipo, una representación en tres dimensiones. Así es como deciden quién es más apto para practicar el tiro olímpico o la gimnasia deportiva.

¿Podrías comparar tu cuerpo serrano con el que establecen los cánones deportivos? En ciertos aspectos, sí, pero en otros no, pues se requieren mediciones de musculatura y de esqueleto sólo realizables por especialistas y con instrumentos adecuados.
Pero sí hay cosas que te inclinan hacia uno u otro deporte. Por ejemplo, quien quiera jugar al baloncesto masculino debe medir más de 30 cm por encima de la media de los hombres de su país. Otros deportes aptos para un bigardo son el remo y la natación. Un nadador alto, sencillamente llega antes a la meta, así que necesita menos potencia para recorrer la misma distancia. En el tenis, la cosa es discutible: los altos tienen ventaja en el saque, pues consiguen un ángulo más agudo; pero los más menudos logran mayor aceleración y agilidad. Y como el tenis actual (sobre todo, el masculino) se basa mucho en la potencia de saque, tal vez estemos abocados a los tenistas gigantes.

Pero no te desesperes si eres menudo, porque, aunque parezca mentira, puede que tengas ventaja en otros deportes. Los atletas de fondo y medio fondo tienen menos peso que acarrear y pueden refrigerarse mejor a causa de su gran superficie corporal en relación a su peso. Y además, giran más fácilmente y toman mejor las curvas; por eso también los gimnastas y patinadores artísticos a menudo tienen menor talla que la media normal.

Esos malditos kilitos

Sí, sabemos que el sobrepeso es tu cruz, pero puedes acudir al viejo truco de que se debe a tu potente musculatura. Efectivamente, el músculo pesa más que la grasa, y las personas fornidas son ideales, además de para el sumo, para el tiro olímpico y otros grandes esfuerzos rápidos, como el levantamiento de pesos superpesados. Vasily Alexyev, que estableció 80 récords en esta modalidad y ganó dos medallas de oro olímpicas levantando 263 kilos, era un muchachote que pesaba 160 kilos y se salía de todos los percentiles.
Si tus brazos estirados casi te sobrepasan las rodillas, no es que seas el eslabón perdido; por el contrario, tus miembros largos actúan como grandes palancas, en especial si tu torso es estrecho. Serías estupendo para el remo y el waterpolo, y aumentarías tu alcance en el boxeo, aunque te vendrían bien unas piernas cortas para tener un centro de gravedad bajo. Pero olvida lo de levantar pesos: cualquiera que tenga los brazos cortos te va a ganar.
Los auténticos michelines grasos son malos para casi todo: se carga con un peso que no sirve para nada. Sólo en la natación de larga distancia puede ayudar a la flotabilidad y aislar del frío. No tener grasa también es malo, sobre todo para las mujeres, pues causa una pérdida de densidad ósea.
Los cazatalentos recurren a los científicos para que les hagan mediciones en 3D, escaneos y modelos informáticos que faciliten la tarea de seleccionar atletas.

Desde la tierna infancia

En muchos deportes hay que empezar de niño, aunque es difícil predecir el desarrollo. Hay países como Estados Unidos, con 41,7 millones de jóvenes entre 10 y 19 años, y China, que cuenta con 228 millones. Las grandes naciones pueden sentarse a esperar que despunte algún atleta. Pero en países como España, donde contamos sólo con 4,5 millones de adolescentes, la creación de programas para buscar futuros talentos resulta vital.
A veces, el análisis se usa para identificar a quienes están compitiendo en una modalidad pero reunen mejores condiciones para otra. También tiene su razón de ser en deportes de equipo, porque puede corroborar que cada deportista está jugando en la posición para la que tiene más cualidades. Además, ayuda a los atletas a optimizar su entrenamiento. Tú también puedes dirigirte hacia el ejercicio más apto para tu cuerpo. Si luego prefieres acodarte en la barra del bar, eso ya es cosa tuya.

¿Estamos a salvo en España?

calle42 @ 21:21

En el Mediterráneo es raro, pero no imposible, un terremoto de gran magnitud. Hemos simulado lo que sucedería en Barcelona si llegara a sus costas una ola de 10 metros, como la de Asia

Viajamos a la deriva, y no se trata de una metáfora existencial, sino de una realidad geológica. La Península Ibérica no es más que un pedacito de una placa tectónica que asoma por encima del mar; en concreto, la placa euroasiática, que, como las otras ocho grandes placas que sustentan toda la tierra emergida, se mueve. Cuando una placa tectónica se encuentra con otra que lleva distinto rumbo, chocan. En el choque de dos grandes placas tectónicas que se encontraron hace 50 millones de años, la indoaustraliana y la euroasiática, se gestó el origen del devastador terremoto y el consiguiente tsunami que, antes de que acabara el año 2004, afectó a siete países del Sudeste Asiático. En esos movimientos de empuje, en los que una placa trata de meterse debajo de la otra –que reciben el nombre de movimientos de subducción–, se ocasionan tensiones que, en momentos concretos (como acaba de ocurrir en Indonesia), se relajan. Y entonces, la tierra se rompe en dos. Una porción a un lado de esa falla se eleva respecto de la otra, y si esto se produce en el mar, el empuje hacia arriba de un bloque desplaza una columna de agua. Ahí es donde brota el tren de olas que recibe el nombre de tsunami. Del mismo modo, la placa tectónica que sustenta África empuja hacia el norte del planeta y choca contra Eurasia, la balsa en la que navegamos nosotros.

El día 21 de mayo de 2003 se produjo en Argelia un sismo devastador. Un terremoto de tal magnitud no es sorprendente en el norte de África, teniendo en cuenta que Argelia y casi toda la costa norteafricana se encuentra en esa zona de fricción de las placas tectónicas eurasiática y africana. Alcanzó los 7 grados de magnitud. Como consecuencia, en Baleares se hundieron 150 embarcaciones y se anegaron numerosas calles y sótanos, producto de un tsunami que afectó a sus costas con olas de dos metros de altura. Este ha sido el último encuentro con un tsunami en las costas españolas, pero no ha sido el único, y ni mucho menos el más contundente.

Se puede decir que, en la cuenca mediterránea, cada 250 años es esperable un terremoto que pueda generar un tsunami relevante. También es activa la zona entre Gibraltar y las Azores, como mostró la ola que destruyó parte de Lisboa en 1755 y afectó a las costas de Cádiz y Huelva. Aquel sismo tuvo características muy similares al registrado en el Sudeste Asiático, con una magnitud aproximada de 9 grados en la escala de Richter y con epicentro en el sur del Cabo de San Vicente. Originó un tsunami de olas de 12 metros que tardaron en alcanzar la costa de Huelva 60 minutos. Más de 40.000 personas murieron, 2.000 de ellas en Huelva y Cádiz.

El Instituto Geográfico Nacional (IGN) elaboró el estudio Terremotos y la Peligrosidad de Tsunamis en España, y en su investigación señalaron en el sur de nuestro país el mayor riesgo de sufrir un tsunami. Estudiaron las cinco fallas de mayor peligrosidad, situadas en el mar de Alborán, el estrecho paso que nos separa del continente africano. El responsable del estudio, Emilio Carreño, explica: “Un terremoto de magnitud 6 que se produjera junto a la costa norte de África, bajo el agua, en una de estas fallas, provocaría un tren de olas (muy inferior al registrado en Indonesia) que afectaría de Cádiz a Baleares”.

Hay un dato tranquilizador: Carreño afirma que estas “grietas” existentes entre la placa africana y la euroasiática en el Mediterráneo “no pueden producir un terremoto que alcance los 8,9 grados”. Pero lo cierto es que actualmente no contamos con ningún sistema de aviso que pudiera alertarnos de la llegada del tsunami. “Desde que se produce una ola en el Pacífico”, explica Carreño, “hasta que llega a California o Japón, pasan al menos dos horas. Desde la costa africana hasta que llega a España pasan minutos”. El problema no es sólo detectar el terremoto, sino saber cuáles serán sus consecuencias. Desde la puesta en marcha del centro de alerta de tsunamis que EEUU tiene en el Pacífico, el 70% de las alarmas fueron falsas, lo que provoca una pérdida de confianza de la población en los sistemas. Según Carreño: “Debería reforzarse la educación ciudadana en caso de tsunami en Cádiz, Huelva, Baleares y la costa este de la Península”.

Así quedaría Barcelona si sufriera un gran tsunami

La foto del antes y el después. Si una ola como la que ha arrasado 7 países asiáticos llegara a Barcelona, alcanzaría la tercera planta de los edificios costeros. La imagen grande muestra una simulación, realizada por Quo a partir de datos geológicos de la costa catalana, de cómo quedarían anegados más de 500 m desde la línea de costa. Desaparecería el puerto marítimo, y el agua llegaría hasta la plaça de Catalunya.

¡Salta! Merece la pena probar

calle42 @ 20:57

La historia del ser humano no es más que la historia de sus utopías. La humanidad sólo ha avanzado cuando ha corrido el riesgo de perseguir lo imposible, y es gracias a esos visionarios que la frontera de lo posible se fue ensanchando.” Esta afirmación del escritor uruguayo Mario Benedetti deja patente la idea, bastante extendida, de que, si algo nos define como humanos, es ese impulso irresistible por ir siempre más allá, por desear aquello que no podemos poseer.

Los orígenes de lo inalcanzable

Ignacio Martínez, profesor titular de Paleontología de la Universidad de Alcalá y uno de los artífices de los descubrimientos de Atapuerca, asegura: “Desde el punto de vista anatómico, los seres humanos desbordamos los límites de nuestra fisiología, vivimos allí donde un animal nunca iría. Así, no estamos preparados para soportar climas fríos, pero hemos inventado artilugios para sobrevivir a bajas temperaturas. Sin embargo, no hay ningún león que se haya decidido a vivir en el polo. Esto demuestra, al menos, que el ser humano posee algo, que podemos llamar rebeldía ante lo conocido o establecido, que nos ha llevado a ir más allá de nuestras posibilidades”.

Entonces, ¿la capacidad de inventar, de desear ir más allá es exclusiva de nuestra especie? Para Martínez, es difícil pensar que nuestra especie tiene un órgano para la rebeldía o creatividad que no tenían las especies anteriores que poblaron la Tierra, y en las que no hubo ningún atisbo de estas habilidades. “Sin embargo, lo que sí vemos en el registro fósil, continúa Martínez, es que en la evolución humana hay un aumento del cerebro, y que este va acompañado de modos tecnológicos más complejos”. Según Martínez, la explicación a la aparición de un ser dotado de creatividad es que nuestra especie es, en cierto modo, infantil. Asegura que en nuestra evolución anatómica ha jugado un gran papel la neotenia, esto es, que la especie descendiente mantiene los caracteres infantiles de la especie antecesora.

