RUPTURA EN LA PAREJA
| Terapias |
Cuando los problemas han surgido no es fácil evitar que se produzca la ruptura.
Explica Pereira que la principal dificultad radica en la necesidad de emplear un grado de racionalización que no todos pueden alcanzar: “Es como el hecho de casarse, la mayor parte de las parejas se casan sin tener en consideración lo que realmente significa el matrimonio. Pues para que una pareja funcione, hay que pensar sobre la relación”.
A su juicio, entre los dos miembros de una relación, existe siempre un contrato intangible, “que no se explicita y que genera muchas complicaciones, es el contrato en el que se recoge lo que uno espera y lo que espera el otro”.
En este sentido, es muy importante hablar y exponer los intereses, los puntos de vista sobre determinados temas y las claves que cada uno cree necesarias para que la unión salga adelante.
Sentadas bien las bases, el siguiente punto de inflexión llega con la convivencia, que se hace cada vez más estrecha.
Para evitar los problemas que puedan surgir, “que de hecho no es nada raro que surjan”, aclara Pereira, “hay que organizar y adaptar nuestra propia rutina a la rutina de los demás”.
Los horarios actuales hacen que las horas de convivencia se reduzcan enormemente o incluso que haya una separación física.
No es extraño que algunas parejas tengan su puesto de trabajo en una ciudad diferente a la ciudad en la que vive su pareja, lo que conlleva que entre semana no convivan y los fines de semana se conviertan en una especie de situación extraordinaria en la que apenas da tiempo a que surjan los conflictos.
Por ello, cuando ambos están juntos, deben ser conscientes de que el puzzle de su vida cuenta con una pieza más y es necesario hacerle un hueco.
Por último, un terapeuta familiar puede ayudar a solventar los posibles conflictos, ya que se trata de un profesional, generalmente un médico, psiquiatra o psicólogo clínico, que utiliza una determinada serie de técnicas sistémicas para abordar los problemas de cada relación.
Es habitual que cuando se acude a un terapeuta, éste solicite al resto de miembros de la familia ayuda para conseguir los objetivos.
“El terapeuta familiar les ayuda porque tiene una experiencia de trabajo en este tipo de problemas, ha aprendido una serie de técnicas para resolver una serie de conflictos más o menos generales y porque supone siempre una mirada externa de alguien que se coloca en una posición de no juzgar y que es equidistante a los miembros de la pareja”, explica Pereira.
”Puede devolver un punto de vista que les ayuda a entender mejor qué es lo que ocurre entre ellos y a tomar decisiones con más base”, añade.

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