¿Estamos a salvo en España?
En el Mediterráneo es raro, pero no imposible, un terremoto de gran magnitud. Hemos simulado lo que sucedería en Barcelona si llegara a sus costas una ola de 10 metros, como la de Asia
Viajamos a la deriva, y no se trata de una metáfora existencial, sino de una realidad geológica. La Península Ibérica no es más que un pedacito de una placa tectónica que asoma por encima del mar; en concreto, la placa euroasiática, que, como las otras ocho grandes placas que sustentan toda la tierra emergida, se mueve. Cuando una placa tectónica se encuentra con otra que lleva distinto rumbo, chocan. En el choque de dos grandes placas tectónicas que se encontraron hace 50 millones de años, la indoaustraliana y la euroasiática, se gestó el origen del devastador terremoto y el consiguiente tsunami que, antes de que acabara el año 2004, afectó a siete países del Sudeste Asiático. En esos movimientos de empuje, en los que una placa trata de meterse debajo de la otra –que reciben el nombre de movimientos de subducción–, se ocasionan tensiones que, en momentos concretos (como acaba de ocurrir en Indonesia), se relajan. Y entonces, la tierra se rompe en dos. Una porción a un lado de esa falla se eleva respecto de la otra, y si esto se produce en el mar, el empuje hacia arriba de un bloque desplaza una columna de agua. Ahí es donde brota el tren de olas que recibe el nombre de tsunami. Del mismo modo, la placa tectónica que sustenta África empuja hacia el norte del planeta y choca contra Eurasia, la balsa en la que navegamos nosotros.
El día 21 de mayo de 2003 se produjo en Argelia un sismo devastador. Un terremoto de tal magnitud no es sorprendente en el norte de África, teniendo en cuenta que Argelia y casi toda la costa norteafricana se encuentra en esa zona de fricción de las placas tectónicas eurasiática y africana. Alcanzó los 7 grados de magnitud. Como consecuencia, en Baleares se hundieron 150 embarcaciones y se anegaron numerosas calles y sótanos, producto de un tsunami que afectó a sus costas con olas de dos metros de altura. Este ha sido el último encuentro con un tsunami en las costas españolas, pero no ha sido el único, y ni mucho menos el más contundente.
Se puede decir que, en la cuenca mediterránea, cada 250 años es esperable un terremoto que pueda generar un tsunami relevante. También es activa la zona entre Gibraltar y las Azores, como mostró la ola que destruyó parte de Lisboa en 1755 y afectó a las costas de Cádiz y Huelva. Aquel sismo tuvo características muy similares al registrado en el Sudeste Asiático, con una magnitud aproximada de 9 grados en la escala de Richter y con epicentro en el sur del Cabo de San Vicente. Originó un tsunami de olas de 12 metros que tardaron en alcanzar la costa de Huelva 60 minutos. Más de 40.000 personas murieron, 2.000 de ellas en Huelva y Cádiz.
El Instituto Geográfico Nacional (IGN) elaboró el estudio Terremotos y la Peligrosidad de Tsunamis en España, y en su investigación señalaron en el sur de nuestro país el mayor riesgo de sufrir un tsunami. Estudiaron las cinco fallas de mayor peligrosidad, situadas en el mar de Alborán, el estrecho paso que nos separa del continente africano. El responsable del estudio, Emilio Carreño, explica: “Un terremoto de magnitud 6 que se produjera junto a la costa norte de África, bajo el agua, en una de estas fallas, provocaría un tren de olas (muy inferior al registrado en Indonesia) que afectaría de Cádiz a Baleares”.
Hay un dato tranquilizador: Carreño afirma que estas “grietas” existentes entre la placa africana y la euroasiática en el Mediterráneo “no pueden producir un terremoto que alcance los 8,9 grados”. Pero lo cierto es que actualmente no contamos con ningún sistema de aviso que pudiera alertarnos de la llegada del tsunami. “Desde que se produce una ola en el Pacífico”, explica Carreño, “hasta que llega a California o Japón, pasan al menos dos horas. Desde la costa africana hasta que llega a España pasan minutos”. El problema no es sólo detectar el terremoto, sino saber cuáles serán sus consecuencias. Desde la puesta en marcha del centro de alerta de tsunamis que EEUU tiene en el Pacífico, el 70% de las alarmas fueron falsas, lo que provoca una pérdida de confianza de la población en los sistemas. Según Carreño: “Debería reforzarse la educación ciudadana en caso de tsunami en Cádiz, Huelva, Baleares y la costa este de la Península”.
Así quedaría Barcelona si sufriera un gran tsunami
La foto del antes y el después. Si una ola como la que ha arrasado 7 países asiáticos llegara a Barcelona, alcanzaría la tercera planta de los edificios costeros. La imagen grande muestra una simulación, realizada por Quo a partir de datos geológicos de la costa catalana, de cómo quedarían anegados más de 500 m desde la línea de costa. Desaparecería el puerto marítimo, y el agua llegaría hasta la plaça de Catalunya.

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