Para Martínez: “En la evolución humana, y debido a este proceso de retardo en el crecimiento, o neotenia, igual que mantenemos caracteres infantiles en nuestro esqueleto, conservamos también otros rasgos infantiles, como la creatividad y la rebeldía”. Pero, sea cual sea el origen, ¿Por qué perseguimos imposibles?

07/01/2007 GMT 1

¿Estamos a salvo en España?

calle42 @ 20:26

En el Mediterráneo es raro, pero no imposible, un terremoto de gran magnitud. Hemos simulado lo que sucedería en Barcelona si llegara a sus costas una ola de 10 metros, como la de Asia

Viajamos a la deriva, y no se trata de una metáfora existencial, sino de una realidad geológica. La Península Ibérica no es más que un pedacito de una placa tectónica que asoma por encima del mar; en concreto, la placa euroasiática, que, como las otras ocho grandes placas que sustentan toda la tierra emergida, se mueve. Cuando una placa tectónica se encuentra con otra que lleva distinto rumbo, chocan. En el choque de dos grandes placas tectónicas que se encontraron hace 50 millones de años, la indoaustraliana y la euroasiática, se gestó el origen del devastador terremoto y el consiguiente tsunami que, antes de que acabara el año 2004, afectó a siete países del Sudeste Asiático. En esos movimientos de empuje, en los que una placa trata de meterse debajo de la otra –que reciben el nombre de movimientos de subducción–, se ocasionan tensiones que, en momentos concretos (como acaba de ocurrir en Indonesia), se relajan. Y entonces, la tierra se rompe en dos. Una porción a un lado de esa falla se eleva respecto de la otra, y si esto se produce en el mar, el empuje hacia arriba de un bloque desplaza una columna de agua. Ahí es donde brota el tren de olas que recibe el nombre de tsunami. Del mismo modo, la placa tectónica que sustenta África empuja hacia el norte del planeta y choca contra Eurasia, la balsa en la que navegamos nosotros.

El día 21 de mayo de 2003 se produjo en Argelia un sismo devastador. Un terremoto de tal magnitud no es sorprendente en el norte de África, teniendo en cuenta que Argelia y casi toda la costa norteafricana se encuentra en esa zona de fricción de las placas tectónicas eurasiática y africana. Alcanzó los 7 grados de magnitud. Como consecuencia, en Baleares se hundieron 150 embarcaciones y se anegaron numerosas calles y sótanos, producto de un tsunami que afectó a sus costas con olas de dos metros de altura. Este ha sido el último encuentro con un tsunami en las costas españolas, pero no ha sido el único, y ni mucho menos el más contundente.

Se puede decir que, en la cuenca mediterránea, cada 250 años es esperable un terremoto que pueda generar un tsunami relevante. También es activa la zona entre Gibraltar y las Azores, como mostró la ola que destruyó parte de Lisboa en 1755 y afectó a las costas de Cádiz y Huelva. Aquel sismo tuvo características muy similares al registrado en el Sudeste Asiático, con una magnitud aproximada de 9 grados en la escala de Richter y con epicentro en el sur del Cabo de San Vicente. Originó un tsunami de olas de 12 metros que tardaron en alcanzar la costa de Huelva 60 minutos. Más de 40.000 personas murieron, 2.000 de ellas en Huelva y Cádiz.

El Instituto Geográfico Nacional (IGN) elaboró el estudio Terremotos y la Peligrosidad de Tsunamis en España, y en su investigación señalaron en el sur de nuestro país el mayor riesgo de sufrir un tsunami. Estudiaron las cinco fallas de mayor peligrosidad, situadas en el mar de Alborán, el estrecho paso que nos separa del continente africano. El responsable del estudio, Emilio Carreño, explica: “Un terremoto de magnitud 6 que se produjera junto a la costa norte de África, bajo el agua, en una de estas fallas, provocaría un tren de olas (muy inferior al registrado en Indonesia) que afectaría de Cádiz a Baleares”.

Hay un dato tranquilizador: Carreño afirma que estas “grietas” existentes entre la placa africana y la euroasiática en el Mediterráneo “no pueden producir un terremoto que alcance los 8,9 grados”. Pero lo cierto es que actualmente no contamos con ningún sistema de aviso que pudiera alertarnos de la llegada del tsunami. “Desde que se produce una ola en el Pacífico”, explica Carreño, “hasta que llega a California o Japón, pasan al menos dos horas. Desde la costa africana hasta que llega a España pasan minutos”. El problema no es sólo detectar el terremoto, sino saber cuáles serán sus consecuencias. Desde la puesta en marcha del centro de alerta de tsunamis que EEUU tiene en el Pacífico, el 70% de las alarmas fueron falsas, lo que provoca una pérdida de confianza de la población en los sistemas. Según Carreño: “Debería reforzarse la educación ciudadana en caso de tsunami en Cádiz, Huelva, Baleares y la costa este de la Península”.

Así quedaría Barcelona si sufriera un gran tsunami

La foto del antes y el después. Si una ola como la que ha arrasado 7 países asiáticos llegara a Barcelona, alcanzaría la tercera planta de los edificios costeros. La imagen grande muestra una simulación, realizada por Quo a partir de datos geológicos de la costa catalana, de cómo quedarían anegados más de 500 m desde la línea de costa. Desaparecería el puerto marítimo, y el agua llegaría hasta la plaça de Catalunya.

El ser humano necesita soñar con imposibles. La ciencia descubre por qué.

calle42 @ 20:25

Volar como Supermán o conquistar la Luna. El ser humano necesita soñar con imposibles. La ciencia descubre por qué.

La historia del ser humano no es más que la historia de sus utopías. La humanidad sólo ha avanzado cuando ha corrido el riesgo de perseguir lo imposible, y es gracias a esos visionarios que la frontera de lo posible se fue ensanchando.” Esta afirmación del escritor uruguayo Mario Benedetti deja patente la idea, bastante extendida, de que, si algo nos define como humanos, es ese impulso irresistible por ir siempre más allá, por desear aquello que no podemos poseer.

Los orígenes de lo inalcanzable

Ignacio Martínez, profesor titular de Paleontología de la Universidad de Alcalá y uno de los artífices de los descubrimientos de Atapuerca, asegura: “Desde el punto de vista anatómico, los seres humanos desbordamos los límites de nuestra fisiología, vivimos allí donde un animal nunca iría. Así, no estamos preparados para soportar climas fríos, pero hemos inventado artilugios para sobrevivir a bajas temperaturas. Sin embargo, no hay ningún león que se haya decidido a vivir en el polo. Esto demuestra, al menos, que el ser humano posee algo, que podemos llamar rebeldía ante lo conocido o establecido, que nos ha llevado a ir más allá de nuestras posibilidades”.

Entonces, ¿la capacidad de inventar, de desear ir más allá es exclusiva de nuestra especie? Para Martínez, es difícil pensar que nuestra especie tiene un órgano para la rebeldía o creatividad que no tenían las especies anteriores que poblaron la Tierra, y en las que no hubo ningún atisbo de estas habilidades. “Sin embargo, lo que sí vemos en el registro fósil, continúa Martínez, es que en la evolución humana hay un aumento del cerebro, y que este va acompañado de modos tecnológicos más complejos”. Según Martínez, la explicación a la aparición de un ser dotado de creatividad es que nuestra especie es, en cierto modo, infantil. Asegura que en nuestra evolución anatómica ha jugado un gran papel la neotenia, esto es, que la especie descendiente mantiene los caracteres infantiles de la especie antecesora.

Para Martínez: “En la evolución humana, y debido a este proceso de retardo en el crecimiento, o neotenia, igual que mantenemos caracteres infantiles en nuestro esqueleto, conservamos también otros rasgos infantiles, como la creatividad y la rebeldía”. Pero, sea cual sea el origen, ¿Por qué perseguimos imposibles?

La necesidad y la motivación

Según la psicología clásica, el ser humano se mueve por la motivación, es decir, las necesidades propias del ser humano que condicionan su comportamiento. De hecho, cuando surge una motivación, la necesidad que sentimos rompe el equilibrio del organismo y causa un estado de tensión, o insatisfacción, que nos lleva a desarrollar un comportamiento, o acción, que sea capaz de descargar esa tensión y librarnos de la incomodidad que nos produce. Según Arribas: “Satisfacer una necesidad produce placer en el ser humano. Es un hecho que muchas de estas necesidades satisfechas desprenden la misma sustancia, la dopamina, que se desprende en otras adicciones, como las de la cocaína y el alcohol”.

Y esta es la razón principal por la que todos aspiramos a conseguir cosas que, pensamos, nos pueden producir placer, aunque estén fuera de nuestro alcance. Estos son los motivos que mueven al hombre a buscar más allá de sus límites. Pero ¿cuáles son estos menesteres? El ser humano tiene unas necesidades básicas –fisiológicas, de seguridad y sociales– y otras más elaboradas, como las de autoestima y las de autorrealización. Las elaboradas son, precisamente, las que nos empujan a perseguir “imposibles” y son, además, exclusivas del ser humano. Los animales sólo se mueven por necesidades básicas, como la supervivencia y el hambre.

En los años 70, el psicólogo Abraham Maslow formuló una teoría según la cual el comportamiento humano se rige por la jerarquía de sus necesidades. Lo que significa que primero tiene que satisfacer las mas básicas (las fisiológicas, por ejemplo) para que se presenten los motivos superiores. Según sus propias palabras: “Es cierto que el hombre vive solamente para el pan, cuando no hay pan. Pero, ¿qué ocurre con los deseos del hombre cuando hay un montón de pan y tiene la tripa llena crónicamente?”.

Qué quiere del hombre moderno

Un estudio publicado en el año 2000 por un equipo de psiquiatras de la Universidad de Ohio, en Estados Unidos, da respuesta a esto. Después de realizar una encuesta pormenorizada a más de 6.000 individuos, y tras cinco años de investigación, concluye que las necesidades del ser humano del siglo XXI son, y por este orden jerárquico; vitalidad, independencia, curiosidad, aceptación, orden, ahorro, honor, idealismo, relaciones sociales, familia, venganza, amor, comida, ejercicio físico y tranquilidad. Resulta interesante que, en una sociedad desarrollada y consumista como la estadounidense, sean estas las necesidades prioritarias que rigen el comportamiento humano. Pero algo realmente curioso es el hecho de que, en las sociedades con menos comodidades, incluso quienes no tienen sus necesidades básicas cubiertas también aspiren –incluso por delante de las básicas– a satisfacer necesidades supuestamente superiores, como las de incrementar sus conocimientos o poseer objetos de lujo. El doctor Steven Reiss, director del estudio de Ohio, achaca estas aspiraciones a lo que él denomina “deseos ficticios”, que son aquellos que crea el mundo exterior a través de la publicidad, por ejemplo. Gracias a ellos se crean, según Reiss, dos grupos: “Los que tienen acceso a los objetos y los que sólo los contemplan”. Sin embargo, al contrario de lo que pasa con las necesidades intrínsecas del ser humano, lo que caracteriza a las ficticias es que nunca nos hacen sentir gratificados por completo; las consigamos o no, nos sentimos igual que cuando no logramos satisfacer las necesidades más íntimas: frustrados.

