CÓMO SE ESTUDIA UN ORGASMO,
Uno siempre se pregunta CÓMO SE ESTUDIA UN ORGASMO, y espera que le caiga un trabajo así. Estos son los esfuerzos de la ciencia para mejorar nuestra vida sexual.
Así no hay quien se concentre. Imagínate que antes de penetrar a tu pareja, te dice: “¿Te has puesto el preservativo? ¿Y los electrodos en la cabeza? ¿Te aprieta el aparato de medir la presión? Hala, pues venga”. Sólo falta que las cuatro o cinco batas blancas que hay delante te lleven el ritmo con las palmas. Pero hay gente que se presta. Para un mirón sería un regalo de Navidad, pero para los investigadores es sólo trabajo, y gracias a sus métodos, cada vez más sofisticados, conocemos muchos de los entresijos de nuestra sexualidad.
Aun así, hay que admitir que a veces uno lee: “Durante la eyaculación, el semen alcanza una velocidad de 45 km/h”, y se pregunta: ¿cómo habrán medido esto? Bien, pues, por difíciles de obtener que parezcan, estos detalles más “mecánicos” y anatómicos (como datos sobre dilatación vaginal, los puntos erógenos y demás) ya son pan comido para la ciencia.
El nuevo estadio de la investigación sexológica trata de “saber lo que ocurre entre las orejas, más que entre las piernas”, explica gráficamente Gert Holstege, jefe del departamento de Neuroanatomía y Embriología de la Universidad holandesa de Groningen. Por eso, una de las últimas técnicas de estudio son los escáneres cerebrales. Él los ha utilizado para desentrañar los misterios del orgasmo femenino (véase el cuadro en la página siguiente). Pero no es el único. La Fundación Christopher Reeve financió el año pasado un estudio en el que Barry Komisaruk, miembro del equipo del proyecto, medía con este instrumental la actividad cerebral de mujeres parapléjicas que eran capaces de alcanzar el clímax (cosa excepcional). Gracias a las resonancias magnéticas (imágenes en movimiento) y escáneres (estáticas) han descubierto que, en las mujeres, el llamado nervio vago interviene de modo decisivo. Y como este no pertenece a la médula espinal, no importa que esté dañada. De paso, se avanza hacia la obtención de la “viagra” femenina, después de que los laboratrios se dieran cuenta de que anegar el clítoris de sangre (como hace la “pastilla azul” con el pene) era completamente inútil para sacar a las mujeres de la anorgasmia.
Y sí, la escena es tal como te la imaginas: una pareja desnuda, tumbada en el frío de la plancha metálica de diagnóstico... Y a “trabajar”, intentando olvidarse de que el equipo del estudio está al otro lado del cristal siguiendo tus evoluciones directamente y por el monitor del aparato de resonancia magnética.
Otras técnicas más tradicionales consisten en medir la presión arterial con un aparato convencional, el ritmo cardíaco y la tensión muscular en las zonas que se quieren estudiar.
Sólo para autoestimuladas
El gran anhelo para el futuro, según Komisaruk, es fabricar una máquina capaz de medir simultáneamente las reacciones del cuerpo y del cerebro durante la actividad sexual. Porque hoy en día la exploración del cerebro genera un problema: las reacciones que se observan en él durante un coito pueden deberse tanto a la actividad física como a la meramente psíquica. Y así es difícil diferenciar qué papel juega el cerebro en la estimulación. Por eso, Komisaruk ha decidido trabajar con mujeres que tengan una capacidad especial para excitarse con el pensamiento.
La precisión de las encuestas
En cambio, la vertiente más sociológica del estudio del sexo, muy dependiente de las encuestas, se presta a un margen mayor de error, en tanto que es esclava de la representatividad de la muestra, de la sinceridad de los encuestados y del rigor de los trabajos. Porque, por ejemplo, tú me dirás cómo averiguó el periodista Pepe Rodríguez que el 95% de los sacerdotes españoles se masturba y que el 60% de ellos mantiene relaciones sexuales, tal como afirma en La vida sexual del clero (Ediciones B, 1995). Es un caso extremo (y algo misterioso), pero es cierto que, de nuevo, uno se pregunta qué hay de verdad en este tipo de trabajos. Y Alicia Ortega, Directora de Producto de Durex España, nos tranquiliza: “Antes de diseñar y lanzar la nueva gama de estimuladores [vibradores], hemos contado con la orientación del profesor de Medicina Sexual de la Postgraduate School of Medicine de Lancashire, Alan Rilley”, y con potentes institutos europeos de investigación de mercado. Allí es donde, según Ortega, “se sigue un meticuloso proceso de selección de los encuestados y se comprueba que los datos son fiables”. Luego, “se les dan los productos, los prueban a solas y, al final, va un encuestador a interrogar a la pareja”. O sea, que cuando el Instituto Nacional de Estadística dice que el 40% de los españoles sólo ha tenido una pareja sexual, hay que creérselo.
En busca del orgasmo esquivo
Si tienes un tomógrafo de emisión de positrones en casa, sabrás si tu mujer finge los orgasmos. Según las investigaciones del holandés Gert Holstege, sólo un auténtico orgasmo femenino ilumina una zona específica del cerebro. Pero el camino hasta descubrir esto ha sido, por así decirlo, sucio. Las 13 voluntarias debían tumbarse en “camas electrónicas”, completamente untadas de una tintura especial que permite seguir las reacciones de su cuerpo mientras sus parejas las masturban. Otro curioso estudio es el que se llevó a cabo el pasado año. En él, la doctora Grazyna Jasienska midió el nivel de las hormonas que intervienen en la fertilidad en 119 mujeres. Y descubrió que las que tienen cintura estrecha y pechos grandes son más fértiles, y por eso, quizá instintivamente, son más atractivas para los hombres.

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