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EL DE LA CALLE 42

07/01/2007 GMT 1

Orio se debate entre su expansión y el riesgo de convertirse en un pueblo dormitorio

calle42 @ 17:15

Donostia. Orio vive una transformación lenta y controlada que busca ordenar y ampliar su trama urbana así como atraer un turismo de poder adquisitivo medio-alto.

El declive pesquero de los últimos años, común a otros municipios vascos, ha empujado a la localidad costera a buscar otros recursos económicos y a programar un desarrollo urbanístico que le permita crecer de los cerca de 5.000 habitantes actuales a los 7.000.

Ese es el techo poblacional que maneja el Ayuntamiento de la localidad (PNV-EA) a alcanzar en los próximos años y que debe mantenerse como límite máximo.

Con estas premisas, la Diputación aprobó recientemente las normas subsidiarias de Orio, donde se prevé la edificación de más de 500 viviendas, un puerto deportivo, nuevas áreas industriales, un enlace directo con la autopista, una nueva zona deportiva, otro centro educativo y un hotel-talasoterapia, entre otros equipamientos.

talleres "No se va a crear otro pueblo dentro del pueblo. Orio seguirá siendo Orio, mantendrá su identidad. No se va a estropear", afirma el alcalde oriotarra, Ramón Etxeberria.

El primer edil recalca que los principales beneficiarios de los pisos que se construirán serán los propios vecinos, ya que el 20% de las viviendas serán de protección o de precio tasado.

No obstante, Etxeberria es consciente de que los nuevos ámbitos residenciales atraerán a personas de Zarautz, donde el mercado inmobiliario se mueve en unos márgenes económicos aún mayores.

En cuanto a las zonas de actividad económica, Etxeberria remarca que se pretende recuperar los talleres y pequeñas empresas que en los 90 se trasladaron a zonas industriales de municipios colindantes, como Aia, ante la falta de espacio dedicado a este sector.

Larevolución tranquila que se apresta a vivir la localidad es vista por los ciudadanos con una mezcla de optimismo y temor, aunque son conscientes de que el municipio debe avanzar, después de que la actividad arrantzale se haya debilitado.

"A Orio le va a venir bien y también traerá más turismo, pero tengo miedo de que se quede como un pueblo dormitorio y se encarezcan los precios de los pisos", expresa el presidente de la Cofradía de Pescadores, Santiago Peiro.

El máximo responsable de los arrantzales de la pequeña localidad apostilla que los pescadores se van a "quedar como antes" porque Orio "ya no es un pueblo de pesquero" -en los 80 había más de 30 barcos y ahora sólo 9- y éstos constituyen una actividad "marginal".

"Los arrantzales sacaremos poca ganancia de estos proyectos. Eso sí, somos el comodín para justificar algunas obras. Nuestros viejos pescadores lucharon para que se reformase la entrada al puerto y dejase de ser peligrosa y ahora se ha conseguido pero para facilitar el acceso al puerto deportivo", se lamenta Peiro.

tiendas Por su parte, María Ángeles Uranga, directiva de la asociación de comerciantes Arkupe, expone que la metamorfosis de Orio será beneficiosa porque "todo lo que traiga más residentes y visitantes es bueno para las tiendas", aunque teme que falten espacios para aparcar.

"El aparcamiento es un problema. La gente se mueve en coche y no va a tener dónde dejarlo", opina Uranga.

La movilidad no es, sin embargo, un aspecto conflictivo para el alcalde ya que, desde su punto de vista, las máxima distancia que se puede recorrer dentro del núcleo urbano se completa en 10 minutos y "no supone ningún "obstáculo".

Crítico se muestra, por contra, un comerciante de la villa costera, quien prefiere que no aparezca su nombre porque no quiere "tener problemas". "Con la nueva conexión de la autopista, los donostiarras estarán a diez minutos, vendrán a vivir y los oriotarras se irán a la calle", protesta este vendedor.

Esta persona considera que a lo largo de los últimos 25 años "no se han creado alternativas" para equilibrar el descenso en la actividad pesquera y, actualmente, el "80% de los residentes en Orio" trabajan fuera del pueblo ante la falta de empleo local.

"Estoy muy desengañado. El pueblo no vive del turismo y falta mucho suelo industrial para que la economía crezca en estre sector", afirma este comerciante.

Más ilusionado se muestra José Luis Benito, vecino del municipio, quien sostiene que "siempre viene bien crecer y que venga gente nueva" si los planteamientos son equilibrados y ajustados a la realidad.

"La duda está en saber cómo lo llevan a cabo para que no suba el precio de la vivienda. Siempre que se construya con cabeza me parece bien que los planes se lleven adelante", manifiesta Benito.

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