El fracaso
Algo a tener en cuenta, cuando se trata de aspirar a cosas fuera de nuestro alcance, es la posibilidad, bastante cierta por otro lado, de no conseguirlas. Esto produce en nosotros el efecto contrario al placer y la satisfacción, es decir, el dolor y el fracaso. De hecho, Arribas apunta que aspirar a grandes cosas en la vida es la principal causa de estrés y ansiedad en nuestra sociedad actual. “Por eso, los psicólogos recomendamos a nuestros pacientes con trastornos de este tipo que se marquen pequeñas metas, más accesibles, para ir acercándose a las más grandes poco a poco. Es como subir una escalera. Como no sabes qué hay arriba, es más aconsejable subir los escalones de uno en uno e ir escalando”. Aunque, por otra parte, la falta de ilusión o deseo puede hacer nuestra vida muy lúgubre. No en balde, el neurólogo Nolasc Acarín afirma en su obra El cerebro del rey: “En términos neurobiológicos diríase que la ilusión es una emoción que facilita la motivación. La motivación nos empuja a tener proyectos, y a seguir interesados en la vida. Si la andadura es satisfactoria, sentimos placer”.

¿Merece la pena?
Por eso, a la pregunta de si soñar con cosas imposibles es bueno o malo, Arribas responde: “En muchas ocasiones, soñar con alcanzar metas inalcanzables es una trampa que nos ponemos para evadirnos de una realidad que no nos satisface. El problema se produce cuando se nos va de las manos y la no satisfacción de la necesidad creada provoca fracaso e insatisfacción, que nos hace infelices. Es el peligro de querer cumplir un sueño inalcanzable, que se convierta en el único motivo de nuestra existencia y dejemos a un lado lo que debería ser el sueño inalcanzable en el que deberíamos poner nuestro empeño: ser felices”.
El ensayo ¿Por qué deseamos lo que deseamos?, publicado recientemente, es el resultado de un estudio llamado Proyecto del deseo humano, realizado durante diez años por un equipo interdisciplinar de la consultora de investigación The Next Group. Su objetivo era descubrir las nuevas tendencias en las expectativas de las personas, y en sus conclusiones afirma que el deseo humano moderno va más allá de lo material. Según los trabajos de este equipo, parece claro que el hombre actual, al que define como metafísico, tiene un nuevo deseo superior que rige su vida. Se trata de alcanzar un estado óptimo de ánimo, el máximo placer interior y la plenitud de la mente. Así explican la proliferación de lugares de retiro, la moda zen, el yoga, etc… En definitiva, parece claro que soñar imposibles no es en sí algo negativo; lo importante es dirigir nuestros esfuerzos a alcanzar las metas correctas, o en otras palabras, aquellas que nos produzcan una satisfacción real y duradera. Así que ¡manos a la obra!

Salta! Merece la pena probar

¡Prueba superada! Ellos sí alcanzaron sus sueños

Muchos han sido los científicos, en todas las disciplinas, que fueron tomados por locos cuando quisieron compartir sus descubrimientos con el mundo. Gracias a quienes decidieron soñar imposibles y lucharon por conseguirlos –en algunos casos, incluso a costa de su propia vida– la humanidad ha progresado hasta donde nos encontramos. Estos son algunos casos.

Hermanos Wright
Un juguete con una hélice despertó en ellos su deseo de volar. El 17 de diciembre de 1903 realizaron el primer vuelo de la historia con su Flyer III.

John Von Neumann
Desde niño, su obsesión era construir una máquina de cálculo. Consiguió construir el primer ordenador con memoria RAM de la historia.

Ada Lovelace
La hija de Lord Byron fue una gran matemática a principios del siglo XIX. Adivinó lo qué sería el software de una computadora.

Isaac Newton
Su obsesiva observación de la naturaleza le llevó a descubrir teoremas, como la ley de la gravedad, que hicieron historia

Sadi Carnot
Descubrió la ley física de las fuerzas cinéticas. Nadie le creyó hasta un siglo más tarde.

Jules Verne
Cuando describió la llegada del hombre a la Luna, fue considerado un fabulador. Hoy es un visionario.

Anatomía del amor platónico

Cuanto más irrealizable, mayor será el deseo. Enamorarse platónicamente significa anhelar justo aquello que te niegan.

Prendarse de una artista de Hollywood, de una persona que vive y seguirá viviendo al otro lado del mundo, de un cantante al que no saludaremos jamás… A casi todos nos ha sucedido en algún momento, aunque sepamos que es absurdo, inútil e irrealizable. ¿Por qué? ¿Para qué sirve engancharse con amores imposibles?
Existe la hipótesis de que las personas muy enamoradizas tienen dificultades para segregar la cantidad óptima de una sustancia llamada hormona del amor, o feniletilamina, responsable –junto con otras, como la dopamina– de ese estado de “levitación teresiana” en que se encuentran los novios al principio de su relación. Según algunos investigadores, las personas que se “cuelgan” con mucha facilidad de otras, sin que les importe la inutilidad de su sentimiento, lo hacen para elevar sus bajos niveles de feniletilamina.

El enamoramiento desbocado también aumenta la producción de varios neurotransmisores, como la adrenalina y la oxitocina. Ellos influyen en nuestro estado de ánimo, y hay quien padece síndrome de abstinencia cuando en su cerebro no abundan. El nivel que tengamos de ellos la primera vez que nos enamoramos puede determinar la forma de extasiarnos a lo largo de nuestra vida. Investigadores como el sueco Kerstin Uvnas-Moberg y la estadounidense Helen Fisher han demostrado que el amor que perdura es, primero, porque se realiza, y segundo, porque se trasforma. El desenfreno inicial, o el que se sufre en el amor platónico, es insostenible y peligroso para un ser humano, porque le impide medir el riesgo.

Hay épocas en la vida –como la adolescencia y la juventud– y estaciones del año o situaciones –como las de crisis, peligro o temor– en las que somos más vulnerables al amor fantasioso. Y también hay diferencias sexuales, que convierten a las mujeres en víctimas más propicias del dardo en llamas.
Los primeros que prestaron atención al papel que juega el momento vital en la vulnerabilidad ante el amor platónico fueron los psicólogos Arthur Aron y Donald Dutton. Después de analizar el sentimiento desde el punto de vista de la historia, la filosofía y la psicología experimental, estos científicos descubrieron la constante presencia de la ansiedad. Sin la adversidad, Romeo y Julieta quizá no hubieran pasado de escarceos. Es la incapacidad para conseguir a sus amadas lo que hace incondicionales a Cyrano de Bergerac y a Quasimodo.

Para probar que la ansiedad tiene mucho que ver en el enamoramiento, los psicólogos Aron y Dutton realizaron un experimento. Colocaron a dos hermosas estudiantes en sendos puentes sobre un valle profundo en Vancouver, Canadá. Uno de estos puentes era bajo y seguro; el otro, altísimo, endeble y constantemente agitado por el viento. Por los puentes hicieron pasar a un grupo de voluntarios. Cada chica les entregaba, a su paso, su número de teléfono. ¿Qué sucedió? Pues que todos los que pasaron por el puente peligroso llamaron a la guapa correspondiente. A la otra belleza, en cambio, sólo la telefoneó el 22% de los candidatos.

¿QUÉ TENÍA QUE VER PLATÓN?
Este tipo de amor se llama platónico por una errónea interpretación de El banquete de Platón. En esta obra, la sobremesa se prolonga porque el tema de conversación, el amor, resulta muy interesante. Sócrates sentencia que dura un instante y no muere jamás. Pero Aristófanes, en boca de Platón, cuenta la “verdadera manera de entender el amor”. En los albores del mundo, los humanos se diferenciaban en tres sexos: hombre, mujer y andrógino, una mezcla de ambos. Pero cada individuo era redondo, tenía dos cabezas, cuatro piernas, cuatro brazos, etc. Los humanos eran felices, poderosos… y quisieron subir al cielo para atacar a los dioses, que, asustados, los partieron en dos, para que no fueran tan orgullosos.

Entonces aparecieron los seres humanos actuales, capaces de todo, pero en el fondo incompletos. Una fuerza interior les empuja a buscar su otra mitad, para volver a sentir la plenitud anterior al “tijeretazo divino”, y ya entonces se decía que era tan difícil como dar con una aguja en un pajar. Hoy pueblan el mundo 6.000 millones de mitades a la busca. Por cierto, que Platón avisa de que la otra pieza del puzzle no tiene por qué ser necesariamente del sexo opuesto.
Aristófanes termina asegurando que quien halle su mitad sabrá que la ha encontrado, porque no querrá ya jamás separarse de ella. La otra mitad es el verdadero hogar, y quien no la busque o, buscándola, tenga la desgracia de equivocarse, no cumplirá su objetivo en el Universo. Pero Platón no dice en ningún momento que este amor sea inalcanzable o irrealizable, ni excluye el trasiego erótico.

Es que el amor platónico, tal y como hoy lo entendemos, es más bien el amor cortés. Don Alonso Quijano, cuando se convirtió en el Quijote, transformó a la vulgar Aldonza Lorenzo en la delicada damisela Dulcinea. Un caballero andante de la época necesitaba una dama, más como medio que como meta; era una justificación para emprender aventuras en su nombre. En El Quijote, Cervantes recreó una práctica de moda ya en el siglo XIII, cuando los caballeros eran capaces de enfrentarse a dragones para conseguir tocar la mano de una lánguida y recatada dama, con quien jamás habían hablado y de la que nada sabían. Todo muy casto, porque el sexo ni se lo planteaban. Para eso estaban las prostitutas, las cortesanas, los efebos y algunos soldados.

Requiebros de amor cortés

Según el protocolo del amor cortés, el noble que quisiera hacerse una reputación debía declarar su amor puro a una mujer de alcurnia, aunque tanto ella como él estuvieran casados. No estaba mal visto, porque el fin, oficialmente, no era terminar compartiendo alcoba. El caballero se arrogaba la protección de la dama y ella le sometía a una serie de pruebas que él llevaba a cabo para obtener su favor. El desdén (también protocolario) de ellas les ponía a cien. Se daban todos los ingredientes para desembocar en un amor loco, obsesivo y platónico. Y no pocos perdían la vida en el intento. Los que sobrevivían, en cambio, perdían interés en cuanto conseguían la devoción de la dama. El trofeo resultaba menos atractivo que el camino recorrido en su busca.

Hay muchos ejemplos históricos y de leyenda: Ginebra y Lancelot, Isolda y Tristán, y más tarde, y en España, doña Leonor de Tovar y don Suero de Quiñones, quien organizó las justas del Paso Honroso en las que se propuso, y logró, romper trescientas lanzas de otros tantos caballeros venidos de toda Europa. Finalizada la proeza, el enamorado peregrinó a Compostela, herido, para entregarle al Apóstol el cintillo que le había dado la dama.

Años más tarde, aquella hazaña le pasó factura: uno de los caballeros que había sido humillado en las justas mandó matarle.

Amores que matan (o casi)

Hay personas obsesivas que no encuentran límites.

Petrarca y Laura, Eneas y Dido, Dante y Beatriz, Romeo y Julieta… La literatura está sembrada de historias de muerte a causa del amor imposible. Y en la vida real, el amor ronda la muerte muchas veces, a causa de una obsesión. Aquí están algunos, que trascendieron por los nombres de sus víctimas.

Jodie Foster fue la obsesión de un fan, John Hinckley Jr., quien quiso llamar su atención cometiendo un atentado en 1981 contra el entonces presidente de EEUU, Ronald Reagan.

Monica Seles sufrió la agresión de un admirador de Steffi Graff. El alemán Günther Parche no pudo soportar que Seles fuera por delante de su musa en la clasificación de la WTA, y la apuñaló por la espalda.

Richard Gere padeció un largo acoso por parte de una admiradora alemana, una perturbada de 51 años que abandonó a su marido para seguir al actor, con amenazas, hasta el fin del mundo. Lo más lejos que llegó fue al calabozo.

Michael J. Fox recibió, a lo largo de dos años, más de 6.000 cartas de una fanática. En ellas lanzaba espeluznantes amenazas contra el actor, su mujer y su hijo. La familia se vio obligada a contratar los servicios de Gabin De Becker, un detective privado especializado en alejar de las estrellas de Hollywood a estos enamorados terroristas. Tantos casos como este se dan, que De Becker ha hecho una fortuna. Algunos de sus clientes fueron Madonna, John Travolta, Dolly Parton, Robert Redford, Jessica Lange y Warren Beatty.

Olivia Newton-John se topó en la puerta de casa con su perro muerto y un mensaje: “Necesito matarte”.

Y a Cher, un admirador la rondó al más puro estilo Van Gogh: se cortó una oreja y se la mandó por paquete exprés. Tanta es la presión de los starkillers (que es como se conoce en inglés a estos admiradores furibundos), que no perdonan que sus amores platónicos del cine se enamoren y se casen. Así, actores como Halle Berry y Clint Eastwood no salen a la calle sin un arma. O como Sharon Stone y Eddie Murphy, que no abandonan sus hogares sin unos matones contratados especialmente para guardarles las espaldas.

Buscadores de Eldorado

Nada separa a quien se adelanta a su tiempo del que cree en quimeras. De hecho, se llaman igual: visionarios.

Por no hacer caso al siempre mordaz dramaturgo español Enrique Jardiel Poncela –“en la vida humana sólo unos pocos sueños se cumplen; la gran mayoría de los sueños se roncan”– muchos hombres empeñaron la vida, o casi. Los hay que se congelaron azotados por el frío polar, y también que murieron consumidos por sus obsesiones. Pero, ¿qué otra manera de descubrir los límites de lo posible hay, si no es haciendo las cosas como nadie lo ha intentado antes?

Encontrar El Dorado
De todos los que dieron su vida por encontrar El Dorado, fue quizá sir Walter Raleigh quien más empeño puso. En 1595, con cinco navíos y más de cien soldados, enfiló rumbo a Sudamérica siguiendo las orientaciones del soldado español Pedro Sarmiento. Raleigh se adentró en el Orinoco, pero no halló nada. En 1617, el pirata inglés lo intentó de nuevo, pero su ataque a Santo Tomé puso fin a la expedición. La ciudad española resistió el sitio, y en la refriega perecieron la mayoría de los ingleses. Derrotado, Raleigh regresó a su país en junio de 1618. Su asalto provocó una crisis diplomática entre Inglaterra y España, y el monarca inglés Jacobo II le hizo ajusticiar a los pocos días de su vuelta de América.

Descubrir que Troya fue real
Heinrich Schliemann estaba convencido de que Troya no era una invención de Homero, que había existido en realidad. Pese a lo arriesgado de su apuesta, el arqueólogo alemán insistió en seguir al pie de la letra las indicaciones topográficas de los versos homéricos, y llegó a la conclusión de que Troya debía estar bajo las ruinas de las fortificaciones de Hissatlik, en las inmediaciones de la boca del estrecho de los Dardanelos (actual Turquía). En 1870, Schliemann comenzó allí los trabajos y pronto encontró Troya. Los siguientes 20 años los pasó excavando lo que quedaba de la legendaria ciudad. Su trabajo mostró nueve capas de restos arqueológicos, desde finales del Neolítico a la época romana.

Pasar el estrecho de Bering
Desde principios del siglo XIX, los rusos intentaron encontrar un paso por mar que comunicase el océano Pacífico con el Atlántico. En 1819, una expedición al mando del Comandante Mijaíl Vasilyev se adentró en el estrecho de Bering en busca de una ruta que permitiese transportar mercancías desde Alaska hasta los territorios rusos en Europa del Norte. Tras tres años de búsqueda, Vasilyev no pudo encontrar el ansiado paso, aunque completó los primeros mapas de la costa septentrional norteamericana. Casi cien años más tarde, los rusos encontraron el paso del noroeste. En 1915, los rompehielos Taimir y Vaigach completaron el primer viaje entre Vladivostok, en el Pacífico, y Arjangelsk, en el mar Blanco.

Nada separa a quien se adelanta a su tiempo del que cree en quimeras. De hecho, se llaman igual: visionarios.

Construir una ópera en la selva
A principios del siglo XX, Brian Sweeney Fitzgerald, conocido como Fitzcarraldo por los indígenas, intentó construir un monumental edificio donde se interpretara ópera en el centro de la selva amazónica peruana. Ayudado por un grupo de nativos, Fitzcarraldo transportó los materiales río arriba en un barco de vapor, pero al intentar trasladar la carga por tierra los indígenas se negaron a continuar, lo que dio al traste con la expedición. Existe, sin embargo, una ópera en el Amazonas. Se trata del Teatro Amazonas, en la ciudad brasileña de Manaos. Construido durante el bum de las exportaciones de resina, a finales del XIX, el edificio fue sufragado por los terratenientes locales y se inauguró el último día de 1896.

Cruzar la Antártida a pie
La primera expedición que lo intentó fue la liderada por Robert F. Scott en 1902, pero las durísimas condiciones terminaron con su aventura. Seis años más tarde, el irlandés Ernest Shackleton fue el siguiente en probar, y se quedó a menos de 150 kilómetros de su objetivo. El noruego Roald Amundsen, finalmente, alcanzó el Polo Sur en 1911. Pero Shackleton no se dio por vencido. En 1914 volvió, y cuando su barco, el mítico Endurance, quedó atrapado entre los hielos, el irlandés obligó a su tripulación a seguir caminando hacia el Polo Sur. Después de más de 20 meses deambulando con su tripulación por la Antártida, consiguió atravesarla. Habían recorrido 640 kilómetros.

Soldados con superpoderes
La idea inicial surgió del teniente coronel Channon, quien, en su libro First earth batallion operations manual (1979), propuso crear “supersoldados” que pudieran doblar metales con la mente, caminar sobre fuego, visualizar los pensamientos del enemigo y cosas por el estilo. Al Pentágono le impresionaron las ideas de Channon, y a mediados de los años 80 se embarcó en el Proyecto Jedi, un plan secreto para crear un cuerpo de élite capaz de atravesar paredes, volverse invisible y parar el corazón del enemigo con la mente. De todas las propuestas del manual de Channon, la única que se ha aplicado es “el uso de sonidos discordantes para confundir al enemigo”.

¿Vida inteligente en el espacio?
En 1960, Frank Drake comenzó a rastrear el cielo en busca de señales electromagnéticas no aleatorias que evidenciaran la existencia de civilizaciones extraterrestres. En las décadas siguientes, la NASA fue incrementando su presupuesto en esta área y lanzó cuatro programas basados en la detección de señales no aleatorias. Desde 1993, la NASA busca planetas parecidos a la Tierra donde se pudieran encontrar signos de vida. En la actualidad, los científicos utilizan el SOFIA, un gigantesco avión con un telescopio que rastrea planetas similares al nuestro. En 2007 lanzarán Kepler, una nave espacial que analizará las propiedades geofísicas de miles de planetas.

Grandes torpes de la humanidad

calle42 @ 20:17

Estos son los políticos, reyes y científicos que han cometido las mayores y más célebres METEDURAS DE PATA de todos los tiempos.

MENELIK II, negus (rey) de Abisinia, compró una silla eléctrica sin que en su país hubiera electricidad. Así que optó por usarla como trono.
Una leyenda oriental cuenta que los Reyes Magos no fueron tres, sino cuatro; y a los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar habría que sumar el de Artabán. ¿Y por qué casi nadie ha oído hablar de él? Por la sencilla razón de que nunca llegó al Portal de Belén. Era tan torpe que, por el camino, dejó que le liaran para solucionar diversos pleitos. Los otros tres soberanos se cansaron de esperarle en el punto que habían acordado para reunirse, y decidieron seguir el camino sin él, siguiendo el rastro de la Estrella Mágica. El pobre Arbatán perdió así su oportunidad de coger “el tren” que le habría hecho entrar en la historia… o en la leyenda.

Pero el suyo no es un caso único. Porque existen numerosos ejemplos reales de personajes que, por su ineptitud, dejaron escapar oportunidades únicas para alcanzar la gloria. Y peor aún: existen muchísimos más cuyos nombres se han hecho famosos y han pasado a la posteridad. Pero no por su talento y grandeza, sino por su notable estupidez y falta de tacto. Unos y otros forman el peculiar club de los mayores “metepatas” y tontos de todos los tiempos.

"Hitler ha sido la gran personalidad masculina del pasado año, 1938." Revista Time, 1938.
Hitler fue ídolo de pacifistas

Nadie va a negar aquí el prestigio de la revista estadounidense Time, pero seguro que su propietario y fundador, Henry Luce, sentía deseos de que le tragase la tierra cada vez que alguien le recordaba que su publicación había elegido como Hombre del Año de 1938 a ¡Adolf Hitler! Aunque en su descargo se podría argumentar que en aquel entonces todavía abundaban los ingenuos que creían en las buenas intenciones del dictador alemán.

Sin ir más lejos, el propio primer ministro británico, Neville Chamberlain, proclamó en 1938, tras regresar de su viaje a Berlín para firmar el llamado Pacto de Munich: “Si hubiera más hombres como Hitler, la paz estaría garantizada en Europa”. Y un año después, los nazis invadieron Polonia.

Parecida sensación de ridículo debió sentir años después Sylvester Stallone tras los atentados del 11-S en Nueva York. En 1988, el actor había rodado Rambo III, sobre las aventuras del musculoso héroe luchando contra los soviéticos en Afganistán. Y hoy día nadie se acordaría de aquella mala película si no fuera porque Stallone tuvo la desafortunada ocurrencia de acabarla con una dedicatoria, una voz en off que decía: “A los talibanes, heroicos luchadores por la libertad de su pueblo”.

Los espías más torpes

No hay nada como creerse muy listo para que las meteduras de pata resulten aún más clamorosas. Un ejemplo es la llamada Operación Cicerón, considerada uno de los episodios más ridículos de la historia del espionaje mundial, y en el que todos los personajes involucrados parecieron esforzarse por demostrar que eran más inútiles que el resto.

El protagonista principal de este vodevil de intriga fue Elyeza Bazna, un albanés que trabajaba como ayudante de cámara de sir Hugh Knatchbull, embajador británico en Ankara (Turquía) durante la II Guerra Mundial. Ambicioso y con pocos escrúpulos, comenzó a trabajar como espía para la embajada alemana.

Usando el apodo de Cicerón, Bazna les vendía planos de ingenios electrónicos que su jefe guardaba en su caja fuerte. Los alemanes le pagaron muy bien por aquellos planos, pero su contenido les desconcertaba. Lógico. El embajador británico era una especie de inventor chiflado que en su tiempo libre diseñaba circuitos y disparatados modelos de electrodomésticos que nunca funcionaban. Y lo que Bazna les estaba vendiendo a los nazis (sin saberlo) eran justo aquellos planos (años después, Graham Greene se inspiró en este personaje para escribir su novela Nuestro hombre en La Habana).
Como era de esperar, los nazis empezaron a desconfiar del albanés. Y la consecuencia fue que, cuando el traidor les facilitó otros documentos auténticos y muy valiosos –entre ellos, los informes sobre las cumbres de los líderes aliados en Casablanca y Teherán–, los alemanes dudaron de su autenticidad.

Finalmente, los británicos acabaron descubriendo los manejos de Bazna y montaron un operativo para atraparle. Pero la suerte sonrió una vez más al espía, quien les dio esquinazo y escapó a Brasil llevándose el dinero que le habían pagado previamente los nazis.

En el país sudamericano, el albanés se dedicó a vivir como un rey, pero la historia tampoco tuvo final feliz para él. Al cabo de un mes, la Policía se presentó en su domicilio con una orden de arresto por fraude. Y es que, haciendo bueno el célebre dicho “Roma no paga traidores”, los alemanes habían remunerado los servicios del espía con dinero falso.

Otro personaje que también se creía muy listo pero que, como Bazna, acabó siendo víctima de un caso de “justicia poética”, fue John Coffee, un constructor irlandés al que, en 1873, las autoridades contrataron para edificar una prisión en la localidad de Dundalk.

Coffee finalizó las obras en el plazo acordado, pero al revisar las cuentas, los funcionarios gubernamentales descubrieron que el empresario había falsificado todas las partidas para cobrarles mucho más dinero. El truhán fue condenado por estafa y, cosas de la vida, cumplió su condena en el mismo penal que él mismo habia construido.

Si estas son sus esposas, lo mejor que puede hacer con ellas es cortarles la cabeza. Muhamad Alí, shah de Persia, 1899, al príncipe de Gales en una recepción.
El rey que creía que el café era mortal

Ni siquiera algunos reyes, portadores de la dignidad más majestuosa, se libran de inscribir su nombre en los anales de la historia de la estupidez humana. Es el caso de Gustavo III de Suecia, un monarca que detestaba el café hasta el punto de creer que se trataba de una bebida letal y que su consumo prolongado podía causar la muerte.

Para demostrarlo, se le ocurrió una absurda idea. Condenó a un reo de asesinato a ser ejecutado lentamente, bebiendo doce tazas de café diarias, mientras un grupo de médicos iba comprobando su progresivo deterioro físico. Pero el soberano nunca vio el desenlace del experimento, ya que murió casi diez años después, en 1792, asesinado por un disidente que se llamaba Anckarström. Y en los años sucesivos fueron muriendo uno a uno los médicos que el rey había designado.

De hecho, al final el único que quedó vivo fue el reo, quien acabó siendo indultado y murió mucho tiempo después, por causas perfectamente naturales. Aunque eso sí, nunca dejó de tomarse sus tacitas diarias de café.

Tampoco tiene desperdicio el caso de Menelik II, emperador de Abisinia. En 1887, un empleado de Thomas Alba Edison llamado Harold P. Brown inventó la silla eléctrica, y en 1890 se ejecutó con ella al primer reo: William Kleiner.

La noticia dio la vuelta al mundo, y al enterarse, el emperador abisinio hizo las gestiones para comprar una que, creía, sería un símbolo de su gran poder. Pero Menelik no tuvo en cuenta un detalle esencial. La silla letal solo funcionaba con electricidad, un adelanto que por aquel entonces todavía no había llegado al país africano. Evidentemente, el rey no pudo achicharrar a ningún reo con aquella silla, pero, tratando de buscarle alguna utilidad, no se le ocurrió mejor idea que utilizarla como trono durante algún tiempo.

Menos estúpido que sus colegas anteriores fue Muhamad Alí; no el boxeador, sino un shah de Persia que en 1899 viajó a Inglaterra en visita oficial. Allí, el soberano persa demostró que la delicadeza no era precisamente una de sus virtudes, porque durante una recepción celebrada en el palacio de Saint James, al ver a las damas invitadas, tuvo la lamentable ocurrencia de comentarle al príncipe de Gales que si aquellas eran sus esposas, lo mejor que podía hacer era decapitarlas a todas, dada su fealdad. Como era de esperar, no volvieron a invitarle nunca más.

La historia está repleta de bocazas y profetas de pacotilla que, por su ceguera, rechazaron adelantos e inventos que estaban llamados a cambiar el mundo. Es el caso de Rutherford Richard Hayes, uno de los directivos de la compañía de telégrafos Western Union, que en 1876, cuando Alexander Graham Bell quiso venderle la patente de su nuevo invento, el teléfono, le respondió con una carta que decía: “Su invento parece interesante, señor Bell, pero sinceramente no acabo de verle su posible utilidad práctica.”

Y los ejemplos de visionarios similares abundan en todos los campos. El físico estadounidense Lee DeForest sentenció en 1957: “El hombre nunca pisará la Luna, al margen de los posibles adelantos científicos”. Solamente doce años después, el astronauta Neil Armstrong se paseaba por nuestro satélite.

Igualmente, el padre del cine, Louis Lumière, sentenció que su gran invento no pasaba de ser una curiosidad científica y que no le veía “ninguna posibilidad de ser explotado comercialmente”. Años después, el productor Irving Thalberg tomó el testigo de Lumière y vaticinó en 1927 el fracaso del cine sonoro, alegando que “nadie en su sano juicio puede soportar dos horas escuchando a un grupo de personas hablando sin parar”.

Otro que dejó escapar el negocio de su vida fue Dick Rowe, un ejecutivo de la compañía discográfica Decca Recording Company, quien en 1962, tras escuchar las maquetas de un grupo de muchachos melenudos, sentenció: “No me gusta cómo suenan; además, la música de guitarra ya está pasada de moda”. Pero, claro, si hubiera sabido entonces que aquellos jóvenes eran The Beatles…

Un desprecio similar lo sufrió en su propia carne Ronald Reagan cuando en 1964 se presentó a una prueba para el papel de presidente de los EEUU en el filme El mejor hombre. El productor, Walter R. Hagen, le rechazó alegando que “no parece lo suficientemente inteligente como para resultar creíble como mandatario”. Se ve que, años después, los votantes no pensaron lo mismo.

El rey Gustavo III de Suecia

Nunca bebió ni una sola taza de café, ya que creía que era un brebaje tan mortal como el cianuro.

Sylvester Stallone, 1988

"Los talibanes son unos heroicos luchadores por la libertad."

Reagan, el mejor amigo del chimpancé

Precisamente, de Reagan se han dicho y escrito muchas cosas, y muy pocas de ellas buenas. No es nuestra intención juzgar aquí a tan controvertido personaje, pero ni sus más acérrimos detractores pueden negar que su historia tiene semejanzas con la de Forrest Gump: sus enemigos se empeñaban en demostrar que era tonto, pero el destino siempre le echaba una mano haciendo que sus rivales acabaron pareciendo más idiotas que él.

Es innegable que su carrera cinematográfica (salvo dos o tres títulos) no fue demasiado brillante, pero probablemente la película más patética que protagonizó en su vida fue Bedtimes for Bonzo (1945), una ridícula comedia en la que era un estudiante universitario que tenía que compartir apartamento con un ¡chimpancé parlanchín!

La historia viene al caso porque, cuando en 1965 Reagan se presentó como candidato republicano al cargo de gobernador de California, su rival, el demócrata Patrick Brown, trató de ridiculizarle resucitando aquella vieja película. Financió de su propio bolsillo la reposición del filme, y al cartel, en el que se veía a Reagan y al mono, se le añadió un nuevo eslogan: “Adivine cuál de los dos está más preparado para ser gobernador”.

Pero al tal Brown el plan le estalló en sus mismas narices, porque, cuando le preguntaban a la gente que salía del cine, todos respondían que iban a votar a Reagan. ¿Cuál era la razón? Pues porque estaban convencidos de que alguien que era capaz de mostrarse tan tierno con un chimpancé no podía ser en el fondo una mala persona.

Pero las tonterías no son solo patrimonio de los tontos, y ni siquiera los representantes más brillantes y geniales del arte y la ciencia se han librado de meter la pata hasta la ingle.

"Sinceramente, señor Bell, no acabo de ver la posible utilidad de su invento". Rutherford Richard Hayes, directivo de la Western Union, a propósito del teléfono, inventado por Graham Bell, 1876.
Un seguro contra extraterrestres

Es el caso del cineasta Stanley Kubrick, quien creía firmemente en la existencia de extraterrestres. Por eso, cuando inició el rodaje de 2001, una odisea del espacio (1968) quiso suscribir un seguro con la Lloyd’s de Londres, temiendo que en ese período se pudiera producir un contacto con seres de otros mundos que echara por tierra las tesis de su carísima película y le arruinase. Pero lo gracioso del caso es que la Lloyd’s no firmó el trato alegando “altas posibilidades de riesgo”.

Peor fue lo de Theodor von Bischoff, un fisiólogo alemán y experto en Anatomía de la Universidad de Heidelberg que, a finales del siglo XIX, estudió la diferencia entre los cerebros del hombre y de la mujer.

erminadas sus investigaciones, llegó a la conclusión de que el cerebro masculino pesaba una media de 1.350 g, mientras que el femenino solo llegaba a los 1.250 g. El investigador se basó en esa diferencia de peso para afirmar la superioridad intelectual del varón sobre la mujer. Conviene señalar que es cierto que los cerebros masculinos suelen pesar más que los femeninos, aunque ese hecho no tiene ninguna relación con la capacidad intelectual de las personas.
Pero von Bischoff no lo creía así, y defendió su tesis machista hasta el final de su vida. La lástima es que, tras su muerte, uno de sus discípulos quiso pesar el cerebro del científico. ¿Y adivinas cuál fue el resultado? 1.245 g. Menos mal que el pobre Bischoff ya no estaba vivo para afrontar semejante ridículo.

Mucho más fácil de disculpar fue el caso de George Atwood, un brillante matemático que no solo ha pasado a la historia por sus investigaciones, sino también por un desafortunado e involuntario desatino. Se cuenta que estaba tan absorto en su trabajo que, cuando vinieron a comunicarle que su esposa había fallecido en un accidente, respondió: “Está bien, pero que espere a que termine con esto”.

Y es que, como dijo Descartes, “Dios dispuso que las estupideces de los hombres fueran efímeras, pero algunas veces sus palabras las condenan a ser eternas”.

Cambia de postura

calle42 @ 20:14

Quiero saber cómo se vive el sexo siendo mujer, y sentir en mi propia carne cómo es un orgasmo femenino.” El sueño más íntimo del cantante Robbie Williams hoy es sólo una fantasía húmeda, pero quizá pueda ser factible dentro de poco tiempo, gracias a la realidad virtual o a la manipulación hormonal. ¿Que suena a ciencia ficción?

Pues preparémonos para abrir nuestras mentes, porque científicos, artistas y cool hunters (cazadores de tendencias) ya están “cocinando” las fantasías sexuales del mañana. Descubre cómo será el erotismo que viene, desde las tendencias más inmediatas y probables hasta las que parecen imaginadas por un grupo de visionarios calenturientos.

Primeros coitos por control remoto

“El sexo actúa como un virus.” Lo afirmaba el escritor William Burroughs en su novela El almuerzo desnudo, aludiendo a la capacidad del erotismo para “infectar” cualquier avance tecnológico. Internet sería la demostración más palpable de que las profecías del escritor se han hecho realidad, pero también existe el orgasmo más allá de los chats eróticos. Y para comprobarlo, basta con darse una vuelta por la sección tecnológica de la Adult Entertainment Expo, la mayor feria de entretenimiento para adultos, que se celebra en Las Vegas. Allí, los fanáticos del sexo tecnológico descubren los nuevos gadgets eróticos.

¿El último grito? Los cyberdildonics, juguetes sexuales por control remoto que se conectan a la red para que dos personas que practican cibersexo alcancen el orgasmo aunque estén separadas por miles de kilómetros y no puedan tocarse. Pero la novedad que está llamada a revolucionar el campo del erotismo cibernético es el uniforme de sexo virtual: un traje de neopreno con 36 sensores electrónicos acoplados a las zonas erógenas de nuestra anatomía. El traje se conecta a la red, y gracias a él, el usuario siente las caricias, los besos y todos los estímulos eróticos que le proporciona su ciberpareja. “Es lo más parecido que existe al sexo real”, explica Robin Hartman, director de la revista Cybersociology.

Pese a todo, los adelantos descritos no ocultan una decepcionante realidad: “El mundo del sexo virtual todavía está en pañales”, tal y como reconoce Hartman. Y sus palabras no parecen exageradas. Quien haya visto la película eXistenz (David Cronenberg, 1999) recordará cómo los protagonistas conectaban su organismo a un sistema informático que descargaba a sus cerebros grabaciones de coitos, orgasmos… ¿Pero es solo ciencia ficción?

“Hoy, sí”, explica el diseñador de software Ray Kurzweil en su libro La edad de las máquinas espirituales. Pero aclara: “La meta para el futuro es diseñar implantes neuronales que puedan conectarse directamente a las áreas del cerebro humano que están relacionadas con el sexo, para garantizar unos orgasmos mucho más intensos y duraderos”. Será como un interruptor conectado al cerebro, y bastará con apretar el botón de on para que caigamos en un placentero éxtasis sexual, cuya duración dependerá del tiempo que tardemos en accionar el botón de off. Y escuchando a Kurzweil viene a la cabeza la película Días extraños (1995), donde aparecía un ingenio similar. Aunque conviene recordar que uno de los protagonistas del filme acababa con el cerebro achicharrado por un exceso de orgasmos neuronales. Son los riesgos que se corren si se llega a atascar el mando a distancia.

El poliamor: resucita la poligamia

Lo que es seguro es que ni el sexo cibernético ni el virtual desplazarán jamás del todo al real. Algunos agoreros llegaron incluso a profetizar la futura atrofia de nuestros órganos sexuales por causa del erotismo tecnológico. “En el año 2005, el pene estará obsoleto”, llegó a proclamar el escritor John Varley.

Afortunadamente, los expertos aseguran que esa catástrofe biológica no va a producirse nunca. “Por muy adictos que seamos al erotismo virtual, existe un impulso en nuestra propia biología que siempre nos reclamará algo de sexo real y carnal”, explica la neruropsicóloga Kimberly Young.

Pero lo que sí van a cambiar, y de hecho ya lo están haciendo, son las tendencias de esa sexualidad carnal. Y lo demuestra la última moda erótica: el poliamor. Este término lo acuñó en 1964 el escritor de ciencia ficción Robert A. Heinlein en su novela Forastero en tierra extraña, donde contaba la llegada a la Tierra del primer extraterrestre, que fundaba una comunidad basada en la múltiple comunión sexual de todos sus miembros. La novela influyó en su momento en el nacimiento tanto de las comunas hippys como del sexo grupal, pero el término poliamor acaba de resucitar ahora, en pleno siglo XXI.

Se trata de una moda que está echando raíces muy firmes en ciudades como Nueva York, Berlín y París. Los poliamantes son personas que firman contratos sentimentales (sin ninguna validez legal) con dos, tres o más personas, pero diferencian esta práctica de la promiscuidad y del tradicional ménage à trois.

Porque los contrayentes se obligan a mantener relaciones sexuales sólo con los miembros de ese microcosmos que han formado; hacerlo fuera del grupo se considera una infidelidad. Y a partir de ahí, cualquier combinación posible vale: un matrimonio y un tercero, dos parejas, una pareja y un gay…

Se calcula que actualmente existen en el mundo occidental más de 20 mil fanáticos del poliamor. Son personas que reclaman un respeto para su opción porque, más allá del sexo grupal, “lo que estamos haciendo es crear un nuevo tipo de familia”. Lo afirma Ben Browden, portavoz de uno de estos colectivos.

Pero ¿qué ventajas tiene disfrutar del sexo en grupo si al final voy a tener las mismas obligaciones sentimentales que en una pareja tradicional, y además multiplicadas por el número de poliamantes a los que me haya atado? Quien piense así y prefiera disfrutar del sexo de un modo más divertido e irresponsable, lo que tiene que hacer es apuntarse a otras modas, como por ejemplo, el dogging.

Sin previo aviso

Esta moda fue bautizada por un profesor de la Universidad Harper Adams de la ciudad británica de Newport que se encontraba realizando una investigación en los parques de Londres. En esa tesitura, se dio de bruces con un grupo de pintorescos personajes que salieron corriendo de no se sabe muy bien dónde, y que, ante la mirada atónita del maestro, se despelotaron y acabaron copulando sobre el césped. Mientras, otro individuo grababa toda la escena con una cámara de vídeo digital. Cuando acabaron, desaparecieron de la misma forma vertiginosa en que llegaron.

Pues bien, eso es el dogging: un grupo de voyeurs y exhibicionistas que, sin conocerse entre ellos, se citan por internet o mensajes SMS para quedar en lugares públicos, donde se desnudan y acaban celebrando orgías relámpago en un claro desafío a las Autoridades.

La maternidad llegará pasados los 50

Quizá a las mujeres les quede menos tiempo del que piensan para vivir sometidas a la tiranía de su reloj biológico. El australiano Carl Woods, uno de los pioneros de la fecundación in vitro, está convencido de que el futuro avanza hacia la progresiva disociación entre sexo y reproducción. El primero estará ligado exclusivamente al goce, mientras que la segunda quedará reservada para los laboratorios. “Queremos congelar los óvulos fértiles de mujeres jóvenes”, explica. “Así, una chica podrá disfrutar de su vida sexual sin verse presionada por su reloj biológico para satisfacer su ansia de maternidad. Si desea ser madre una vez superada la barrera de los 50, solo habrá que fecundar sus óvulos congelados”.

Pero el futuro también parece marcar una tendencia biológica más preocupante: la asexualidad, o ausencia total de deseo erótico. Porque, según un estudio realizado por The Journal Research of Sex, uno de cada cien individuos adultos es asexuado. Este resultado supone un aumento de esta tendencia que las investigaciones de hace dos décadas cifraban en un porcentaje muchísimo menor. ¿Y a qué se debe esta pérdida del apetito sexual? Hay opiniones para todos los gustos, pero una de las más polémicas es la que explica John DeLamater, catedrático de Sexología de la Universidad de Wisconsin, en un artículo publicado en New Scientist. Para el investigador, puede ser una secuela del “aumento de la esperanza de vida de nuestra especie, lo que provocaría que nuestra biología no sienta tanto la necesidad de reproducirse, y eso se traduce en una disminución del deseo sexual”.

Y si a finales del siglo XX se produjo la revolución gay, algunos sociólogos vaticinan ya que en las próximas décadas se producirá la revolución asexuada. Las personas afectadas por esta realidad ya están empezando, a su manera, a “salir del armario”. En Estados Unidos, por ejemplo, ya se ha creado la Sociedad Asexual Americana, que preside la cantante folk Geri Rich Jones. “Mi primer novio me abandonó por culpa del sexo”, cuenta. “Nunca me han interesado ni los hombres ni las mujeres, y siempre me sentí una persona desdichada hasta que descubrí que existen otras personas a las que les sucede lo mismo”.

Se busca la píldora antidivorcio

Tal vez la solución a la asexualidad venga gracias a la manipulación hormonal, pero no es esa la única posibilidad interesante que abre este campo de investigación.

Si tenemos en cuenta que el amor y el deseo erótico son pura química –producto de hormonas como las feromonas y los estrógenos, y de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina–, el doctor Carl Djerassi, que fue uno de los padres de la píldora anticonceptiva, plantea la posibilidad de manipular también esa “química del amor” para solucionar los problemas de las parejas. “Es el camino para lograr que dos amantes hastiados vuelvan a recuperar el deseo sexual y a disfrutar del erotismo y del amor”, explica.

Lo que el científico propone es una terapia química para arreglar problemas de pareja. Es cierto que parece obviar otro tipo de factores ambientales y sociales, pero si el invento funciona, se habrán acabado las sesiones con el consejero matrimonial o el psicólogo argentino. Exagerando un poco, bastará con tomarse una “píldora antidivorcio” para hacer bueno aquello de: hasta que la muerte nos separe.

POLIAMANTES: Piden ser legales
El sexo entre dos personas es maravilloso, pero entre cinco es fantástico.” Frase de Woody Allen que podría ser el lema de los fanáticos del poliamor, una moda que consiste en una poligamia encubierta. Los seguidores de esta tendencia han fundado la Polyamory Society, que celebra un congreso anual en Nueva York, y reclaman reconocimiento legal para esta nueva forma de relación.

DOGGING: Copular en público
Esta actividad erótico-libertaria que monta orgías en lugares públicos se está consolidando en todo el mundo; incluso en España, donde recibe el nombre de “cancaneo”. Y los doggers nacionales se citan y relacionan por medio de la web dogging-spain.com. En ella también revelan su código de comunicación: así, si una pareja hace el amor en un coche con la puerta abierta, se trata de una invitación a terceros para que se unan a la fiesta.

TELEORGÍA: ¡Llama y te organizan una en tu casa!
Olvídate de pedir una pizza y una película si estás aburrido. Lo más in es llamar a una telebacanal, empresa que organiza orgías a domicilio.

¿El único requisito? Tener 6.000 euros a mano, que es lo que cuesta una fiesta lujuriosa con veinte personas. Más módico resulta sumarse al Follartour, la nueva orgía ambulante que recorrerá España a partir del próximo mes de febrero. Se promete música, baile y mucho sexo. “Se podrá escuchar a Sigue Sigue Sputnik mientras una chica te hace una felación”, explica uno de los organizadores. Si hay interesados en pillar una entrada: www.follartour.com.

Todos los hombres son Yguales

calle42 @ 20:13

Desnudos, a veces hay sorpresas, pero genéticamente los machos comparten las mismas virtudes y los mismos defectos. Todos ellos dependen de Y, el cromosoma de la masculinidad.

Visto al microscopio, Y, el cromosoma que diferencia al hombre de la mujer, tiene un aspecto lamentable. Es sospechosamente pequeño (de hecho, el más pequeño de todos) tiene poquísimos genes, está lleno de basura, como carece de una pareja idéntica (algo común en el resto de los cromosomas) no tiene con quién intercambiar genes en caso de error y, por si fuera poco, según afirman los genetistas, con el paso de las generaciones sigue un proceso “menguante”, es decir, cada vez se hace más pequeño, cosa paradójica tratándose del artífice de la masculinidad.

Estas debilidades del cromosoma de los machos son conocidas desde hace tiempo, y han sido el argumento perfecto para que se organice una verdadera confabulación según la cual a Y le queda poco tiempo de vida. Se han escrito libros, artículos científicos y tesis doctorales sobre “la maldición de Y”, e incluso hay quien le ha puesto fecha a su extinción.

Una ratona feminista
Uno de los más preocupados es Bryan Sykes, profesor de genética humana en el Instituto de Medicina Molecular de la Universidad de Oxford. Sykes se hizo famoso por su obra Las siete hijas de Eva (Debate), en el que establecía el árbol genealógico que relaciona por medio del ADN mitocondrial a todas las mujeres del mundo con una única “Eva” que vivió hace 143.000 años. Ahora, Sykes se ha convertido en el portavoz de los que aseguran que el cromosoma Y está herido de muerte. En su último libro, que acaba de publicarse en España, La maldición de Adán, incluso calcula el tiempo que resta hasta la total aniquilación: “125.000 años, o lo que es lo mismo, 5.000 generaciones”. Más o menos, el tiempo que lleva existiendo nuestra especie sobre la Tierra.

¿Qué va a ocurrir, entonces, con los humanos? ¿Nos dirigimos hacia un mundo exclusivamente de hembras? Una ratona de laboratorio ha contribuido a vislumbrar ese futuro espantosamente desierto de machos. Kaguya (nombre con el que bautizaron a la roedora) fue un exitoso experimento de reproducción por partenogénesis. Los investigadores japoneses que le dieron vida lograron que un óvulo fuera “fecundado” por otro óvulo. El vástago, claro, también era hembra, y la posibilidad de que el proceso pudiera cuajar en humanos no es descabellada.

Así, el panorama se cierne desolador para el 50% de la población: tradicionalmente, los que tienen bigote. Sin embargo, hay algo que no encaja. Cada segundo, todos los hombres del mundo producen 200 billones de espermatozoides. Aproximadamente un millón de litros de semen al día. Frente a esto, todas las mujeres del mundo apenas “fabrican” 400 óvulos en ese mismo segundo.
Por tanto, la contribución masculina al festival reproductivo de nuestra especie es aproximadamente medio billón de veces mayor que la de las mujeres. Estos datos los recoge otro pope británico de la genética humana, Steve Jones, en su último libro, aún no traducido al castellano, Y: the descent of men (Y: la descendencia del hombre). Jones encabeza el bando de los defensores de Y, convencidos de que no hay peligro para la masculinidad. Su tesis se basa en los últimos descubrimientos de un concienzudo investigador que ha dedicado su vida a limpiar a Y de tanta injuria.

Un estratega con éxito
En octubre de 2004, David Page (“el hombre Y”, como le bautizaron algunos periódicos americanos) mostró que el cromosoma de la masculinidad, lejos de ser un alfeñique lleno de basura y sin posibilidades de “reparar” posibles taras, es todo un estratega. La clave del asunto estaba precisamente donde menos se esperaba: en todo aquel barullo que parecía ADN basura.

Cada uno de los 78 genes que contiene el cromosoma Y lleva “adherida” una cola formada por series de nucleótidos aparentemente idénticos entre sí, y que para todo el que se había asomado hasta entonces a estas intimidades parecían inservibles. Pero había truco. El equipo de Page tardó 13 años en descubrir que aquellas series no eran exactamente iguales.

“Era como si tuvieras miles de copias idénticas de la ciudad de Manhattan en las que las únicas diferencias fueran el emplazamiento preciso de algunos buzones de correos o ciertas bocas de incendios. Si te trasladaran de la copia A de Manhattan a la copia B, la probabilidad de que notaras que te han cambiado de ciudad sería pequeñísima.

Ese fue el problema con el que nos encontramos”, explica el científico. Pero, como si se tratara de los pasatiempos del Times, Page y su equipo encontraron “las siete diferencias” y localizaron los buzones de correos de aquel laberinto imposible. Así quedó demostrado que el cromosoma de la masculinidad no es sólo un montón de basura. Page encontró algo más, precisamente la clave para explicar que el fin del macho es más probable si cae en la Tierra un meteorito feminista que por culpa del deterioro del cromosoma.

La masturbación genética

El investigador ha demostrado que Y tiene su propio sistema de autorreparación cuando algún gen está dañado (véase el recuadro en la página siguiente). Es cierto que no intercambia genes con el cromosoma X en un amoroso encuentro, como hacen las otras parejas de cromosomas, pero él solito, a modo de “masturbación genética”, se repara. Estamos salvados. Parece que la herida de Y no sangra tanto.
Sin embargo, queda una incógnita por desvelar que seguro que resulta de gran preocupación entre la comunidad masculina: ¿Por qué lo tenemos tan pequeño?
El Y tiene muy pocos genes en comparación con el resto de los cromosomas, y además, parece que seguirá perdiéndolos. Jaume Bertranpetit es experto en genética de la unidad de Biología Evolutiva de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, y para él, como explica la sexóloga de la tele, Lorena Berdún, el tamaño tampoco importa. “En un momento determinado de la evolución, X e Y eran una pareja de cromosomas idénticos”, explica Bertranpetit, “pero hace 300 millones de años se produjo una especialización necesaria para que los genes encargados de decidir el sexo no se mezclaran; para ello, lo mejor era tenerlos separados”. Este fue el primer divorcio legal de todos los tiempos. “Así se inició un proceso”, continúa Bertranpetit, “en el que el cromosoma que alberga el gen fundamental para hacer varones empezó a ‘aislarse’ de su pareja”.
A partir de ese momento, X siguió su camino normal, grande, relleno de genes decisivos y pletórico de fuerzas. En cambio, lo que sucedió en Y es más complejo. Hay que pensar que la mitad de la población, tres mil millones de mujeres, no tienen ese cromosoma, y se las apañan sin él a las mil maravillas. Por tanto, Y no puede contener nada imprescindible para hacer un ser humano saludable. Su función, casi en exclusiva, ha de ser contener la receta para elaborar sólo aquello que los machos tienen y las mujeres no. Sí: se trata exactamente de eso en lo que todos estamos pensando: “El cromosoma Y sólo conserva unos poquitos genes que son específicos para iniciar toda una cascada de señalización que acaba haciendo un par de testículos. Lo que ha hecho a lo largo de su historia, y seguirá haciendo evolutivamente, es vaciarse del resto de los genes que no le sirven para este fin”.

El botón de hacer niños
Todos los seres humanos llevamos en nuestro código genético la posibilidad de tener senos o no, la posibilidad de tener o no barba, la posibilidad de ser hombres o mujeres, pero lo que tienen exclusivamente los machos guardado en su cromosoma Y es lo que podríamos llamar el “interruptor de la masculinidad”. Pulse aquí y nacerá un niño. El Y es el guardián de la dinamita que hace estallar todo el proceso, para que los genes implicados en hacer hombres, distribuidos en los distintos cromosomas, se pongan a trabajar. Lógicamente, en su ausencia, el resultado será una hembra.
Este extraordinario “interruptor”, del que depende todo lo que tiene que ver con la reproducción humana y que viaja a bordo del cromosoma Y, ha sido bautizado merecidamente como el gen de la masculinidad, técnicamente SRY, y no fue fácil dar con él.
Localizar este preciado gen de la masculinidad fue una de esas empresas mastodónticas, algo así como reflotar el Titanic, y lo más bonito fue el experimento que demostró que era SRY, él solito, quien se encargaba de dar esa señal de salida. En 1991, el equipo dirigido por los genetistas británicos Peter Goodfellow y Robin Lovell-Badge, los primeros en encontrarlo, inyectaron en óvulos fecundados de ratón un pequeño fragmento de ADN que contenía el gen SRY, y nada más. Ni basura genética, ni otros genes que pudieran confundirse en el proceso, sólo el SRY. Volvieron a reimplantar los óvulos en hembras de ratón, que actuaron como madres de alquiler y esperaron a que nacieran las crías.

Estos experimentos de transferencia de genes suelen ser muy ineficaces. Para sobrevivir, el gen inyectado tiene que encontrar un hogar en alguno de los cromosomas del ratón, como los cucos cuando ponen su huevo en un nido que no es el suyo, y no había ninguna garantía de que SRY lo lograra. Peter y Robin esperaban encontrar ratones con aspecto de machos pero que genéticamente fueran hembras, es decir, que tuvieran pene, pero dos cromosomas XX y, además, el gen SRY inyectado. Esto demostraría que sólo la presencia de ese gen habría bastado para determinar el sexo masculino. De noventa y tres ratones que nacieron, sólo uno presentaba esta combinación; genéticamente era hembra, sin duda, pero su aspecto y comportamiento eran los de un macho perfectamente normal.
El ratón estrella, agarrado a un palo y exhibiendo unos enormes testículos, apareció en la portada de la edición de la revista Nature que contenía el artículo. Por desgracia, el ratón macho con dos cromosomas X es estéril, de modo que no podía tener descendencia. Pero eso no le impidió intentarlo. Cuando lo encerraron en una jaula con hembras para que tuviera compañía se apareó cuatro veces en seis días, lo que por lo visto es un buen promedio para un ratón. Esta demostración cerró por fin el último capítulo de la larga búsqueda del conmutador maestro que crea a los hombres. Desde que los científicos comprendieron que el secreto se ocultaba en el cromosoma Y hasta el desenmascaramiento definitivo del gen responsable, la búsqueda había durado treinta largos años.
Llegados a este punto, ¿podríamos concluir que el hombre está fuera de peligro? ¿Seguiremos reproduciéndonos usando las mismas técnicas que nuestros tatarabuelos? Cuando todo parece indicar que la respuesta a ambas preguntas es un rotundo “sí”, averiguamos que otra amenaza, mucho más reciente, hace que de nuevo las cosas se tambaleen. Esta vez, la espada de Damocles se blande sobre los espermatozoides: asistimos a un progresivo empobrecimiento del semen de los humanos.

La decadencia de los espermatozoides
En 1992, unos epidemiólogos daneses lanzaron la primera voz de alarma al explicar que, tomando en cuenta 61 estudios publicados en todo el mundo entre los años 1998 y 1990, se deduce que la concentración del semen masculino está bajando aproximadamente un uno por ciento anual. O, dicho de otro modo, ¡el esperma habrá perdido un 40% de espermatozoides dentro de medio siglo! Al cabo de este tiempo, esos mismos epidemiólogos prevén un aumento de casos de malformación genital y también de cáncer de testículo. Hoy, se considera que hay un siete por ciento de hombres infértiles en el mundo.

En España, la Doctora López-Teijón, del Instituto Marqués de fecundación in vitro de Barcelona, investigó el semen de los catalanes, y sus conclusiones fueron igualmente pesimistas: “El 65,6% de los barceloneses tiene un semen que no cumple con los criterios de normalidad de la OMS, bien por la velocidad a la que se mueven sus espermatozoides o por su número”. El asunto pinta mal. López-Teijón explica a Quo las razones de este empobrecimiento, que parece imparable.

“Ya está demostrado que poco tiene que ver con mitos como llevar los calzoncillos apretados o ducharse con agua caliente. Hemos encontrado que la principal razón tiene que ver con los tóxicos que ingiere la mujer durante el embarazo”. Existen 500 sustancias consideradas como tóxicas en Europa (EEUU considera más) y que son de consumo habitual. Estas sustancias están preferentemente en el agua de ciudades industriales, como ocurre en Barcelona. “De hecho, en peces de nuestros ríos se detectaron malformaciones sexuales”. Algunos de estos tóxicos actúan como hormonas femeninas procedentes, por ejemplo, de todos los anticonceptivos orales, o los parches con estrógenos que se tiran a la basura y cuyo contenido acaba en los ríos.

“Así, la madre embarazada las consume y el embrión masculino se desarrolla con exceso de hormonas femeninas, lo que provoca mayor aumento de malformaciones genitales. Es decir, gran parte del problema de la creciente infertilidad de los hombres viene de fábrica”. Las conclusiones de López-Teijón son un debate candente hoy.

Entre tanto, y al menos en los próximos años, no tendremos que recurrir a la clonación para reproducirnos, con lo aburrido que parece, ni habrá que recoger firmas para salvar al cromosoma Y del exterminio.

La calidad del semen ibérico se resiente

Tener un semen de calidad es cada vez más difícil. Los expertos aseguran que cada día vamos a peor, y de nuevo se cuestionan si el hombre tiene o no futuro. Aunque en España hay honrosas excepciones. En nuestro país se han hecho tres estudios. Con los mozos de El Ejido (Almería) sacamos pecho: un 85% por ciento mostró tener una concentración de espermatozoides en su semen considerada “normal” por la Organización Mundial de la Salud. Otro estudio gallego mostró que los varones de A Coruña se salvaban por los pelos: el 59% tenía un semen considerado normal de movilidad y de concentración de sus espermatozoides. Pero aquí viene lo peor (que nos disculpen Joan Clos y los del Barça), ya que el 65,6% de los barceloneses tiene un semen que no cumple con los criterios de normalidad en cuanto a número o movilidad de espermatozoides, por lo que se considera “entre los peores del mundo”, según un estudio del Instituto Marqués de Barcelona.

¿Por qué nacen más niños que niñas?

Nacen como media 105 niños por cada 100 niñas. Esta ligera diferencia es más marcada en la concepción, con 120 embriones masculinos por cada 100 femeninos. Una de las explicaciones es que los espermatozoides que contienen un cromosoma Y son más ligeros, ya que es mucho más pequeño que X. Así, pueden ser más rápidos y en la carrera por la fecundación poseen ventaja. Pero esta teoría no ha sido verificada experimentalmente todavía. Esta diferencia se reduce naturalmente, porque los embriones masculinos son más frágiles: dan lugar más a menudo a abortos naturales. Pero eso no es todo. Después del nacimiento, los comportamientos de riesgo (accidente de tráfico, suicidio…) conciernen sobre todo a los hombres jóvenes. A la edad de 20 años, un chaval tiene tres veces más riesgo de morir que una chica. La diferencia entre los dos sexos se absorbe hasta llegar a 50% de hombres y 50% de mujeres entre los 30 y 40 años; al menos, en Occidente.

Adán llegó 84.000 años tarde
Los científicos han encontrado a EVA. Parece que la mujer que fue el ancestro común de los humanos vivió hace 143.000 años. Y no sólo eso, también han encontrado a ADÁN. Aseguran que el cromosoma Y que tienen todos los hombres vivos es versión de un único Y, de un ancestro común que vivió en África hace unos 59.000 millones de años. A la vista está el desfase: Adán nació 84.000 años después de que Eva estuviera en la flor de la vida. El esquema de la derecha es un árbol genealógico paterno de nuestra especie. Cada círculo representa un grupo humano con muchas similitudes genéticas, que suele coincidir con hombres del mismo continente. Así fue cómo se dispersaron desde el primer hombre hasta nuestros días

Entrenamiento físico. ¡Ah! ¿pero funciona?

calle42 @ 20:05

El gimnasio también es una ciencia. Así es como el ejercicio consigue que el cuerpo mejore.

Hay un 0,001% de la población para quien todo lo que vamos a contar en este artículo no sirve de nada. (¡Sólo un 0,001%!) Una reciente y sorprendente investigación australiana publicada en la revista Nature ha demostrado que hay “rarezas” genéticas que hacen que unos pocos sujetos no experimenten ninguna mejora cuando hacen ejercicio. Pero que nadie se agarre a esta excusa para incinerar las playeras: para la inmensa mayoría de los mortales, sudar la camiseta indiscutiblemente funciona. Aunque, y aquí está el truco, no todo vale.

Hay una maquinaria bioquímica dentro de nuestra musculatura. Se trata de una molécula que tiene un nombre endemoniado: adenosin trifosfato, ATP. Esta molécula es la clave para producir la energía que necesitan los músculos para moverse. Sin ella no podríamos ni pestañear. Hay ATP depositado en nuestros músculos antes de que la pistola se dispare. Si hacemos un ejercicio intenso, utilizamos 5 milimoles de ATP depositados en cada kilogramo de fibra en aproximadamente 5 segundos, a este ritmo no aguantaríamos ni la mitad de una carrera de 100 metros. Esto quiere decir que el ATP hay que sacarlo de otro lado y, lo creas o no, esta es la clave de adelgazar o de conseguir ¡al fin! endurecer las nalgas.

La muerte de la grasa
Cuando nuestros músculos han consumido las reservas almacenadas de ATP, tienen que restituirla; si no, nos quedaríamos paralizados, y la piedra de toque está en que, según el tipo de ejercicio que hagamos, ese ATP se obtiene de un modo u otro. Si lo nuestro es nadar cien largos en la piscina municipal a un ritmo lentito, la mayoría del ATP se obtendrá quemando grasa (sí, las del michelín). Si nos dedicamos a las pesas, el ATP se formará de azúcares procedentes de hidratos de carbono, un proceso muy eficaz para que los músculos crezcan y se endurezcan, pero la grasita se queda donde estaba.

Situémonos en el parque del barrio con el chándal puesto, dispuestos a hacer footing, pero a nuestro ritmo. Cuando nuestras reservas de ATP de los músculos se agotan, se pone en marcha el metabolismo aeróbico (necesita oxígeno para poder funcionar), que puede utilizar tanto glucosa como grasa para producir ATP. Y ahí está el truco. El oxígeno que respiramos es, al fin y al cabo, el dardo que acaba con el michelín, transformándolo, para su mayor gloria, en la energía que nos permite seguir corriendo.
Pero los milagros no existen (lo sabemos), y este proceso no es sencillo. Dicen los expertos que el efecto no empieza a producirse hasta pasados los 20 primeros minutos de ejercicio leve (nuestro footing en el parque) o dos minutos en un esfuerzo duro de deportistas de élite.

Así, para eliminar grasas, lo razonable es que nos dediquemos a practicar alguno de esos deportes esencialmente “aeróbicos” que, con la práctica, aumentan nuestra capacidad de oxigenarnos; es decir, tener más oxígeno para quemar más grasa. El maratón es el rey del deporte aeróbico, pero hay otras opciones, como el aeróbic y el patinaje (ver recuadro) ideales para lijar nuestros contornos. Todos podemos entrenar para mejorar estos sistemas, pero son más eficientes en los atletas de élite. A los 15 años, el ciclista campeón del Tour de France Lance Armstrong tenía dos veces más capacidad de usar el oxígeno durante